jueves, 30 de diciembre de 2010

Resoluciones

Bueno, vamos a finalizar otro año que se terminó en un abrir y cerrar de ojos. Es fácil concluir que cuando uno es joven, el tiempo es eterno, pero conforme pasan los años ese tiempo va acelerando y ya para cuando uno tiene una edad promedio es que quisiera tener algún tipo de dispositivo que pudiera congelar los buenos momento. No digo que sea yo un anciano, porque no lo soy pero si suceden momentos en el que uno desea conservar para siempre. 

Mientras se aproximan los últimos días de este año 2010, uno comienza a ver por todos los medios que resaltan las benditas resoluciones de año nuevo. Que está muy gordo, con el hambre insaciable de las fiestas navideñas y la comida deliciosa que preparan en los hogares les urge entrar en una dieta post-navideña y/o ejercicio obligatorio, o que la Guadalupe-Reyes los tiene enfermos y el hígado ya inflamado y tratando de procesar todo el alcohol ingerido. Otros tosiendo desesperadamente esperando a que suene la primera campana anunciando el año nuevo, para dejar de una vez por todas el cigarrito de cada día (hora o minuto, depende la circunstancia). Resoluciones prácticas, pero que a la larga la falta de determinación y voluntad hace que tan pronto aparece la primera fecha de celebraciones del siguiente año, se van olvidando y eventualmente llegamos a lo mismo entrando el 31 de diciembre.

Considero que hoy en día el mundo requiere de resoluciones un poquito más meditadas y bien pensadas, porque si muchos temen al 2012 y las profecías mayas, creo que lo estamos logrando con una negligencia a ser más humanos de conciencia y menos máquinas de un mundo egoísta, pesimista y fatalista. Comentaba yo hace algunos días en Twitter que me daba mucha pena pensar en toda la gente que no celebraría navidad con sus seres queridos porque sería otra estadística más de la violencia. En la calle, los pilotos de los automóviles manejan con enojo y prisa que no se percatan en la imprudencia y muchos provocan accidentes y casualmente muertes. Las prisas de las fiestas causan que el ser humano se vuelva un consumidor xenofóbico, y que vela por los intereses personales ante puestos a los intereses como sociedad.

Muchos ya estamos hartos de reclamarle a un gobierno insolente que simplemente no responde a las necesidades del pueblo, por el bien de las sociedades y las comunidades que lo conforman. Y entonces he alli donde queda en uno hacer lo mejor posible con lo que uno tiene al alcance de sus manos. Esta violencia y negligencia de todos nosotros por ser un mejor grupo social no se cura pidiendo acciones, sino haciéndolas uno mismo. Tampoco estoy pidiendo que nos levantemos en armas y seamos nuestra propia justicia, porque eso desordena la labor de cada una de las partes que conforma un país democrático. 

Pero basta del entorno político, a lo que voy con todo esto es simplemente que si queremos establecernos buenas resoluciones, pues pueden hacer la dieta, o dejar el alcohol y el cigarro, pero más allá de ello hay que proponerse tener una buena actitud ante la vida y ante los seres que nos rodean. Aprendan a quererse a si mismos, a apreciar el potencial que tienen como personas. Practiquen la buena fe, aunque no reciban los resultados que esperaban. La vida está llena de estas respuestas inesperadas, y hay que aprender poco a poco a saber recibirlas, aceptarlas y mejorarlas. Comencemos poco a poco, desde ceder más el paso a peatones y automovilistas y dejar de bocinar con enojo. Brindemos ayuda cuando nos la piden, y dejemos de tener acciones de mala gana. Practiquemos la puntualidad, no se imaginan la buena impresión que da cuando las cosas suceden el un cuadro de tiempo esperado, y eso se comienza con estar a tiempo para ello. Aprendamos a escuchar, y no a oir, porque oímos mucho ruido pero no escuchamos realmente lo que interesa, y eso nos hace perdernos cosas muy importantes como las palabras sabias de alguien ajeno tanto como las palabras de cariño de un ser querido. Usemos más palabras de cariño, saquemos ese "te quiero mucho" de nuestro corazón por más incómodo que sea la situación, y aunque no lo amerite, y hagámolo con honestidad, sin desperdiciar esas palabras solo por satisfacer a la otra persona.

Seamos gente buena, yo estoy seguro que si se puede porque al final de cuentas todos somos nobles de corazón, y la persona que no lo es, es porque sencillamente se corrompió y perdió su camino. Pero la más importante de estas resoluciones es que aprendamos a VIVIR. La vida misma es tan efímera que se termina más rápido que un respiro. A veces nos perdemos en los quehaceres del día a día, en las metas inalcanzables y en las cosas materiales con tal de satisfacernos. Y en ese trajín del día a día, sucede algo inesperado que nos quita la vida, y en lo que menos sienten, se fueron de este mundo. Ni siquiera tiempo queda para preguntarnos ¿Qué no hicimos en esta vida? Porque simplemente vida, ya no tenemos. 

Es curioso que a uno le repiten toda la vida casos y casos de gente que está al borde de la muerte, o enfermos terminales y que ellos aprenden más a vivir que uno mismo. Y lo que no sabemos es que ellos tanto como nosotros tenemos esa fragilidad en la vida por igual. La diferencia está en que los que estamos "sanos" se nos olvida que así podemos perderla.

Me despido de este año para comenzar el siguiente con una frase que leí hace un tiempo en un blog de una mujer con cáncer terminal que falleció hace algunos años, y que siento que resume nuestra labor como seres humanos:

"El único propósito nuestro en este planeta es dejarlo mejor que como lo encontramos, tocar las vidas de otros, amar y ser amados, aprender a vivir lo mejor posible y a morir sin remordimientos." - Michelle Lynn Mayer

Les deseo a todos un feliz año nuevo 2011 y espero que dentro de un año todos puedan ver 365 días hacia atrás y sentirse satisfechos de haber sido lo mejor que pudiesen ser. Carpe diem.

jueves, 25 de noviembre de 2010

San Guivin! de Sinterklaas!

El día de hoy, como lo es todos los años en el cuarto jueves del mes de noviembre, los norteamericanos celebran el Día de Acción de Gracias, en el cual se reunen las familias en sus respectivos hogares y luego de dar gracias por todos los bienes y bendiciones que han recibido durante el año, proceden a darse un festín gastronómico con el famoso pavo, el relleno, el puré de patatas, la rodaja de jalea de arándano rojo, etcétera. Esta tradición se remonta al año 1621 en el cual los nativos americanos ayudaron a los peregrinos en Plymouth, Massachusetts a recoger las la cosecha de la temporada, salvándolos de morir de inanición. De lo que concierne al pavo, eso vino más tarde.

Debido al mercantilismo moderno, este tipo de tradiciones se ha extendido a países en los cuales ni siquiera sabían que era un peregrino, menos donde queda Plymouth, Massachusetts. El concepto de esta celebración sin embargo continua siendo el mismo: la reunión en familia, el acto de dar gracias y la comida excesiva. No voy a hablar del tema de "Shopping" ni el Viernes Negro ya que eso si va más enfocado al mercado moderno.

En nuestros países latinoamericanos, los últimos años se ha visto una tendencia de crítica en contra de las personas que deciden por libre albedrío celebrar esta tradición puramente norteamericana. La crítica se extiende más allá del propósito principal, y se enfoca en la falta de identidad cultural de la persona de acuerdo a su país. En mi humilde opinión, creo que si se va a criticar esta tradición por lo que uno es como persona, la identidad la perdimos hace muchísimo tiempo, o incluso nunca la hemos tenido bien definida. Explico más a detalle con el siguiente ejemplo: Santa Claus es una figura que todos simplemente conocemos ya porque forma parte de nuestra niñez. Sin embargo, sus orígenes son un cruce entre un santo cristiano proveniente de Grecia, con la figura mitológica de Odin, específicamente por su larga barba blanca. Su historia es bien sencilla: un religioso que dedicó su devota vida al cristianismo y a ayudar a los pobres y necesitados. El día de San Nicolás como santo, debería celebrarse el 6 de diciembre. Esta figura representativa de la Navidad para los niños ha tenido demasiadas versiones y cambios en el mundo moderno que realmente ya ni siquiera se sabe su verdadero nombre. Santa Claus viene del danés Sinterklaas, mientras que su nombre en latín debería ser San Nicolás. Sin darle muchas vueltas a esta explicación, al final de cuentas el 24 de diciembre, o el 25 en algunas culturas, un hombre barbudo y panzón, vestido de rojo visita casualmente todas las casas donde residen niños y les deja un costal lleno de juguetes (o piedras, dependiendo del comportamiento del niño durante el año). Todos los niños del mundo ven con ansias este día, al cual semanas antes ellos anticipan sus obsequios con una carta respectiva al señor.

Mi pregunta es: ¿Por qué le echan pestes a una tradición anglosajona (relativamente) moderna, y al mismo tiempo celebran una tradición antigua que ni siquiera está definida concretamente de sus orígenes? Si la decisión de muchos latinoamericanos es reunir a las tremendas familias que lo conforman para verse la cara, saludarse, conversar un poco sobre el año, darse cariño entre ellos y pegarse una hartada, tienen total y justo permiso de hacerlo. Lo llamen Thanksgiving, Dia de Acción de Gracias, San Guivin, Día del Chompipe o como quieran, el propósito no es demostrar una carencia de identidad solo porque están en un país donde vagamente la gente se reune en familia, o en otros casos se reunen todos los días del año.

La idea de una tradición, es especificamente un conjunto de bienes culturales que que se heredan por generaciones, con el propósito de recordar alguna costumbre, creencia, evento o persona. Y yo creo que el mundo moderno lo único que ha hecho es apartarnos de la esencia y el propósito primordial, y nos ha encaminado a un mundo donde el mercadeo y la publicidad ya definen nuestras tendencias. Celebrarle a Santa Claus su 24-25 de diciembre opaca vulgarmente al verdadero propósito de la tradición original, que es sin duda alguna el nacimiento de Jesús. De la misma forma, el Conejito de Pascua y sus respectivos huevos (sin albur, por favor), también opaca vulgarmente otro evento trascendental en la religión cristiana que fue la resurrección a la vida eterna de Jesucristo.

Y sin embargo, igual lo celebramos.

Yo creo que para realmente recuperar la identidad y la cultura, es necesario que la redefinamos dentro de nuestro mismo círculo de personas, grupos y países. Porque al final de cuentas no es el pavo, ni los regalos, ni el arbolito adornado, ni siquiera los huevos de colores, ni el trébol de tres hojas, ni los corazoncitos y el bendito Cupido disparando flechas de corazones a los enamorados. La cultura y la identidad está detrás de estos objetos con la amistad, el amor, el compañerismo, la convivencia, el recuerdo, la devoción y el afecto que debemos conservar como seres humanos. Una vez olvidamos estos verdaderos significados, le perdemos el sentido a la tradición.

Yo por mi parte me voy a dar una gran comida de pavo, en compañía de unos excelentes amigos a los cuales les tengo mucho aprecio y cariño y daré gracias, como debería darlo todos los días de que sigo aquí, vivo y compartiendo con gente la cual, sin duda alguna es la que me identifica como lo que soy realmente y no me justifica con idealismos estúpidos del mundo moderno.

Si quieren cultura, deben primero aprender a recibirla, y no a juzgarla.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Del lado del vaso medio lleno

A mi constantemente me recuerdan muchos (incluyendo el Gobierno) que en esta vida hay que ver siempre el vaso medio lleno. Así que a continuación les presento un cuento muy peculiar, escrito del lado de la vida donde se ve el vaso "medio lleno".

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Se levantó doña Juliana esa mañana con un sentimiento muy agradable, y con mucha expectativa ese día. Sentía que algo muy especial estaría por ocurrirle en las próximas horas de su vida, y sin duda alguna estaba en lo cierto. Tomó una ducha de agua fría muy vigorizante, escogió sus mejores prendas de vestir, y se acicaló con mucho esmero. Preparó el desayuno para su esposo y sus hijos, un festín de sabores variados, impresionante como nunca lo había hecho. Se despidió con mucho cariño de su familia, y tomando su bolso con todas sus pertenencias, se sentó en su automóvil, se dirigió realizar sus quehaceres por toda la ciudad.

En la calle la recibieron miles de pilotos en sus automotores, que transitaban con prontitud por todas las arterias de esta bella ciudad, la cual llamaban Guatebuena. En su recorrido, un autobús lleno de personas de repente se le atravesó en su camino, no sin antes que el ayudante le indicara -"¡Disculpe bella dama! Lamentamos molestarla pero es que llevamos cierta prisa y no fue una intención premeditada anteponernos en su camino. ¡Le agradecemos incluso por tan pronta reacción de su automóvil para evitar que colisionaramos!". Doña Juliana sonrió y respondió con mucha alegría -"No se preocupen para nada, es para mi un placer cederles el paso para llevar a tantas almas a sus respectivas labores". Siendo así, prosiguió su camino a recoger a su mejor amiga de toda la vida, doña Luciana. Una vez ya las dos en el automóvil, se dirigieron entonces a un centro comercial concurrido a realizar unas compras en vista que ya se acercan las épocas navideñas.

Nuevamente en el camino, súbitamente un policía de tránsito, vestido de un verde oruga, le detiene el rumbo. -"Disculpe hermosa mujer, pero me es necesario extenderle por su seguridad, esta remisión debido a que mi compañero un par de cuadras atrás me indicó que usted ha excedido por un kilómetro, el límite de velocidad". Doña Juliana con mucho respeto respondió -"Señor oficial, es para mi un gusto recibir esa remisión, para recordarme de mi irresponsabilidad y asumir las consecuencias correspondientes". El policía le entregó la remisión y agregó -"Señora por su admirable cortesía verbal, he decidido que le incrementaré su multa a mil quetzales, por tan agradable trato!". Emocionada, doña Juliana aceptó la multa y se retiró del sitio.

No obstante, doña Juliana sabía que todos estos eventos ocurridos anteriormente eran únicamente la crema que adornaba el dulce postre de sus emociones, y que ya pronto vendría la cereza para culminarlo. Y en efecto así sucedió.

En el cruce entre dos arterias principales de esta bella ciudad, a la espera de un eterno semáforo que detuvo su camino, doña Juliana divisó de reojo por su retrovisor, a un caballero moreno, cabalgando su corcel metálico con tanta destreza. Su corazón se aceleró al ver que este caballero portaba un arma de alto calibre, que tras un par de rápidos movimientos, vio como su resplandor de metal pulido cegaba su vista con tanta belleza. El caballero detuvo su marcha justo a la par de doña Juliana, quien lucía sonrojada de tal emoción, y tocando tres veces con su pistola reluciente le solicitó a doña Juliana que bajara el vidrio. Ya con el vidrio completamente abajo, el caballero contesta con rudeza masculina: -"Bella dama, es mi debida obligación solicitarle cordialmente que me entregue con mucha prisa, sus pertenencias personales y aparatos celulares que porte con su persona". Doña Juliana en un estado de euforia tomó su bolso y su teléfono móvil y se los entregó inmediatamente al caballero de la motocicleta. Sin embargo, en un leve movimiento su teléfono celular se le resbaló de sus manos, cayendo en el asfalto. Ante tal emoción, el caballero se inclinó a recoger el aparato e inmediatamente le indicó a doña Juliana: -"Por tan audaz movida imprudente, que emociona hasta el último nervio de mi cuerpo, me impulsa a obsequiarle un par de balas de mi flamante arma". Doña Juliana sonríe y le responde "Es para mi un honor recibir ambos proyectiles en mi cuerpo, ¡Dispare sin discreción alguna por favor!". El caballero dirigió la pistola a doña Juliana y como un rayo de luz, salieron dos pequeñas balas rápidamente del cañón e impactaron el cuerpo de la señora, una en el cuello y la otra en el pecho. El caballero terminó el breve encuentro encendiendo su motora y desapareciendo entre los automóviles.

Doña Juliana sintió el amargo sabor de la sangre en su paladar, lo cual le recordó a el más exquisito vino servido en una copa de plata pulida. En su mente pasaron mil recuerdos de su vida, su familia y sus amigos. Doña Luciana recibió a doña Juliana en sus brazos y consoló sus últimos minutos de su vida con tanta emoción, hasta que doña Juliana dio su último respiro.

Minutos después se presentaron las autoridades al lugar a recopilar toda la información posible y registrar el evento. Se tomaron mil fotos de la escena, se apuntaron mil palabras en hojas de papel reciclado. Se recogió el cuerpo sin vida de doña Juliana a quien llevaron cargando entre hombros con mucha alegría desde ese momento hasta su sepelio, el cual estuvo muy emocionante entre sus relativos y conocidos, quienes llegaron con miles de flores coloridas a despedirla al eterno descanso.

De regreso en la estación de policía, un compañero le pregunta a otro: -"¿Cómo estuvo tu día?", a lo cual este abrió su libreta donde había apuntado el suceso de doña Juliana, arrancó la hoja y la depositó en el basurero, respondiendo: -"Todo normal. Como cualquier otro día, en mi bella Guatebuena".

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Si me van a dar el vaso medio lleno, que sea de un licor fuerte, que me ayude a olvidar....

martes, 16 de noviembre de 2010

Apague esa su m....

Hoy sali a hacer unas diligencias en mi hora de almuerzo y aproveché que la mayoría de mis mandados estaban en un centro comercial, realizarlas y luego comer en el "food court" del lugar. Sentado en la mesa comencé a comer mientras intentaba revisar algunos correos en mi teléfono, y me percaté de algo bien curioso: Tanto yo como la mayoría de los comensales tenían la comida en una mano y el teléfono celular en la otra. La pareja de novios de la mesa de al lado eran sumamente callados, porque sus miradas estaban vacías y perdidas en sus Blackberry. El grupo de amigos de al fondo eran cuatro maniobrando el teléfono continuamente y uno intentando establecer conversación con el resto.

El detalle curioso se extendió luego a mis demás alrededores: vi que la mayoría de personas caminando en los pasillos del centro comercial tenían ocupada una mano especificamente para ese aparato que los mantiene conectados al "mundo". Ironía es que ellos suponen estar "conectados" a SU mundo, pero al mundo que los rodea son esencialmente zombies tecnológicos. Yo conozco de esto porque lo acepto: soy un "geek" adicto a la tecnología y los gadgets. Muchas veces me pierdo en estos aparatitos por largas horas, que si no fuese porque conscientemente les ponen batería de duración intermedia, podría seguir horas perdiendo el tiempo presionando teclas minúsculas y forzando mi vista para enfocar las imágenes que aparecen en la pantallita de pulgada y media.

Recuerdo hace algunos años atrás existía la leyenda urbana del tráfico de órganos, en la cual a uno lo intoxicaban con una droga en cualquier bar o antro, para luego llevarlo a una tina con hielo y extraerle los órganos solicitados estílo Rambo. Leyenda o como fuese, aprendimos a valorar nuestros órganos y tomar las medidas correspondientes para que no fueramos parte de este tipo de historias. Pero llegamos al siglo XXI y ahora el tráfico de órganos pasó a ser una demanda más selectiva de otra cosa que parecería ser una parte esencial de nuestras vidas: el celular.

Las últimas estadísticas indican que solamente en Guatemala hay 22 millones de aparatos telefónicos. Viendo esto de otro modo, equivale a un celular y medio por habitante. Probablemente sea una cifra inexacta pero viendo como se comporta el ciudadano común con respecto a su teléfono celular, es muy posible que sea cierto. Es tan común ver a chiquillos que ni siquiera saben montar bicicleta, pero dominan estos aparatejos como si hubieran nacido con ellos. Y tienen uno porque sus padres consideran que es una "necesidad" para comunicarse con ellos. Luego vienen los adolescentes que se pierden de su "bella pubertad" hipnotizados en estos aparatos, teniendo conversaciones con sus amistades que se encuentran sentados en la misma mesa, o viven en la casa de al lado, o van a su mismo colegio, que se yo. El portero de la colonia tiene uno, así como el cuida carros en las noches de la Zona Viva.
Hasta el chiclero de la esquina (sin subestimar su trabajo como tal) tiene uno, y vende las respectivas tarjetas de recargo más que lo que se venden cigarros o dulces. Incluso, vayan a cualquier concierto de música contemporanea, sea rock o sea electrónica, y en lugar de sacar los clásicos encendedores, ahora se ven millones de pantallitas blancas que cunden el estadio, grabando la música de los artistas en vivo. En fin, podría nombrar mil formas más que estos aparatos han llegado a convertirse básicamente en el centro de nuestras vidas, o que de una forma u otra, lo que antes era "creativo" ahora ya lo hace el mismo celular.

Lo peor de todo es la codependencia a este aparatejo es tan fuerte, que estoy segurísimo ya los psicologos y psiquiatras han tenido que ingeniarselas para tener tratamientos especiales para estos casos. Y es una codependencia tan fuerte que ha causado que este aparato llegue al nivel de adicción tanto como las drogas y/o el alcoholismo. Los criminales, sabiendo que la codependencia significa una demanda por más, han optado por ser mercenarios de centavos por abastecer necesidades de otros que no pueden costearse un Blackberry o un iPhone. El modo de operación es sencillo: dos tipos en motocicleta circulan las calles viendo sus víctimas potenciales hasta encontrar la mercancía correcta; llegan con la víctima y bajo una terrible intimidación de lenguaje crudo y grosero y una pistola que, ante los ojos de la víctima se ve como un cañón de guerra, lo despojan a uno de su aparatito codependiente. Si tienen suerte, conservan su vida. Luego, los ex-codependientes no pueden dejar por un lado esta necesidad electrónica y en lugar de presentar su respectiva denuncia con las autoridades correspondientes, por temor a represalias y porque saben que no habrá seguimiento para recobrar dicho aparato, van con la cabeza agachada nuevamente a una tienda a pagar el altísimo deducible y reciben un aparato similar al que tenían anteriormente.

Sin duda alguna, algo se ve muy mal en todo esto que detallo, y es que principalmente hemos llegado a ser personas en las cuales nuestra identidad la gobierna un pinche aparatejo que contiene en esencia toda nuestra vida personal. Y este pinche aparatejo ha sido incluso el objeto principal de que las familias dejen de tener una conversación amena entre padres e hijos durante la cena, o bien tener una velada tranquila y romántica entre amantes, e incluso ser el verdugo de nuestra efímera vida en las manos de un delincuente que sabe exactamente lo que tenemos, y nos lo arrebata sin piedad, y de paso, la vida también. Es un vicio silencioso y cotidiano al que no le prestamos atención alguna, como vicio, claro.

El hombre ya no es romántico "chapado a la antigua", ni desgraciado "chapado a la antigua"; las parejas se hacen novios por mensajes de texto y luego se mandan a la chingada por el mismo medio. La fantasía de la imaginación ya no existe; ahora todo es "sexting" y fotos autoeróticas tomadas con la cámara del celular. Las conversaciones entre padres e hijos para acercarlos sentimentalmente se hace por microondas. La era digital está consumiendo poco a poco lo que una vez nos hacía tan humanos, y eso a mi me aterra.

Yo honestamente no quiero tener hijos a los cuales tenga que reprimir o felicitar por un mensaje de texto. Ni tener amigos que nunca les veo la cara pero siempre los veo conectados en el chat. Yo no quiero que me cieguen la vida por un aparato electrónico. Yo no quiero perderme amaneceres ni atardeceres por estar pendiente de una conversación entre personas que frecuentemente me encuentro cara a cara en mis dias cotidianos. Yo quiero ser humano antiguo y cotidiano. Porque llegará el día en que esta tecnología que tanto apreciamos, nos quitará la esencia de ser nosotros mismos, y cambiaremos nuestro nombre a un código hexadecimal de 8 caracteres para identificarnos con un mundo el cual siempre nos verá "online", pero ante los verdaderos ojos de los que nos rodean estaremos "offline".

Asi que apaguen esa su mierda, si quieren realmente ser humanos felices. De lo contrario, sigan exhibidos en su brutal adicción, y aténgase a las consecuencias.

martes, 26 de octubre de 2010

Generación H

El otro día tenía una discusión abierta y amena con una amiga mercadóloga sobre el cómo la tecnología a venido a beneficiarnos pero al mismo tiempo a estancarnos en nuestro progreso. Ponía el ejemplo sencillo: Luego de un almuerzo ameno y concurrido a uno se le ocurre pedir la cuenta; cuando esta llega lo primero que hacemos es tomar el teléfono móvil y buscar dentro de él la calculadora. Y nos ponemos hacer la sumatoria, que a simple vista es probable que ya la hayamos resuelto en nuestra cabeza, pero curiosamente nos invade la incertidumbre con una sola pregunta: ¿Estaré en lo correcto? Y así era como hacíamos una doble revisión y eventualmente realizabamos nuestro pago.

Mi amiga me decía que no se puede exactamente poner una etiqueta y evidenciar que todos hacen esto mismo. Y tiene razón. No obstante, siendo yo un adulto autosuficiente, maduro y estudiado considero que luego de años de aprendizaje y conocimiento de las diferentes materias existentes, el que yo utilice una calculadora que está pre-instalada dentro de mi móvil no me certifica un inepto para las matemáticas. Sencillamente es una de tantas aplicaciones que las nuevas tecnologías permiten realizar con un mismo dispositivo. Quien me ha conocido personalmente sabe que yo, siendo un fanático de gadgets y tecnologías, cuando uno de estos aparatos llega a mis manos, es como que si yo lo apretara hasta sacarle la última gota útil. Tal es el caso por ejemplo cuando tuve el teléfono mágico de la manzanita: lo usé de cámara de fotos y videos, instrumento musical, estudio de grabación, mapa para direcciones, diccionario, motor de búsquedas de Internet, escuché música en línea en mi automovil miles de veces, envié correos importantes, organicé mejor mi vida y calendario, jugué muchos juegos interactivos, e incluso lo utilicé para compartir señal de Internet a varios usuarios. Le doy mi respeto al pobre teléfono, no entiendo como aguantó tanto.

Sin embargo, sucede a veces que veo a jóvenes que hacen tremendo berrinche y escándalo para que sus padres les compren el más novedoso aparato que sale al mercado. Y cuando lo utilizan, no solo menosprecian la capacidad del dispositivo, sino adicionalmente los perjudica gravemente en su aprendizaje, no solo por la falta de atención que causa el prestarle atención al "chat" del aparato más que a la clase del colegio, sino también porque el envío de mensajes los obliga a resumir en 140 caracteres TODO lo que quieren decirle a la otra persona, a lo cual recurren a hcr un rsmn d plbras ke + parecn garabatos. Lo comparo como cuando los vándalos hacen grafittis en las paredes públicas, y por el cansancio que genera estar trazando letras de un metro de largo mientras se aprieta el aerosol, a lo cual se inclinan a resumir sus anuncios públicos a unas cuantas letras antes de que se les caiga el brazo.

El punto de todo esto es que la juventud de hoy en día tiene a su alcance una tecnología que si bien fue hecha para facilitar la vida del hombre, puede ser ser usada en su contra para convertirlos en una manada de idiotas descerebrados. Hay muchos jóvenes que desconocen los libros, y su valioso contenido. A la hora de hacer tareas, prefieren meterse a Wikipedia y realizar el famosísimo "copy/paste" y terminar la labor en cuestión de minutos, para así tener más tiempo para jugar en sus videojuegos o sus conversaciones poco enriquecedoras pero muy amenas con sus amistades. Los famosos "chivos" ya no son anotaciones diminutas en papelitos escondidos en las bolsas; ahora son mensaje de texto enviados por un compañero en remoto entre celulares. Muchos de los jóvenes actuales desconocen la historia universal, los eventos trascendentales que ocurrieron en el siglo pasado y que nos hicieron a lo que somos hoy. El joven actual vive para el HOY, sin conocer el AYER, y por ende cagándose en el MAÑANA. Pregunten a un joven quién era Nicolai Tesla, Orson Welles, Eisenhower, Ghandi, la Madre Teresa, el Papa Juan Pablo II, La Perestroika, el Challenger, Neil Armstrong, El muro de Berlín, el Holocausto, Kim Jong Il, Slobodan Milosevic, cualquier otro pesonaje / evento en la historia y seguramente se van a quedar con una cara de espanto, apendejados porque les acabas de nombrar trece cosas distintas de las cuales mas de alguna identifican porque hay algo que se llama similar, ya sea un monumento, un carro o un personaje de televisión.

Ninguno de los magnates y pioneros de la tecnología tiene la culpa de habernos proporcionado los dispositivos avanzados que gozamos hoy en día. El problema está en que como humanos estamos también perdiendo la costumbre de utilizar la memoria, utilizar los métodos empíricos, e incluso de darles a nuestros hijos el mismo camino dificil que tuvimos nosotros en nuestra larga carrera académica. Hagan el experimento: escondan el control remoto de la televisión y seguramente nadie va a lograr encenderla, sobre todo porque ahora hacen menos obvios los comandos en las televisiones. Incluso, hagan que un joven los llame a su teléfono personal SIN utilizar la libreta de direcciones del teléfono. Muchas personas desconocen el número telefónico de su cónyuge, incluso el de su médico en caso de emergencia. Si quieren, desempolven los discos de 45 rpm y pidan a sus hijos que hagan sonar el plato de vinil que les acaban de entregar, en la tornamesa que tienen enfrente. O pongan una máquina de escribir y una sola hoja de papel enfrente de ellos y pidan que les redacten una carta con todas sus puntuaciones y sin faltas de ortografía.

Seamos claros y honestos, a muchos de nosotros nos denominaron la Generación X por tener una serie de decisiones y cambios críticos en nuestras manos, y tenemos detrás de nosotros a un grupo de jóvenes a quienes les hemos dejado aparatejos y atajos rápidos para las cosas esenciales del conocimiento y la sabiduría. Yo los denomino personalmente la Generación H porque no son nada más y nada menos que unos pinches huevones. Y la culpa es nuestra.

Así que yo recomendaría comenzaramos a hacernos la vida dificil nuevamente, aunque sea un poco, para que nuestras generaciones siguientes no terminen siendo un grupo de mentecatos sin visión ni futuro.

Yo por mi parte, voy a intentar hacer nuevamente la suma de mi hamburguesa más mi Coca-Cola y el 15% de propina por servicio en mi cabeza, aunque pague más de la cuenta.

lunes, 18 de octubre de 2010

Damnatio Memoriae

En la antigua Roma, luego de finalizado el gobierno de un emperador, el sucesor al trono ejecutaba la práctica de "damnatio memoriae", que consistía básicamente en eliminar todo registro y memoria concreta de esa persona, para hacerla parecer como que nunca existió. Todo esto se realizaba con el fin de preservar el honor y prestigio de la república romana. Esta práctica se extendió a lo largo de los siglos en diferentes culturas, con el propósito principal de eliminar a los traidores y difamadores de un gobierno o país. Y fue así como la historia "obvió" de contar muchas cosas que realmente ocurrieron.

Partiendo de esto, la práctica del damnatio memoriae es algo que eventualmente fue calando en el instinto humano por su naturaleza a olvidar lo obvio y evitar así comprometerse a más problemas. Lo que nunca se percataron es que, al obviar los problemas simplemente se hicieron más grandes a sus espaldas; eventualmente les revienta en la cara. En Guatemala, sufrimos de tanto agobio, tanta pena y tanto trauma que el olvidar es de nuestros mejores talentos. Por ejemplo, ¿quién recuerda con exactitud las controversias de gobiernos anteriores? Segurisimamente nadie, aunque todos asumen lo mismo: "Ladrones, corruptos, matones...", la lista es demasiado extensa. Todo este agobio ha causado que nuestro diario vivir esté intrínsecamente enfocado en el hoy. Todo lo de ayer es pasado, vuelta de hoja y a seguir caminando.

El problema es que mientras eliminamos los agobios de nuestra memoria, nadie los resuelve. Los asesinatos diarios a familiares y amigos son procesos que, si no es porque nos gobiernan los sentimientos encontrados, seríamos unas máquinas de enterrar gente. Los asaltos a plena luz del día ocurren con normalidad que ya servimos exclusivamente para tener dos propiedades: la nuestra, y la del ladrón. Nos consume el malestar de vivir en un Estado de gobierno colapsado. Pero tristemente, aceptamos la resignación, volteamos la cabeza y asumimos que nada de lo que se mencionó ocurrió del todo.

Personalmente, acepto que muchas veces he hecho esto que menciono. Mea culpa. No obstante, cuando lo recuerdo todo, me encoleriza que sigo yo aquí sin hacer nada y como una droga adictiva, vuelve a anestesiarme con una dosis embriagante de olvido. Creo que por eso decidí alguna vez dejar todo escrito por estos rumbos, para releer y esperar que para entonces lo que yo haya escrito ya ha cambiado.

De las primeras cosas que escribí en este blog fue justamente como me impactó el contraste de noticias que ocurren diariamente en los periódicos locales. El día de ayer no fue la excepción, leyendo por un lado el asesinato de la joven Jennifer Prentice, que junto a otras dos personas fallecieron por "Estar en el lugar incorrecto, en el momento incorrecto" de acuerdo a las declaraciones del ministro de Gobernación del país. Del otro lado del diurno, la señora del Presidente de Guatemala aparece intentando hacer una jugada futbolística en la inauguración de nuevos campos deportivos al cual invirtieron 23 millones de quetzales.

Quienes nunca van a olvidar la lamentable pérdida humana serán todos los familiares y amigos de Jennifer, ni de los otros dos fallecidos, y con justa razón. Esta chica era un modelo ejemplar de un futuro ciudadano, dígno y fiel de querer hacer de nuestro país una mejor nación. Ahora bien, lo que si les aseguro es que esos 23 millones invertidos en esos campos de futbol, son simplemente un capricho a consentir de una nación que sufre de amnesia colectiva. Y que en 5 años los únicos que se van a recordar de esa "bondad presidencial" son los futbolistas que irán a echarse su chamusca correspondiente el fin de semana. Los demás en 5 años vamos a estar preguntándonos: ¿Cuales 23 millones?

Nuestra Guatemala se muere más cada día; los buenos se están yendo a otros países o los están deportando de forma violenta a otros mundos. Y nos vamos quedando pocos, desorganizados y desorientados que no encontramos como ponerle colectivamente un rumbo a esta nación. El crimen organizado se organiza más, crece y nos subyuga a su discreción. El gobierno vive como sanguijuelas de nuestros ingresos, y nos silencia con sus amenazas. Pagamos impuestos porque tememos a que nos vaya peor, pero honestamente yo les pregunto: ¿Que tan peor nos puede ir a como estamos ya? Si estamos en la miseria, estamos en guerra, estamos a un paso de nuestro sepulcro, estamos en la antesala del infierno. La autoridad existe sobre nosotros, pero desafortunadamente es inexistente con los criminales y corruptos.

Yo simplemente no quiero seguir olvidando. Ya olvidé demasiado, y se me volvió costumbre. Ya mi costumbre es obviar lo aparente, y aparentemente estamos mal. Este país necesita cambios drásticos, y solo pueden hacerse cuando la gente comience a recordar lo bueno para continuar viviéndolo y lo malo para evitar que ocurra de nuevo.

"Aquellos que no recuerdan su pasado, están condenados a repetirlo"

lunes, 11 de octubre de 2010

Crónica de un Secuestro Anunciado

Un día de septiembre como cualquier otro, me levanté por la mañana a recoger el matutino que me entregan a la puerta de mi casa. Sin embargo ese día en especial, debajo del periódico encontré una carta blanca, sellada con sello fiscal dirigida a mi persona. Curioso por ver el contenido, dejé el periódico a un lado y me senté cómodamente, abriendo con ansiedad la carta.

Leyendo rápidamente entre la fecha y la introducción, comencé a entrar en pánico cuando leí que era una carta enviada por el fisco, solicitando mi presencia en sus oficinas centrales con papelería correspondiente al ciclo fiscal del año anterior para una auditoría. Internamente dentro de mi pensé: ¡Qué extorsión! Si toda mi declaración de impuestos la hice a conciencia e incluso todavía pagué una diferencia considerable por no lograr la meta fiscal.

Con sentimientos encontrados, me preparé al día que me citaban. Un acordeón lleno de pequeños papelitos sería mi única evidencia de mi rectitud y honestidad. Sin embargo, sabía de antemano que ya llevaba las de perder. Ya hubiera querido ser Sherlock Holmes para deducir evidentemente que todo esto sería un secuestro anunciado de mis ahorros monetarios.

Me senté enfrente de un tipo, que vestía camisa de rayas y una corbata tapizada en pines de oro y plata, y un semblante serio cual de un perfecto extorsionista. Tomó mis documentos y tras unos minutos de usar la declaración como índice de contenido, me subrayó 5 líneas distintas. "Muéstreme por favor las facturas que le he delineado" - me dijo, con una leve sonrisa pícara escondida entre cachetes. Abrí mi acordeón y comencé la búsqueda exhaustiva de dichos papelitos. En mi cabeza solo rondaba la imagen de un secuestrador y su víctima buscando la forma de lograr su libertad. Las llamadas, el desvelo, los abusos de autoridad. El tipo no tenía un arma apuntándome a mi cabeza, pero se sentía tanto como si lo hiciera.

Encontré las facturas y se las presenté una por una en su escritorio. Luego de un análisis minucioso, me pregunta "¿Podría decirme como es posible que haya tenido un consumo de (un número de cuatro dígitos) en un restaurante?" Yo le indiqué que la situación fue una reunión entre amigos en las cuales nos juntamos bastantes lo cual hizo que el consumo fuera ciertamente mucho más alto de lo considerado "normal" en una cena. Con un aire de incertidumbre a mi respuesta, continuó en los siguientes documentos, haciendo un breve interrogatorio con cada uno de ellos. El más memorable fue un documento que en mi prisa de entregar dicha declaración al fisco, ingresé el monto sin utilizar puntos decimales, a lo cual resultó siendo una cifra muchísimo más alta de la original.

Me entregó los documentos de regreso y se dirigió a su calculadora financiera, que tronaba y rechinaba con cada teclazo que le daba, imprimiendo poco a poco el monto final de mi rescate. Cuando me entregó el pequeño papelito en rojo, sentí que se me iba la vida de mis manos. Era sin duda alguna, un vil secuestro de mis ahorros en vista de que, además de cobrar el monto de mis errores, se le agregaron una serie de múltiplos que correspondían a moras, intereses, multas, gastos de escritura, comida para su perro, pensión alimenticia para su esposa y su marimba de hijos, cambio de automóvil a un modelo más reciente, entre otros. Bueno, no fue así exactamente, pero se sintió como tal.

Me tuve que resignar a entregar el dinero del rescate, el cual fue recibido con prontitud por una cajera que todavía fingió tener una sonrisa por querer aliviar mi molestia. Una vez entregada la mercancía me dije a mi mismo "Bueno, al menos ya puedo recobrar mi libertad nuevamente".

El problema, mi estimado lector, es que la triste historia de este secuestro desafortunadamente no tiene ni tendrá un final feliz, y le explicaré por qué: Mi libertad nunca fue recobrada. Estos extorsionadores no son nada más que peones de un juego de ajedrez muchísimo más complicado. A pesar que ya tienen parte de mis ahorros que han sido fruto de mi desempeño, sudor y largas horas de trabajo, la extorsión podrá no continuar sino hasta el siguiente año, y mientras tanto no solo tengo que velar porque no me ocurra de nuevo, sino adicionalmente se supone que mi pago del rescate cubre un monto correspondiente a mi seguridad física, a mi transporte diario, a la educación de mis hijos, a la salud de mi familia y mía, y todo esto NO ES CIERTO. Camino por la calle con temor de que me asalten, con temor de recibir una bala por entregar de mal humor mis pertenencias. Temo a enfermarme o accidentarme porque una vez cruce las puertas de ese hospital, seguramente salgo de allí guardado en una caja de cedro. No puedo utilizar el transporte público porque no llego a tiempo, tengo que pagar un poco al piloto y el 200% al sospechoso que de repente se levantó de su asiento con un arma en la mano y pidió limosna a punta de pistola. Y si uso mi automóvil, todo lo que menciono anteriormente ocurre de la misma forma. Es un círculo vicioso y maligno de nunca acabar.

Aprendí a que vivo entonces en un país donde mi labor de ciudadano es no aferrarme a las cosas materiales, porque aparentaría que no soy dueño de ellas del todo. Aprendí que debo ser personalmente el educador de mis hijos, porque si lo dejo a las manos de esta gente, tendré un legado de idiotas. Aprendí a mantener mi salud lo más íntegra posible, para no perder mi vida en la sala de un hospital, a la espera de mi salvación que nunca llegaría. Y sobre todo aprendí que estos extorsionadores se hacen pasar por la justicia ciega, pero no son más que otra banda de lobos vestidos de cazadores.

Lo que no he aprendido aún es a resignarme de que lo que por ahora se siente como extorsión, algún día podría sentirse como un orgullo y una satisfacción hacer. No es lo mismo entregar algo voluntariamente, que te lo quiten a la fuerza.

Ahora mis días ya no son lo mismo, ya que me levanto todas las mañanas con cierta paranoia esperando no recibir debajo del periódico, la carta de un secuestro anunciado.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Érase una vez, en Chapinlandia...

Recientemente me mandaron un correo donde contaban la historia de la hormiga y la cigarra en versión chapina, y además de darme la vergüenza correspondiente, me pareció interesante como la reacomodaron de acuerdo a la actualidad chapina.

Por esa razón he decidido también compartir un par de cuentos más para niños en la versión chapina:

Cuento 1:

Érase una vez, en Chapinlandia una señorita que solía vestir una capa roja por las constantes lluvias que azotan el país, y todo la gente que la conocía le decían "Caperucita Roja". Esta señorita solía ir a visitar a su abuela todos los domingos a una casa ubicada en una colonia en el borde de las afueras de la ciudad, y le llevaba el supermercado correspondiente, además de una que otra cosilla adicional como algún dinero recibido de la remesa que solía enviar la madre de Caperucita desde Estados Unidos.

Un domingo como cualquiera, saliendo Caperucita de su casa, un carro sedán con vidrios polarizados se estacionó enfrente de ella y se bajaron dos hombres, apodados "El Lobo" y "El Coyote", armados hasta los dientes y la obligaron a meterse con todos sus cachivaches en el automóvil. Al pasar de unas horas, la abuelita preocupada de la tardanza de su nieta, reportó a las autoridades de que algo podría haberle pasado a Caperucita. El señor policía le dijo a la abuelita que no se preocupara, que igual todos estaban ocupados en la estación repartiéndose las tranzas del día. Al llegar el atardecer, tocaron la puerta de la casa y al abrir la abuelita vió un costal manchado en sangre y cuando la abrió vió horrorizada que le habían entregado a Caperucita Roja descuartizada con una nota que decía "Esto le paso a la caperuz por no aber respetado el paso ni pagado la mordida, exijimos que nos pague sino va a correr zangre".

La abuela inmediatamente llamó a su comadre triste y preocupada y su comadre le recomendó que llamara al que le decían Jonter (por Hunter de "cazador" en inglés), para que le arreglara el asunto. el Jonter le cobró mil varas, y le dijo que el lunes en la tarde le tenía el recadito hecho. Fue el Jonter entonces a la colonia donde vivía El Lobo y después de espiarlo por horas, cuando salieron en el carro con El Coyote, a la vuelta de la esquina les atravesó el carro y les vació dos tolvas con su AK47 hasta quitarles el último respiro.

Y todos (los demás corruptos) vivieron felices el resto de sus vidas. Fin.


Cuento 2:

Érase una vez en Chapinlandia, un carpintero que se llamaba Antonio que tenía un tremendo talento para trabajar la madera. Un día, la pata de su mesa se rompió así que decidió hacerle una nueva, por lo que tomó una pieza de pino y justo antes de hacerla trizas, esta gritó "¡¡No me cortes!!". Antonio, que odiaba a los niños decidió regalarle su pedazo de madera a su hermano Manuel, quién luego de percatarse que la madera hablaba decidió darle forma de niño. Lo ensambló, le puso color y barniz y le llamó Alvarocho. Lo curioso de Alvarocho fue que cuando Manuel decidió darle forma a la cara, vió que su nariz le crecía. Y cuando Manuel le dió forma a las piernas, Alvarocho le pateó y comenzó a portarse como un niño travieso.

Un día, Alvarocho deseoso de conocer el mundo y cuando pudo salió corriendo de su casa. En el camino conoció a un militar que se dió cuenta de que a Alvarocho lo habían tratado mal en su casa, a lo cual manda a asesinar a Manuel. Alvarocho entra en pánico y regresa a la casa de Manuel a buscar algo de comer, y en la casa conoce a un grillo mágico que había vivido durante siglos en la casa y le dijo que "los niños malos que no hacen caso, crecen como burros". Alvarocho le enojó esto y mató al grillo.

Alvarocho entonces no le queda otra que aventurarse al mundo, y en el camino se topa con un grupo de personas que habían formado un circo. Alvarocho decide que esa sería su vida, ¡dedicarse al circo!. Se une al circo y se da cuenta que, a diferencia de las demás personas, el era un niño de madera, por lo que se pone a pedir al cielo que un día fuera un niño de verdad. Al cabo del tiempo, Alvarocho se mete en problemas con un desvío de dinero que había ingresado en la taquilla y que lo utilizó para su uso personal y cuando le cuestionan si él había sido el que lo había tomado, el lo niega a lo cual su nariz comienza a deformarse. Le piden que por favor diga la verdad, a lo cual el se enoja y dice "¡Todo lo que digo es cierto!". Ni terminando de decir la última palabra, nota que su nariz se congestiona y le impide poder hablar correctamente.

Todos se burlan de Alvarocho y él decide crear otro circo. Lo llegaría a llamar el Circo de la Nueva Esperanza. Lo que no se percata Alvarocho es que cada vez que se metía en más problemas, su cuerpo se iba deformando más y más por continuar mintiendo. En un pueblo donde visita con el circo, conoce a una bruja, y esta lo convence que si se juntan, podrán ser dueños del país entero, y que ella le daría el beso real que lo haría hombre. Alvarocho acepta y luego de perseguir una carrera política, le gana en la contienda al militar que mató a su padrastro Manuel, y se vuelve presidente del país.

Siendo presidente del país, se mete en más problemas y su cuerpo se deforma completamente hasta volverse un burro, y al pedirle a la bruja que le diera el beso real que lo haría hombre, la bruja lo rechaza y le dice "Solo te utilicé para hacerme yo más poderosa".

Y (el burro de) Alvarocho y (la bruja de) su mujer vivieron felices (destruyendo el país) por siempre. Fin.


Espero que les haya gustado, y más aún espero que NUNCA tenga que contárselos a mis hijos, porque como guatemalteco me es extremadamente vergonzoso seguir viviendo en un país en el que no se viven "Cuentos de hadas" sino "Pesadillas de Mil Demonios".

viernes, 10 de septiembre de 2010

Lunes, 10 de septiembre de 2001

Supongamos que no estamos en el 2010. Supongamos que hoy es un lunes, 10 de Septiembre del 2001.

Uno podía vestir una elegante barba al estílo ZZ-Top combinado con una sotana beige y sandalias, y a lo más que le llegaban a decir a uno era que se parecía a Jesucristo en sus años mozos. Mohamed era el nombre más común en el mundo. Una persona, fuera latino, europeo, africano u oriental, pero de tez morena era visto como "el colocho" ante la gente. Los devotos del Hare Krishna se miraban en cada aeropuerto del mundo, repartiendo libritos, trifoliares y sonando platitos con las puntas de los dedos. Pedir un falafel o un shish kebab era visto con tal normalidad, como que uno se estuviera comiendo una pizza al estilo de Nueva York. Los vacacionistas podían decir en el aeropuerto "¡Qué bomba la vamos a pasar en Cancún!", que el guardia de seguridad simplemente se reía con picardía deseando ser uno de esos vacacionistas. Llegar a EEUU se sentía como que estuviera ingresando a un parque de atracciones; hasta los altoparlantes decían en una tremenda variedad de idiomas "BIENVENIDO A LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA". El agente de migración solía ser un policía a punto de retirarse, que con tremenda amabilidad preguntaba a dónde iba uno, lo felicitaba de su excelente inglés fluído, y le deseaba una feliz estadía en su país. Este agente pertenecía al Departamento de Migración de los Estados Unidos de Norteamerica. Rara vez portaba un arma, rara vez mandaba a un sospechoso al cuartito, y si llegaba alli era sencillamente porque por confusión y casualidad tenía el mismo nombre y apellido que un narcotraficante buscado por la ley. Si uno era culpado, se le entregaban sus documentos de regreso y se daba una muy cordial disculpa. Los nacionalizados estadounidenses de padres extranjeros eran recibidos como cualquier otra persona, fuera latino, asiático, europeo o del oriente medio. Entraban al país con equipajes repletos de objetos, mercancías, souvenirs, como quieran verlo. Y los turistas salían de la misma forma: rebalsados de chocolates y obsequios para sus familiares, y hasta con el típico sombrero orejón de Mickey Mouse.

¿Que bonito, no? No es por nada pero a mi me encantaba viajar a Estados Unidos. Era el caché del mundo moderno americano.

Digamos que lo que sucedió más tarde pues ya es cosa de lo que hemos vivido hasta hoy. Hay una más que otra discrepancia de los eventos, así como las decisiones ejecutivas que pusieron al mundo de cabeza. Algunos le dicen conspiración, otros patriotismo, otros fanatismo. Lo que sean opiniones intelectuales no cambian los hechos, y los hechos son simplemente que pasó lo que pasó. La historia sigue siendo trillada, y a la fecha ya hay hasta algunos que se aborrecen y se sienten fastidiados con querer recordar este día. Yo solo sé que se dividió el mundo, y todo por unos fanáticos religiosos con fundamentos pobres e ideologías absurdas.

Triste que por un grupo no mayor de 100 fanáticos líderes, el mundo entró en caos. Triste que la paranoia caló hasta los huesos. Triste que ahora sos o no sos. Si sos, hablás perfecto inglés, te tatuas la bandera norteamericana en el brazo y te entonas el himno en todas las escalas musicales. Si no sos, perdón pero te jodiste. Te ven como leproso, te reciben como que estuvieras entrando a Guantanamo, te espulgan hasta la médula, y si no entendiste lo que te dijeron a la primera cuando te murmuran cualquier tontera, te vas al cuarto de detención. Alli te intimidan, te insultan, te aplican técnicas de psicología reversiva para que aceptés que eres culpable, y luego te montan en un avioncito blanco de regreso a tu casa. Y lo único que querías hacer era tomarte una foto con el Pato Donald. Esta gente ahora trabaja en lo que se llama el Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos.

¿Notan la diferencia? Antes inmigrabas y emigrabas. Ahora puedes ser potencialmente un riesgo a la seguridad nacional. Lo más importante de todo esto es que no es culpa de ellos. De hecho, están haciendo lo más humanamente correcto para que ya no ingrese ese fanático número 101 al país. Y tienen todo el derecho de hacerlo.

Pero también no hay derecho que justos paguen por pecadores. Y he alli la criminalidad del mundo; a pesar que siempre ha existido la discriminación y el odio por diferencias culturales, nunca había sido tan peligroso venir a este mundo con un color de tez, nombre y preferencia religiosa distinta a las "aceptadas" por la sociedad moderna. Ahora, porque un grupito que ni conforma el 1% de la población mundial fue el causante de este caos, se sienten con el lujo de tomar un libro sagrado y ofrecer quemarlo por "patriotismo". Y pueden desnudarte, lincharte, y quemarte solo por tener una idea levemente distinta sin la necesidad de estar ofendiendo a nadie. Porque ahora todos se ofenden, y ya no te la pasas tan "bomba" como antes. Ahora es un mundo de cero tolerancia, y justicia ciega.

Yo honestamente quisiera vivir más en el pasado, y menos en el futuro. Porque vivir en el futuro no solo se ve incierto, sino siniestro. Y yo quiero llevar algún dia a mis hijos a que vean su Mickey Mouse y Pato Donald con tal tranquilidad que pensaría "Hoy es lunes, 10 de septiembre del 2001."

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Lie To Me

Conversando con un amigo extranjero, nos estabamos haciendo burla mutuamente de nuestros modismos (él es costarricense) y por lo visto se conoce demasiado bien a los guatemaltecos porque me compartió la experiencia que ha tenido cuando el chapín se excusa. "Todo comienza con "fijese que...", ya yo sé que luego de eso viene una tremenda excusa o incluso mentirilla".

Y fijense que, tiene razón.

Pueda ser que no solo seamos nosotros los que usamos este modismo, pero sin duda alguna somos los que más frecuente lo utilizamos. Llegar a una tienda a pedir una Coca-Cola y que lo reciban a uno con un "Fijese que el camión de las gaseosas se le pinchó la llanta allá por la Aguilar Batres y entonces llegaron unos extraños a ayudar al camionero y resulta que eran asaltantes y se cargaron todititito el camión en un pickup y se fueron, entonces no hay Coca-Cola". Yo pienso que hubiera sido más breve con simplemente responderme con una pequeña oración, algo como "No hay" y me siento con la suficiencia de juzgar si compro otro tipo de gaseosa o simplemente voy a la siguiente tienda a ver si encuentro Coca-Cola. El tema está en que pareciera que nos ENCANTA contar cuentos.

Yo supongo que gracias a lo cuenteros que somos, de alli nacieron todas las leyendas urbanas. ¿Qué tenía la culpa el pobre chucho con sarna de andar buscando un poco de comida en la madrugada, que se topara con un borracho que malinterpretó sus acciones y al gruñirle en defensa, el cuate sale disparado a su casa? Ya con la mujer esperándolo con el sartén listo para reventárselo en la cara, el marido dice "Fijate que venía caminando a la casa y resulta que a la vuelta de la esquina se me aparece ni nada mas ni nada menos que el meritito CADEJO y ¡me persiguió hasta la puerta! ¡Casi me quedo tirado del espanto!

"Y fijate que el mariachi chaparro que venía de darle serenata a su noviecita era nada más y nada menos que ¡EL SOMBRERON!"

"Y fijate que el Lencho venía pa' su casa y no vés que se le atraviesa aquella mujer bien "guapona" y que se lo llevó a la cumbre y allí ya a punto de dejarse amar, no ves que le resulta ¡LA SIGUANABA! Y ¡SAZ! Que lo avienta hasta el fondo. ¡Casi ni la cuenta!"

Y fijate que... Somos unos cuenteros.

Pero qué bonita, qué linda nuestra creatividad e imaginación. El problema está en que entre tanto cuento, nos paramos creyendo la mentira y luego resulta siendo nuestra excusa del día a día. Y luego entre tanto "Fijese que..." ya quitarse el plante de mentiroso cuesta mucho.

Hay ocasiones en que resulta muchísimo mejor decir la verdad concisa y directa, que redundar en modismos y tratar de esquivar la culpabilidad. Porque luego todos vamos con el "Fijese que..." en la punta de la lengua, y ya ven que hasta los funcionarios públicos de cargos mayores se columpian en la frasesita y allí vamos nosotros más pendejos aún a creerles lo que dicen.

Así que la próxima vez que quiera "ensalsar" su mentirilla a quien sea que se la vaya a decir con un "Fijese que.." recuerde que ese modismo solo está permitido para cuenteros. Y a veces la vida no es tan llena de cuentos como para arriesgarse.

Fijense que por la boca muere el pez, a lo macho, en serio, sin pajas.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Contrastes de un domingo cualquiera

Hoy me levanté con un humor despreciable y eso que me lo advirtieron. "No vayás a leer el periódico hoy, está muy feo". Don Baboso Lleno de Morbo, como nos dicen a algunos por nombre propio, fue y tomó el periódico en sus manos y comenzó a alimentar el sistema inmunológico de purititito virus social. Invierno Fatal: 22 muertos, 150 desaparecidos, 4,000 evacuados y 29,000 damnificados. La infraestructura vial completamente colapsada, puentes caídos, deslaves. Se declara estado de emergencia a nivel nacional. 

Más aún me sorprende que luego de leer tanta noticia impactante, en otro lado del país, se dieron cita artistas y personalidades de la farándula para entretener a gente que desbordó sus corazones y billeteras para recaudar Q11 millones en solamente dos días. ¡Dos días! Este dinero ya esta destinado para gente con discapacidades, a lo que yo digo: ¡Enhorabuena por ellos! Pero desafortunamente, el problema anterior del invierno (o infierno) fatal, persiste. Y yo hasta el momento no he visto muchas personas interesadas en desbordar sus corazones, billeteras y músculos en ayudar a los que ahora están sufriendo en este mismo instante. Y dudo aún que esto vaya a suceder en los siguientes días. Dudo más incluso que se pueda o que quieran hacerlo.

Por otra parte, el Presidente de este país declara estado de emergencia a nivel nacional y advierte que si el Congreso no aprueba la readecuación presupuestaria (y con eso, modificaciones fiscales y tributarias), el país se paralizará. Mientras tanto, capturan a un asesor presidencial de un gobierno anterior que desvió Q120 millones para cuentas propias. Esto se suma a otra millonada de plata que miembros del gobierno han utilizado para gastos y fondos personales. Y el pueblo sigue pagando los platos rotos, desembolsando más dinero para "presupuestos" de rehabilitación y reconstrucción, sin ni siquiera tomar en cuenta o incluso proceder a mejor perseguir, capturar y recuperar todo el dinero que se han robado a descaro. Es un círculo vicioso de nunca acabar.

Me da pena pensar que como chapines, nos dividen tres factores: la hipocresía, la individualidad y la indiferencia. Yo no tengo que decir ejemplos para que puedan verlo, porque si se ponen una mano en la conciencia y la otra en el corazón, sabrán que lo que digo es cierto. Crudo y cierto. Si el mismo Presidente ya se columpió en estar hurgando nuestras billeteras para uso personal (e intransferible), y por otra parte existen organizaciones privadas que realizan recolectas millonarias por una causa específica, ¿Por qué el país sigue estando tan desahuciado? ¡Porque nos dejamos! 

¡Dejemos de estar dejándonos! Si las ideas existen, si los movimientos están ya creados, y si las organizaciones ya están organizadas, demos el paso adelante. ¡HAGAMOS! Porque si a mi me preguntan, para ser verdaderamente patriótico hay que carecer de los tres factores mencionados anteriormente. y más aún, ¡Hay que declararlos crímenes a la moral! Si no hacemos nada, la hipocresía, individualidad e indiferencia son los pecados que harán que este Infierno fatal continúe, y ojalá no llegue el día que nos lamentemos tarde, porque allí ya no habrá remedio. 

Todo temprano eventualmente se vuelve tarde, y para ciertas cosas no hay "más vale tarde que nunca".