jueves, 30 de diciembre de 2010
Resoluciones
jueves, 25 de noviembre de 2010
San Guivin! de Sinterklaas!
El día de hoy, como lo es todos los años en el cuarto jueves del mes de noviembre, los norteamericanos celebran el Día de Acción de Gracias, en el cual se reunen las familias en sus respectivos hogares y luego de dar gracias por todos los bienes y bendiciones que han recibido durante el año, proceden a darse un festín gastronómico con el famoso pavo, el relleno, el puré de patatas, la rodaja de jalea de arándano rojo, etcétera. Esta tradición se remonta al año 1621 en el cual los nativos americanos ayudaron a los peregrinos en Plymouth, Massachusetts a recoger las la cosecha de la temporada, salvándolos de morir de inanición. De lo que concierne al pavo, eso vino más tarde.
Debido al mercantilismo moderno, este tipo de tradiciones se ha extendido a países en los cuales ni siquiera sabían que era un peregrino, menos donde queda Plymouth, Massachusetts. El concepto de esta celebración sin embargo continua siendo el mismo: la reunión en familia, el acto de dar gracias y la comida excesiva. No voy a hablar del tema de "Shopping" ni el Viernes Negro ya que eso si va más enfocado al mercado moderno. En nuestros países latinoamericanos, los últimos años se ha visto una tendencia de crítica en contra de las personas que deciden por libre albedrío celebrar esta tradición puramente norteamericana. La crítica se extiende más allá del propósito principal, y se enfoca en la falta de identidad cultural de la persona de acuerdo a su país. En mi humilde opinión, creo que si se va a criticar esta tradición por lo que uno es como persona, la identidad la perdimos hace muchísimo tiempo, o incluso nunca la hemos tenido bien definida. Explico más a detalle con el siguiente ejemplo: Santa Claus es una figura que todos simplemente conocemos ya porque forma parte de nuestra niñez. Sin embargo, sus orígenes son un cruce entre un santo cristiano proveniente de Grecia, con la figura mitológica de Odin, específicamente por su larga barba blanca. Su historia es bien sencilla: un religioso que dedicó su devota vida al cristianismo y a ayudar a los pobres y necesitados. El día de San Nicolás como santo, debería celebrarse el 6 de diciembre. Esta figura representativa de la Navidad para los niños ha tenido demasiadas versiones y cambios en el mundo moderno que realmente ya ni siquiera se sabe su verdadero nombre. Santa Claus viene del danés Sinterklaas, mientras que su nombre en latín debería ser San Nicolás. Sin darle muchas vueltas a esta explicación, al final de cuentas el 24 de diciembre, o el 25 en algunas culturas, un hombre barbudo y panzón, vestido de rojo visita casualmente todas las casas donde residen niños y les deja un costal lleno de juguetes (o piedras, dependiendo del comportamiento del niño durante el año). Todos los niños del mundo ven con ansias este día, al cual semanas antes ellos anticipan sus obsequios con una carta respectiva al señor. Mi pregunta es: ¿Por qué le echan pestes a una tradición anglosajona (relativamente) moderna, y al mismo tiempo celebran una tradición antigua que ni siquiera está definida concretamente de sus orígenes? Si la decisión de muchos latinoamericanos es reunir a las tremendas familias que lo conforman para verse la cara, saludarse, conversar un poco sobre el año, darse cariño entre ellos y pegarse una hartada, tienen total y justo permiso de hacerlo. Lo llamen Thanksgiving, Dia de Acción de Gracias, San Guivin, Día del Chompipe o como quieran, el propósito no es demostrar una carencia de identidad solo porque están en un país donde vagamente la gente se reune en familia, o en otros casos se reunen todos los días del año. La idea de una tradición, es especificamente un conjunto de bienes culturales que que se heredan por generaciones, con el propósito de recordar alguna costumbre, creencia, evento o persona. Y yo creo que el mundo moderno lo único que ha hecho es apartarnos de la esencia y el propósito primordial, y nos ha encaminado a un mundo donde el mercadeo y la publicidad ya definen nuestras tendencias. Celebrarle a Santa Claus su 24-25 de diciembre opaca vulgarmente al verdadero propósito de la tradición original, que es sin duda alguna el nacimiento de Jesús. De la misma forma, el Conejito de Pascua y sus respectivos huevos (sin albur, por favor), también opaca vulgarmente otro evento trascendental en la religión cristiana que fue la resurrección a la vida eterna de Jesucristo. Y sin embargo, igual lo celebramos.Yo creo que para realmente recuperar la identidad y la cultura, es necesario que la redefinamos dentro de nuestro mismo círculo de personas, grupos y países. Porque al final de cuentas no es el pavo, ni los regalos, ni el arbolito adornado, ni siquiera los huevos de colores, ni el trébol de tres hojas, ni los corazoncitos y el bendito Cupido disparando flechas de corazones a los enamorados. La cultura y la identidad está detrás de estos objetos con la amistad, el amor, el compañerismo, la convivencia, el recuerdo, la devoción y el afecto que debemos conservar como seres humanos. Una vez olvidamos estos verdaderos significados, le perdemos el sentido a la tradición. Yo por mi parte me voy a dar una gran comida de pavo, en compañía de unos excelentes amigos a los cuales les tengo mucho aprecio y cariño y daré gracias, como debería darlo todos los días de que sigo aquí, vivo y compartiendo con gente la cual, sin duda alguna es la que me identifica como lo que soy realmente y no me justifica con idealismos estúpidos del mundo moderno. Si quieren cultura, deben primero aprender a recibirla, y no a juzgarla.miércoles, 17 de noviembre de 2010
Del lado del vaso medio lleno
martes, 16 de noviembre de 2010
Apague esa su m....
Hasta el chiclero de la esquina (sin subestimar su trabajo como tal) tiene uno, y vende las respectivas tarjetas de recargo más que lo que se venden cigarros o dulces. Incluso, vayan a cualquier concierto de música contemporanea, sea rock o sea electrónica, y en lugar de sacar los clásicos encendedores, ahora se ven millones de pantallitas blancas que cunden el estadio, grabando la música de los artistas en vivo. En fin, podría nombrar mil formas más que estos aparatos han llegado a convertirse básicamente en el centro de nuestras vidas, o que de una forma u otra, lo que antes era "creativo" ahora ya lo hace el mismo celular. Lo peor de todo es la codependencia a este aparatejo es tan fuerte, que estoy segurísimo ya los psicologos y psiquiatras han tenido que ingeniarselas para tener tratamientos especiales para estos casos. Y es una codependencia tan fuerte que ha causado que este aparato llegue al nivel de adicción tanto como las drogas y/o el alcoholismo. Los criminales, sabiendo que la codependencia significa una demanda por más, han optado por ser mercenarios de centavos por abastecer necesidades de otros que no pueden costearse un Blackberry o un iPhone. El modo de operación es sencillo: dos tipos en motocicleta circulan las calles viendo sus víctimas potenciales hasta encontrar la mercancía correcta; llegan con la víctima y bajo una terrible intimidación de lenguaje crudo y grosero y una pistola que, ante los ojos de la víctima se ve como un cañón de guerra, lo despojan a uno de su aparatito codependiente. Si tienen suerte, conservan su vida. Luego, los ex-codependientes no pueden dejar por un lado esta necesidad electrónica y en lugar de presentar su respectiva denuncia con las autoridades correspondientes, por temor a represalias y porque saben que no habrá seguimiento para recobrar dicho aparato, van con la cabeza agachada nuevamente a una tienda a pagar el altísimo deducible y reciben un aparato similar al que tenían anteriormente. Sin duda alguna, algo se ve muy mal en todo esto que detallo, y es que principalmente hemos llegado a ser personas en las cuales nuestra identidad la gobierna un pinche aparatejo que contiene en esencia toda nuestra vida personal. Y este pinche aparatejo ha sido incluso el objeto principal de que las familias dejen de tener una conversación amena entre padres e hijos durante la cena, o bien tener una velada tranquila y romántica entre amantes, e incluso ser el verdugo de nuestra efímera vida en las manos de un delincuente que sabe exactamente lo que tenemos, y nos lo arrebata sin piedad, y de paso, la vida también. Es un vicio silencioso y cotidiano al que no le prestamos atención alguna, como vicio, claro. El hombre ya no es romántico "chapado a la antigua", ni desgraciado "chapado a la antigua"; las parejas se hacen novios por mensajes de texto y luego se mandan a la chingada por el mismo medio. La fantasía de la imaginación ya no existe; ahora todo es "sexting" y fotos autoeróticas tomadas con la cámara del celular. Las conversaciones entre padres e hijos para acercarlos sentimentalmente se hace por microondas. La era digital está consumiendo poco a poco lo que una vez nos hacía tan humanos, y eso a mi me aterra. Yo honestamente no quiero tener hijos a los cuales tenga que reprimir o felicitar por un mensaje de texto. Ni tener amigos que nunca les veo la cara pero siempre los veo conectados en el chat. Yo no quiero que me cieguen la vida por un aparato electrónico. Yo no quiero perderme amaneceres ni atardeceres por estar pendiente de una conversación entre personas que frecuentemente me encuentro cara a cara en mis dias cotidianos. Yo quiero ser humano antiguo y cotidiano. Porque llegará el día en que esta tecnología que tanto apreciamos, nos quitará la esencia de ser nosotros mismos, y cambiaremos nuestro nombre a un código hexadecimal de 8 caracteres para identificarnos con un mundo el cual siempre nos verá "online", pero ante los verdaderos ojos de los que nos rodean estaremos "offline". Asi que apaguen esa su mierda, si quieren realmente ser humanos felices. De lo contrario, sigan exhibidos en su brutal adicción, y aténgase a las consecuencias.
martes, 26 de octubre de 2010
Generación H
lunes, 18 de octubre de 2010
Damnatio Memoriae
"Aquellos que no recuerdan su pasado, están condenados a repetirlo"
lunes, 11 de octubre de 2010
Crónica de un Secuestro Anunciado
Un día de septiembre como cualquier otro, me levanté por la mañana a recoger el matutino que me entregan a la puerta de mi casa. Sin embargo ese día en especial, debajo del periódico encontré una carta blanca, sellada con sello fiscal dirigida a mi persona. Curioso por ver el contenido, dejé el periódico a un lado y me senté cómodamente, abriendo con ansiedad la carta.
Leyendo rápidamente entre la fecha y la introducción, comencé a entrar en pánico cuando leí que era una carta enviada por el fisco, solicitando mi presencia en sus oficinas centrales con papelería correspondiente al ciclo fiscal del año anterior para una auditoría. Internamente dentro de mi pensé: ¡Qué extorsión! Si toda mi declaración de impuestos la hice a conciencia e incluso todavía pagué una diferencia considerable por no lograr la meta fiscal.
Con sentimientos encontrados, me preparé al día que me citaban. Un acordeón lleno de pequeños papelitos sería mi única evidencia de mi rectitud y honestidad. Sin embargo, sabía de antemano que ya llevaba las de perder. Ya hubiera querido ser Sherlock Holmes para deducir evidentemente que todo esto sería un secuestro anunciado de mis ahorros monetarios. Me senté enfrente de un tipo, que vestía camisa de rayas y una corbata tapizada en pines de oro y plata, y un semblante serio cual de un perfecto extorsionista. Tomó mis documentos y tras unos minutos de usar la declaración como índice de contenido, me subrayó 5 líneas distintas. "Muéstreme por favor las facturas que le he delineado" - me dijo, con una leve sonrisa pícara escondida entre cachetes. Abrí mi acordeón y comencé la búsqueda exhaustiva de dichos papelitos. En mi cabeza solo rondaba la imagen de un secuestrador y su víctima buscando la forma de lograr su libertad. Las llamadas, el desvelo, los abusos de autoridad. El tipo no tenía un arma apuntándome a mi cabeza, pero se sentía tanto como si lo hiciera. Encontré las facturas y se las presenté una por una en su escritorio. Luego de un análisis minucioso, me pregunta "¿Podría decirme como es posible que haya tenido un consumo de (un número de cuatro dígitos) en un restaurante?" Yo le indiqué que la situación fue una reunión entre amigos en las cuales nos juntamos bastantes lo cual hizo que el consumo fuera ciertamente mucho más alto de lo considerado "normal" en una cena. Con un aire de incertidumbre a mi respuesta, continuó en los siguientes documentos, haciendo un breve interrogatorio con cada uno de ellos. El más memorable fue un documento que en mi prisa de entregar dicha declaración al fisco, ingresé el monto sin utilizar puntos decimales, a lo cual resultó siendo una cifra muchísimo más alta de la original. Me entregó los documentos de regreso y se dirigió a su calculadora financiera, que tronaba y rechinaba con cada teclazo que le daba, imprimiendo poco a poco el monto final de mi rescate. Cuando me entregó el pequeño papelito en rojo, sentí que se me iba la vida de mis manos. Era sin duda alguna, un vil secuestro de mis ahorros en vista de que, además de cobrar el monto de mis errores, se le agregaron una serie de múltiplos que correspondían a moras, intereses, multas, gastos de escritura, comida para su perro, pensión alimenticia para su esposa y su marimba de hijos, cambio de automóvil a un modelo más reciente, entre otros. Bueno, no fue así exactamente, pero se sintió como tal. Me tuve que resignar a entregar el dinero del rescate, el cual fue recibido con prontitud por una cajera que todavía fingió tener una sonrisa por querer aliviar mi molestia. Una vez entregada la mercancía me dije a mi mismo "Bueno, al menos ya puedo recobrar mi libertad nuevamente". El problema, mi estimado lector, es que la triste historia de este secuestro desafortunadamente no tiene ni tendrá un final feliz, y le explicaré por qué: Mi libertad nunca fue recobrada. Estos extorsionadores no son nada más que peones de un juego de ajedrez muchísimo más complicado. A pesar que ya tienen parte de mis ahorros que han sido fruto de mi desempeño, sudor y largas horas de trabajo, la extorsión podrá no continuar sino hasta el siguiente año, y mientras tanto no solo tengo que velar porque no me ocurra de nuevo, sino adicionalmente se supone que mi pago del rescate cubre un monto correspondiente a mi seguridad física, a mi transporte diario, a la educación de mis hijos, a la salud de mi familia y mía, y todo esto NO ES CIERTO. Camino por la calle con temor de que me asalten, con temor de recibir una bala por entregar de mal humor mis pertenencias. Temo a enfermarme o accidentarme porque una vez cruce las puertas de ese hospital, seguramente salgo de allí guardado en una caja de cedro. No puedo utilizar el transporte público porque no llego a tiempo, tengo que pagar un poco al piloto y el 200% al sospechoso que de repente se levantó de su asiento con un arma en la mano y pidió limosna a punta de pistola. Y si uso mi automóvil, todo lo que menciono anteriormente ocurre de la misma forma. Es un círculo vicioso y maligno de nunca acabar. Aprendí a que vivo entonces en un país donde mi labor de ciudadano es no aferrarme a las cosas materiales, porque aparentaría que no soy dueño de ellas del todo. Aprendí que debo ser personalmente el educador de mis hijos, porque si lo dejo a las manos de esta gente, tendré un legado de idiotas. Aprendí a mantener mi salud lo más íntegra posible, para no perder mi vida en la sala de un hospital, a la espera de mi salvación que nunca llegaría. Y sobre todo aprendí que estos extorsionadores se hacen pasar por la justicia ciega, pero no son más que otra banda de lobos vestidos de cazadores.Lo que no he aprendido aún es a resignarme de que lo que por ahora se siente como extorsión, algún día podría sentirse como un orgullo y una satisfacción hacer. No es lo mismo entregar algo voluntariamente, que te lo quiten a la fuerza. Ahora mis días ya no son lo mismo, ya que me levanto todas las mañanas con cierta paranoia esperando no recibir debajo del periódico, la carta de un secuestro anunciado.viernes, 24 de septiembre de 2010
Érase una vez, en Chapinlandia...
Recientemente me mandaron un correo donde contaban la historia de la hormiga y la cigarra en versión chapina, y además de darme la vergüenza correspondiente, me pareció interesante como la reacomodaron de acuerdo a la actualidad chapina.
Por esa razón he decidido también compartir un par de cuentos más para niños en la versión chapina:Cuento 1:Érase una vez, en Chapinlandia una señorita que solía vestir una capa roja por las constantes lluvias que azotan el país, y todo la gente que la conocía le decían "Caperucita Roja". Esta señorita solía ir a visitar a su abuela todos los domingos a una casa ubicada en una colonia en el borde de las afueras de la ciudad, y le llevaba el supermercado correspondiente, además de una que otra cosilla adicional como algún dinero recibido de la remesa que solía enviar la madre de Caperucita desde Estados Unidos. Un domingo como cualquiera, saliendo Caperucita de su casa, un carro sedán con vidrios polarizados se estacionó enfrente de ella y se bajaron dos hombres, apodados "El Lobo" y "El Coyote", armados hasta los dientes y la obligaron a meterse con todos sus cachivaches en el automóvil. Al pasar de unas horas, la abuelita preocupada de la tardanza de su nieta, reportó a las autoridades de que algo podría haberle pasado a Caperucita. El señor policía le dijo a la abuelita que no se preocupara, que igual todos estaban ocupados en la estación repartiéndose las tranzas del día. Al llegar el atardecer, tocaron la puerta de la casa y al abrir la abuelita vió un costal manchado en sangre y cuando la abrió vió horrorizada que le habían entregado a Caperucita Roja descuartizada con una nota que decía "Esto le paso a la caperuz por no aber respetado el paso ni pagado la mordida, exijimos que nos pague sino va a correr zangre". La abuela inmediatamente llamó a su comadre triste y preocupada y su comadre le recomendó que llamara al que le decían Jonter (por Hunter de "cazador" en inglés), para que le arreglara el asunto. el Jonter le cobró mil varas, y le dijo que el lunes en la tarde le tenía el recadito hecho. Fue el Jonter entonces a la colonia donde vivía El Lobo y después de espiarlo por horas, cuando salieron en el carro con El Coyote, a la vuelta de la esquina les atravesó el carro y les vació dos tolvas con su AK47 hasta quitarles el último respiro. Y todos (los demás corruptos) vivieron felices el resto de sus vidas. Fin.Cuento 2:Érase una vez en Chapinlandia, un carpintero que se llamaba Antonio que tenía un tremendo talento para trabajar la madera. Un día, la pata de su mesa se rompió así que decidió hacerle una nueva, por lo que tomó una pieza de pino y justo antes de hacerla trizas, esta gritó "¡¡No me cortes!!". Antonio, que odiaba a los niños decidió regalarle su pedazo de madera a su hermano Manuel, quién luego de percatarse que la madera hablaba decidió darle forma de niño. Lo ensambló, le puso color y barniz y le llamó Alvarocho. Lo curioso de Alvarocho fue que cuando Manuel decidió darle forma a la cara, vió que su nariz le crecía. Y cuando Manuel le dió forma a las piernas, Alvarocho le pateó y comenzó a portarse como un niño travieso. Un día, Alvarocho deseoso de conocer el mundo y cuando pudo salió corriendo de su casa. En el camino conoció a un militar que se dió cuenta de que a Alvarocho lo habían tratado mal en su casa, a lo cual manda a asesinar a Manuel. Alvarocho entra en pánico y regresa a la casa de Manuel a buscar algo de comer, y en la casa conoce a un grillo mágico que había vivido durante siglos en la casa y le dijo que "los niños malos que no hacen caso, crecen como burros". Alvarocho le enojó esto y mató al grillo. Alvarocho entonces no le queda otra que aventurarse al mundo, y en el camino se topa con un grupo de personas que habían formado un circo. Alvarocho decide que esa sería su vida, ¡dedicarse al circo!. Se une al circo y se da cuenta que, a diferencia de las demás personas, el era un niño de madera, por lo que se pone a pedir al cielo que un día fuera un niño de verdad. Al cabo del tiempo, Alvarocho se mete en problemas con un desvío de dinero que había ingresado en la taquilla y que lo utilizó para su uso personal y cuando le cuestionan si él había sido el que lo había tomado, el lo niega a lo cual su nariz comienza a deformarse. Le piden que por favor diga la verdad, a lo cual el se enoja y dice "¡Todo lo que digo es cierto!". Ni terminando de decir la última palabra, nota que su nariz se congestiona y le impide poder hablar correctamente. Todos se burlan de Alvarocho y él decide crear otro circo. Lo llegaría a llamar el Circo de la Nueva Esperanza. Lo que no se percata Alvarocho es que cada vez que se metía en más problemas, su cuerpo se iba deformando más y más por continuar mintiendo. En un pueblo donde visita con el circo, conoce a una bruja, y esta lo convence que si se juntan, podrán ser dueños del país entero, y que ella le daría el beso real que lo haría hombre. Alvarocho acepta y luego de perseguir una carrera política, le gana en la contienda al militar que mató a su padrastro Manuel, y se vuelve presidente del país. Siendo presidente del país, se mete en más problemas y su cuerpo se deforma completamente hasta volverse un burro, y al pedirle a la bruja que le diera el beso real que lo haría hombre, la bruja lo rechaza y le dice "Solo te utilicé para hacerme yo más poderosa". Y (el burro de) Alvarocho y (la bruja de) su mujer vivieron felices (destruyendo el país) por siempre. Fin.
Espero que les haya gustado, y más aún espero que NUNCA tenga que contárselos a mis hijos, porque como guatemalteco me es extremadamente vergonzoso seguir viviendo en un país en el que no se viven "Cuentos de hadas" sino "Pesadillas de Mil Demonios".