miércoles, 17 de noviembre de 2010
Del lado del vaso medio lleno
A mi constantemente me recuerdan muchos (incluyendo el Gobierno) que en esta vida hay que ver siempre el vaso medio lleno. Así que a continuación les presento un cuento muy peculiar, escrito del lado de la vida donde se ve el vaso "medio lleno". -----------------------Se levantó doña Juliana esa mañana con un sentimiento muy agradable, y con mucha expectativa ese día. Sentía que algo muy especial estaría por ocurrirle en las próximas horas de su vida, y sin duda alguna estaba en lo cierto. Tomó una ducha de agua fría muy vigorizante, escogió sus mejores prendas de vestir, y se acicaló con mucho esmero. Preparó el desayuno para su esposo y sus hijos, un festín de sabores variados, impresionante como nunca lo había hecho. Se despidió con mucho cariño de su familia, y tomando su bolso con todas sus pertenencias, se sentó en su automóvil, se dirigió realizar sus quehaceres por toda la ciudad. En la calle la recibieron miles de pilotos en sus automotores, que transitaban con prontitud por todas las arterias de esta bella ciudad, la cual llamaban Guatebuena. En su recorrido, un autobús lleno de personas de repente se le atravesó en su camino, no sin antes que el ayudante le indicara -"¡Disculpe bella dama! Lamentamos molestarla pero es que llevamos cierta prisa y no fue una intención premeditada anteponernos en su camino. ¡Le agradecemos incluso por tan pronta reacción de su automóvil para evitar que colisionaramos!". Doña Juliana sonrió y respondió con mucha alegría -"No se preocupen para nada, es para mi un placer cederles el paso para llevar a tantas almas a sus respectivas labores". Siendo así, prosiguió su camino a recoger a su mejor amiga de toda la vida, doña Luciana. Una vez ya las dos en el automóvil, se dirigieron entonces a un centro comercial concurrido a realizar unas compras en vista que ya se acercan las épocas navideñas. Nuevamente en el camino, súbitamente un policía de tránsito, vestido de un verde oruga, le detiene el rumbo. -"Disculpe hermosa mujer, pero me es necesario extenderle por su seguridad, esta remisión debido a que mi compañero un par de cuadras atrás me indicó que usted ha excedido por un kilómetro, el límite de velocidad". Doña Juliana con mucho respeto respondió -"Señor oficial, es para mi un gusto recibir esa remisión, para recordarme de mi irresponsabilidad y asumir las consecuencias correspondientes". El policía le entregó la remisión y agregó -"Señora por su admirable cortesía verbal, he decidido que le incrementaré su multa a mil quetzales, por tan agradable trato!". Emocionada, doña Juliana aceptó la multa y se retiró del sitio. No obstante, doña Juliana sabía que todos estos eventos ocurridos anteriormente eran únicamente la crema que adornaba el dulce postre de sus emociones, y que ya pronto vendría la cereza para culminarlo. Y en efecto así sucedió. En el cruce entre dos arterias principales de esta bella ciudad, a la espera de un eterno semáforo que detuvo su camino, doña Juliana divisó de reojo por su retrovisor, a un caballero moreno, cabalgando su corcel metálico con tanta destreza. Su corazón se aceleró al ver que este caballero portaba un arma de alto calibre, que tras un par de rápidos movimientos, vio como su resplandor de metal pulido cegaba su vista con tanta belleza. El caballero detuvo su marcha justo a la par de doña Juliana, quien lucía sonrojada de tal emoción, y tocando tres veces con su pistola reluciente le solicitó a doña Juliana que bajara el vidrio. Ya con el vidrio completamente abajo, el caballero contesta con rudeza masculina: -"Bella dama, es mi debida obligación solicitarle cordialmente que me entregue con mucha prisa, sus pertenencias personales y aparatos celulares que porte con su persona". Doña Juliana en un estado de euforia tomó su bolso y su teléfono móvil y se los entregó inmediatamente al caballero de la motocicleta. Sin embargo, en un leve movimiento su teléfono celular se le resbaló de sus manos, cayendo en el asfalto. Ante tal emoción, el caballero se inclinó a recoger el aparato e inmediatamente le indicó a doña Juliana: -"Por tan audaz movida imprudente, que emociona hasta el último nervio de mi cuerpo, me impulsa a obsequiarle un par de balas de mi flamante arma". Doña Juliana sonríe y le responde "Es para mi un honor recibir ambos proyectiles en mi cuerpo, ¡Dispare sin discreción alguna por favor!". El caballero dirigió la pistola a doña Juliana y como un rayo de luz, salieron dos pequeñas balas rápidamente del cañón e impactaron el cuerpo de la señora, una en el cuello y la otra en el pecho. El caballero terminó el breve encuentro encendiendo su motora y desapareciendo entre los automóviles. Doña Juliana sintió el amargo sabor de la sangre en su paladar, lo cual le recordó a el más exquisito vino servido en una copa de plata pulida. En su mente pasaron mil recuerdos de su vida, su familia y sus amigos. Doña Luciana recibió a doña Juliana en sus brazos y consoló sus últimos minutos de su vida con tanta emoción, hasta que doña Juliana dio su último respiro. Minutos después se presentaron las autoridades al lugar a recopilar toda la información posible y registrar el evento. Se tomaron mil fotos de la escena, se apuntaron mil palabras en hojas de papel reciclado. Se recogió el cuerpo sin vida de doña Juliana a quien llevaron cargando entre hombros con mucha alegría desde ese momento hasta su sepelio, el cual estuvo muy emocionante entre sus relativos y conocidos, quienes llegaron con miles de flores coloridas a despedirla al eterno descanso. De regreso en la estación de policía, un compañero le pregunta a otro: -"¿Cómo estuvo tu día?", a lo cual este abrió su libreta donde había apuntado el suceso de doña Juliana, arrancó la hoja y la depositó en el basurero, respondiendo: -"Todo normal. Como cualquier otro día, en mi bella Guatebuena". -------------Si me van a dar el vaso medio lleno, que sea de un licor fuerte, que me ayude a olvidar....
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario