martes, 26 de octubre de 2010
Generación H
El otro día tenía una discusión abierta y amena con una amiga mercadóloga sobre el cómo la tecnología a venido a beneficiarnos pero al mismo tiempo a estancarnos en nuestro progreso. Ponía el ejemplo sencillo: Luego de un almuerzo ameno y concurrido a uno se le ocurre pedir la cuenta; cuando esta llega lo primero que hacemos es tomar el teléfono móvil y buscar dentro de él la calculadora. Y nos ponemos hacer la sumatoria, que a simple vista es probable que ya la hayamos resuelto en nuestra cabeza, pero curiosamente nos invade la incertidumbre con una sola pregunta: ¿Estaré en lo correcto? Y así era como hacíamos una doble revisión y eventualmente realizabamos nuestro pago. Mi amiga me decía que no se puede exactamente poner una etiqueta y evidenciar que todos hacen esto mismo. Y tiene razón. No obstante, siendo yo un adulto autosuficiente, maduro y estudiado considero que luego de años de aprendizaje y conocimiento de las diferentes materias existentes, el que yo utilice una calculadora que está pre-instalada dentro de mi móvil no me certifica un inepto para las matemáticas. Sencillamente es una de tantas aplicaciones que las nuevas tecnologías permiten realizar con un mismo dispositivo. Quien me ha conocido personalmente sabe que yo, siendo un fanático de gadgets y tecnologías, cuando uno de estos aparatos llega a mis manos, es como que si yo lo apretara hasta sacarle la última gota útil. Tal es el caso por ejemplo cuando tuve el teléfono mágico de la manzanita: lo usé de cámara de fotos y videos, instrumento musical, estudio de grabación, mapa para direcciones, diccionario, motor de búsquedas de Internet, escuché música en línea en mi automovil miles de veces, envié correos importantes, organicé mejor mi vida y calendario, jugué muchos juegos interactivos, e incluso lo utilicé para compartir señal de Internet a varios usuarios. Le doy mi respeto al pobre teléfono, no entiendo como aguantó tanto. Sin embargo, sucede a veces que veo a jóvenes que hacen tremendo berrinche y escándalo para que sus padres les compren el más novedoso aparato que sale al mercado. Y cuando lo utilizan, no solo menosprecian la capacidad del dispositivo, sino adicionalmente los perjudica gravemente en su aprendizaje, no solo por la falta de atención que causa el prestarle atención al "chat" del aparato más que a la clase del colegio, sino también porque el envío de mensajes los obliga a resumir en 140 caracteres TODO lo que quieren decirle a la otra persona, a lo cual recurren a hcr un rsmn d plbras ke + parecn garabatos. Lo comparo como cuando los vándalos hacen grafittis en las paredes públicas, y por el cansancio que genera estar trazando letras de un metro de largo mientras se aprieta el aerosol, a lo cual se inclinan a resumir sus anuncios públicos a unas cuantas letras antes de que se les caiga el brazo. El punto de todo esto es que la juventud de hoy en día tiene a su alcance una tecnología que si bien fue hecha para facilitar la vida del hombre, puede ser ser usada en su contra para convertirlos en una manada de idiotas descerebrados. Hay muchos jóvenes que desconocen los libros, y su valioso contenido. A la hora de hacer tareas, prefieren meterse a Wikipedia y realizar el famosísimo "copy/paste" y terminar la labor en cuestión de minutos, para así tener más tiempo para jugar en sus videojuegos o sus conversaciones poco enriquecedoras pero muy amenas con sus amistades. Los famosos "chivos" ya no son anotaciones diminutas en papelitos escondidos en las bolsas; ahora son mensaje de texto enviados por un compañero en remoto entre celulares. Muchos de los jóvenes actuales desconocen la historia universal, los eventos trascendentales que ocurrieron en el siglo pasado y que nos hicieron a lo que somos hoy. El joven actual vive para el HOY, sin conocer el AYER, y por ende cagándose en el MAÑANA. Pregunten a un joven quién era Nicolai Tesla, Orson Welles, Eisenhower, Ghandi, la Madre Teresa, el Papa Juan Pablo II, La Perestroika, el Challenger, Neil Armstrong, El muro de Berlín, el Holocausto, Kim Jong Il, Slobodan Milosevic, cualquier otro pesonaje / evento en la historia y seguramente se van a quedar con una cara de espanto, apendejados porque les acabas de nombrar trece cosas distintas de las cuales mas de alguna identifican porque hay algo que se llama similar, ya sea un monumento, un carro o un personaje de televisión. Ninguno de los magnates y pioneros de la tecnología tiene la culpa de habernos proporcionado los dispositivos avanzados que gozamos hoy en día. El problema está en que como humanos estamos también perdiendo la costumbre de utilizar la memoria, utilizar los métodos empíricos, e incluso de darles a nuestros hijos el mismo camino dificil que tuvimos nosotros en nuestra larga carrera académica. Hagan el experimento: escondan el control remoto de la televisión y seguramente nadie va a lograr encenderla, sobre todo porque ahora hacen menos obvios los comandos en las televisiones. Incluso, hagan que un joven los llame a su teléfono personal SIN utilizar la libreta de direcciones del teléfono. Muchas personas desconocen el número telefónico de su cónyuge, incluso el de su médico en caso de emergencia. Si quieren, desempolven los discos de 45 rpm y pidan a sus hijos que hagan sonar el plato de vinil que les acaban de entregar, en la tornamesa que tienen enfrente. O pongan una máquina de escribir y una sola hoja de papel enfrente de ellos y pidan que les redacten una carta con todas sus puntuaciones y sin faltas de ortografía. Seamos claros y honestos, a muchos de nosotros nos denominaron la Generación X por tener una serie de decisiones y cambios críticos en nuestras manos, y tenemos detrás de nosotros a un grupo de jóvenes a quienes les hemos dejado aparatejos y atajos rápidos para las cosas esenciales del conocimiento y la sabiduría. Yo los denomino personalmente la Generación H porque no son nada más y nada menos que unos pinches huevones. Y la culpa es nuestra. Así que yo recomendaría comenzaramos a hacernos la vida dificil nuevamente, aunque sea un poco, para que nuestras generaciones siguientes no terminen siendo un grupo de mentecatos sin visión ni futuro. Yo por mi parte, voy a intentar hacer nuevamente la suma de mi hamburguesa más mi Coca-Cola y el 15% de propina por servicio en mi cabeza, aunque pague más de la cuenta.
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