Conforme más se acerca la fecha, más incrementa el caos vial, los centros comerciales saturados y la gente comienza a sufrir achaques relacionados al estrés de la temporada. Las agendas de negocios intercambian las reuniones con clientes por potenciales fiestas bacanales denominadas "Convivios". La competencia de tener el mejor arreglo de temporada se evidencia en todas las casas: árboles atorados de luces intermitentes, bombas y otros adornos con cantidades de cajas envueltas en moñas y papeles multicolor. Todos los ahorros bancarios que hubo durante el año se derrochan en tiendas de ropa, accesorios, electrónicos y otros. No queda atrás esos comerciales de radio que se repiten constantemente al punto de aborrecer y decidir apagar la radio por un buen tiempo, ni esos otros en los que una voz masculina recuerda a todos que es época de "dar y recibir", no cualquier cosa, sino joyas y otros lujos que son visualmente atractivos y definitivamente sacan a relucir el "glamour" de quien los viste.
sábado, 24 de diciembre de 2011
Ver De Espíritu
jueves, 3 de noviembre de 2011
Dura Lex, Sed Lex
En un hospital de Guatemala, al final del pasillo, en la unidad de cuidado intensivo, se puede observar una mujer conectada a un electrocardiograma, que pulsa continuamente un tono constante y en tempo. Esta mujer lleva ya algunos años conectada a un respirador artificial, ya que no han logrado que responda por sus propios medios. Los rescatistas la fueron a encontrar tirada enfrente de la Corte de Constitucionalidad, al lado de una espada rota y una balanza, con su vestimenta blanca rasgada y manchada de sangre. Cuentan las enfermeras que esta mujer entró en coma el día que se perdió la esperanza de tener un país con justicia plena; tan pronto escuchó un ciudadano común decir enfrente de ella "Me vale un carajo el país", rompió en llanto, cayó de rodillas, hizo una plegaria al cielo y quedó tendida en el suelo, ante la indiferencia de muchos que presenciaron la escena y la dejaron abandonada, al cruel filo de la muerte.
viernes, 2 de septiembre de 2011
Piratería Anónima Parte 1: ¿Real o Hechizo?
Me imagino sentado en un cuarto con gente diversa, en un silencio casi mortal, donde levemente se puede divisar por la ventana vendedores ambulantes y mercaderes de mal aspecto promocionando sus 5 películas por Q100 en estrenos taquilleros. Me hacen levantarme para mi confesión. Me ajusto la chaqueta, pongo la frente en alto y digo: "Soy Rodrigo Martinez y soy un ex-consumidor pirata en recuperación. Hace seis meses consumí mi última película pirata". Todos me aplauden y me reconfortan con palmadas en la espalda. Pero al final de cuentas el orgullo es propio, y es cierto. De hace un tiempo para acá, he intentado (y afortunadamente logrado) evitar comprar productos piratas. Eso incluye hasta incluso, descargar software para mi PC, o aplicaciones para mi móvil. Todo pagado, todo de mi sueldo, y todo sin arrepentimiento.
Muchos comparan la piratería con la moral, y se ven constantemente en anuncios en los cines y en los DVDs. La famosa frase infantil "tengo un papá pidata" ya se ha convertido en un cliché de la sociedad latinoamericana moderna. Pero detrás de los anuncios hay algo muy claro, que tal vez no lo expresan tan bien como los anuncios de prevención de consumo de tabaco o drogas, y es que la piratería es también un mal latente en nuestras sociedades. Es un mal a nivel económico de grandes proporciones y desafortunadamente, tanto el productor como el consumidor no se han puesto de acuerdo al momento para evitarla.
miércoles, 31 de agosto de 2011
La Sociedad de los Votantes Muertos
jueves, 18 de agosto de 2011
Pueblo de Viejos
Tiempo
miércoles, 6 de julio de 2011
Dicen que la Distancia es el Olvido...
martes, 5 de julio de 2011
Por siempre Miranda
lunes, 25 de abril de 2011
Después... de aquí... nos vamos a...
Hoy por la mañana, poniéndome al día con las noticias de las semanas anteriores, logré ver un artículo interesante de Marcela Gereda que se titula "Como el unicornio azul", y me fue más curioso aún ver un comentario en Facebook de un amigo que tuvo problemas de "prepotencia autoritaria" con un policía en el aeropuerto, que hizo nombre a este mismo artículo. Este amigo es nativo guatemalteco que emigró (por dicha) a otro país a explotar su talento como profesional. Pero en su visita de turista a su pueblo natal, no pudo evitar encontrarse con la enfermedad del crimen y la corrupción que cunde este país. Y que bien que ya se montó en el avión y llegó sano y salvo a casa, que lastimosamente no es su tierra, y que seguramente él quisiera tanto que fuera. Pero así como él lo sentiría en su tierra natal, seguro miles de personas viven un malestar diario, una paranoia de salir de casa a esa jungla allá afuera, sin tener la certeza de que esta misma noche regresarán sanos y salvos a descansar a su morada.
Tengo familiares en el extranjero, que viven siempre viendo las noticias de Guatemala con una mezcla de nostalgia y terror. Tengo amistades que se han resignado a no seguir luchando por progresar en este país, y se han trasladado a otros países que los han recibido con los brazos abiertos y les han dado todo lo que alguna vez quisieran haber recibido de su propia patria. Es inminente pensar que la moda en Guatemala se titula "emigración", y poco a poco se va contagiando en las nuevas generaciones. No es nada nuevo, considero, pero ahora se produce con mayor cantidad. Creo que todos tenemos esa espinita latente, de ser infiel a la patria con otro país, simplemente por el hecho que ese otro país tiene promesas que cumple, y no se mantiene en promesas falsas y abusos excesivos a la integridad física y moral de la persona. Tal vez no es infidelidad del todo, es simplemente tener un poco de sentido común: ¿Para qué estar en un lugar donde no se le aprecia a uno, ni se le brinda seguridad ni bienestar como uno se lo merece? Y entonces, aceptamos esa resignación también nosotros y en grupos vamos abandonando este país hacia otras tierras más prometedoras.
Sigo recordando el caso de Jennifer Prentice, que hasta la fecha no ha terminado de calarme esa injusticia de su muerte, así como la de muchos más en este país donde se esfuerzan para ser alguien día a día, y el país les ha pagado su esfuerzo con pólvora y plomo. Una chica con potencial, que emigró al extranjero a obtener conocimiento y experiencias para regresar un día a aplicarlas a este país. Y el país simplemente no recibió ni "una probadita" del talento de esta mujer, porque antes vino un grupo de malandros con armas de alto calibre a saldar la cuenta de un cliente con daños colaterales. Y entre esos daños colaterales dos niñas también que dejaron en este mundo a un padre cundido en dolor y pena. Hablar de crimen en Guatemala es ahora como hablar del producto de mayor exportación del país. Es un producto interno, que se cosecha diariamente y que crece como parásito exponencialmente. Y no hay quien lo detenga. Ya de hecho es hablar de más. No hay día que en las noticias no aparezca ese avión blanco proveniente de Estados Unidos repleto de gente que se le negó el acceso al país de la oportunidad. Y estoy seguro que la mitad de esos repatriados tan pronto pueden, toman todas sus pertenencias y se conducen nuevamente a cruzar el Rio Grande. Y ¿quién los va a culpar de abandonar de abandonarnos, si lo mismo quisiéramos nosotros, no? Y es que personalmente me entristece porque nuestras alternativas cada vez se van disminuyendo y la que más nos invita es la de salir corriendo de aquí. Ya ni siquiera comparte uno la felicidad con amistades que resultan próximas a tener un hijo, sino que en lugar de compartir sonrisas, cambia el semblante a uno de extrema consternación pensando "¡Qué valientes en traer a una criatura a esta jungla!". Buscar donde vivir ahora ya no es cuestión de tener una casita con acabados preciosos, y con un jardín donde puedan jugar los niños con sus mascotas. ¡No! Ahora buscar una vivienda implica primeramente que esté bordeada al perímetro de paredes enormes con púas, razor-ribbon, cámaras de vídeo vigilancia y sensores de movimiento, así como uno o más guardias activos en turnos alternos durante un lapso de 24 horas diarias. La vivienda actual se asemeja a una prisión invertida, donde los buenos están adentro, y los malos afuera. Con todas estas premisas, ¿Quién quiere vivir aquí? Ricardo Arjona emigró de su país natal hace mucho tiempo, simplemente porque la promesa de su talento no era bien aprovechada aquí, pero en nuestro vecino México supieron como potencializarlo y así pues se volvió una figura famosa en los medios artísticos alrededor del mundo. Inconscientemente, su forma de agradecimiento fue: A México una preciosa canción completa, y a Guatemala solo una frase de una estrofa de una canción que habla satíricamente y con un toque de ironía la migración entre Latinoamérica y Estados Unidos. No lo culpo, hizo bien. Y es que hasta que no limpiemos a Guatemala de la escoria de criminales y corruptos, y no logremos poder ofrecer bienestar, seguridad y desarrollo, que sigan entonces retirándose del país los más talentosos para que sean aprovechados en otras tierras. Este país tiene potencial, pero se cunde en violencia diariamente, y se pudre en corrupción. Y hasta que no limpiemos esto, muchos amigos, compañeros, familiares e incluso eventualmente nosotros mismos, prepararemos nuestras maletas y pasaportes y diremos "¡Hasta pronto, patria mía!". Y los que nos quedamos: Después de aquí, nos vamos a... (Porque si no hay otra forma de decirlo más que la que coloquialmente conocemos, pues entonces: ¡Nos llevarán las prostitutas!)miércoles, 20 de abril de 2011
Esta vida robada...
miércoles, 23 de febrero de 2011
Recursos (Infra)Humanos
Conversando con un compañero de trabajo, me comentaba que recientemente ha sido víctima de un constante maltrato por parte de otro compañero, que tiene la particularidad de representar lo que todos nosotros los chapines definimos como una "joyita". Esta "joyita" o Don Joyita, aplicable al caso, es una persona que se distingue abiertamente por perturbar la paz de los demás habitantes de un ambiente de trabajo: es insolente, ruidoso, mal cayente, metido, y otro sinfín de adjetivos que realmente no le hacen pintar nada bien, ni porque lo retratara Monet.
Mi compañero me indicaba que esta persona tiene un constante abuso de poder y autoridad, por su nivel jerárquico dentro de la empresa, a lo cual resulta muy difícil poder llegar con Recursos Humanos a poner una denuncia confidencial con respecto a la situación. Lo triste del caso es que hay varios factores que dificultan más aún el poder realizar tan simple gestión, por querer mantener un ambiente más agradable en el trabajo. Uno de los factores principales son las represalias que puede recibir mi compañero si hace tal denuncia. Y luego por evitar esas represalias, prefiere no reportarlo porque puede también costarle su trabajo, y perder un trabajo hoy en día es algo que no puede darse uno "el lujo" de que pase. Y todo esto sucediendo dentro de un círculo donde existe un departamento de Recursos Humanos competente, pero que desafortunadamente no se encuentra en el país. Algo así como denunciar crímenes contra la humanidad a Amnistía Internacional, en la sede local presidida por un chato que no tiene ni la más mínima idea de sus propios derechos. Yo comprendo a mi compañero; tiene total y justa razón de no proceder a denunciarlo. Pero es triste pensar que mi compañero, de contar con un poco de carácter y olvidar todo lo que repercuten sus acciones, fuera y lo denunciara esperando que un departamento de Recursos Humanos competente tome las medidas necesarias, maneje la información con total hermetismo y sancione con el peso apropiado de la ley Don Joyita, es algo que probablemente NUNCA pase. Y lo que si pasaría sería que Don Joyita iría a "culebrear" a Recursos Humanos para extraer la información de su denunciante, armarse de hígado, coraje y cualquier otro armamento, y realizar las represalias más severas contra mi otro compañero que simplemente quería un ambiente agradable para laborar.¿Saben que es lo más perverso de todo? Yo aquí les estoy describiendo un ambiente de trabajo como cualquier otro ordinario en nuestro país. Pero las similitudes con nuestro sistema de gobierno son TAN idénticas que parecería que estoy escribiendo un manifiesto político de oposición. En Guatemala, y supongo que en cualquier otro país que aplique, tenemos esa mala costumbre de no reclamar nuestros derechos. ¿Por qué no? Por temor a represalias, claro está. Y entonces bajo esa premisa, se viene uno a dar cuenta que uno es, y seguirá siendo un simple monigote de un prostíbulo corporativo y/o gubernamental. Y el problema mayor es que, entre más cedemos ese derecho ajeno, más perdemos el nuestro, y luego cuando sentimos, somos la alfombra de bienvenida de una legión de corruptos. Y lo que sucede aquí en este trabajo, sucede en casa, como sucede en el gobierno, como sucede en las relaciones. Sucede en todo. Pedir el diálogo, en un país donde dominan los sordos, es tan contraproducente e inútil que prefiere uno fingir ser mudo. Y el ciclo continua, eternamente, por los siglos de los siglos. (Amén). Considero que este mundo ya no está para seguir aguantando que nos pisoteen los corruptos, ni que abusen los "joyitas", ni que sigan callando a los que realmente solo quieren tener una vida tranquila sin meterse en la paz ajena. ¿Por qué si existen las entidades correspondientes, no hacen nada al respecto?. La palabra autoridad en muchos casos como este, aplica para quien es el más astuto, más corrupto y más amenazante de todos. Ya no debería existir ese temor de "no denuncio porque no quiero perder mi trabajo", y es por eso que cuando se hacen llamados a manifestaciones pacíficas para reclamar los derechos del pueblo, el típico trabajador medio (que somos la mayoría) tiene y tendrá esa voz desconfiada dentro de su subconsciente susurrándole: "¡No seas tonto! Si tu lo haces: te despedirán, te quedarás sin tu dinero, no tendrás como mantener a tu familia, mancharás tu currículum, tus padres se enojarán contigo, el banco te quitarán la casa, te quitarán el auto, te divorciará tu mujer, tus hijos pensarán que eres un fracasado, te dará una depresión insolente y te suicidarás..." y que se yo otro montón de ideas estúpidas e inútiles. Y entonces, nos quedamos sentados en nuestro escritorio, escuchando las insolencias de un Don Joyita, viendo como otros cambian el rumbo de su vida. ¿Y uno? Bien... ¡Gracias! Esta vida necesita tener más Recursos Humanos, y menos Recursos Infrahumanos, donde se quiera luchar y proteger al buen trabajador, al buen empresario, al buen ciudadano, al buen contribuyente. A veces es bueno dar el ejemplo, conscientemente que los resultados, cuales quieran que sean, van a ser positivos a nuestros ojos. Cueste el trabajo, cueste la vida, cueste lo que cueste. No sé en que parará el tema de Don Joyita, pero si estoy seguro que el día que a mi me pase, Don Joyita tendrá que atenerse a una consecuencia que espero yo pese a favor mio y en contra de él. Y yo, seguiré intentando ser un buen ejemplo, y soñando que tengo un Recurso Humano que me levanta y no me oprime. Porque al final de cuentas, la escuela de la vida está en la calle, y el trabajo de nuestra vida, en nuestro espíritu. Lo que aprendemos de la vida, lo reflejamos en nuestros alrededores, y lo que trabajamos por la vida engrandece nuestra esencia. Si seguimos aceptando que la intimidación es más fuerte que la verdad, la mentira continuará corrompiendo nuestro entorno. Y así nunca llegaremos a ser felices. ... Y sino, pues está el Ministerio de Trabajo. ¿No creen?