El día de hoy, como lo es todos los años en el cuarto jueves del mes de noviembre, los norteamericanos celebran el Día de Acción de Gracias, en el cual se reunen las familias en sus respectivos hogares y luego de dar gracias por todos los bienes y bendiciones que han recibido durante el año, proceden a darse un festín gastronómico con el famoso pavo, el relleno, el puré de patatas, la rodaja de jalea de arándano rojo, etcétera. Esta tradición se remonta al año 1621 en el cual los nativos americanos ayudaron a los peregrinos en Plymouth, Massachusetts a recoger las la cosecha de la temporada, salvándolos de morir de inanición. De lo que concierne al pavo, eso vino más tarde.
Debido al mercantilismo moderno, este tipo de tradiciones se ha extendido a países en los cuales ni siquiera sabían que era un peregrino, menos donde queda Plymouth, Massachusetts. El concepto de esta celebración sin embargo continua siendo el mismo: la reunión en familia, el acto de dar gracias y la comida excesiva. No voy a hablar del tema de "Shopping" ni el Viernes Negro ya que eso si va más enfocado al mercado moderno. En nuestros países latinoamericanos, los últimos años se ha visto una tendencia de crítica en contra de las personas que deciden por libre albedrío celebrar esta tradición puramente norteamericana. La crítica se extiende más allá del propósito principal, y se enfoca en la falta de identidad cultural de la persona de acuerdo a su país. En mi humilde opinión, creo que si se va a criticar esta tradición por lo que uno es como persona, la identidad la perdimos hace muchísimo tiempo, o incluso nunca la hemos tenido bien definida. Explico más a detalle con el siguiente ejemplo: Santa Claus es una figura que todos simplemente conocemos ya porque forma parte de nuestra niñez. Sin embargo, sus orígenes son un cruce entre un santo cristiano proveniente de Grecia, con la figura mitológica de Odin, específicamente por su larga barba blanca. Su historia es bien sencilla: un religioso que dedicó su devota vida al cristianismo y a ayudar a los pobres y necesitados. El día de San Nicolás como santo, debería celebrarse el 6 de diciembre. Esta figura representativa de la Navidad para los niños ha tenido demasiadas versiones y cambios en el mundo moderno que realmente ya ni siquiera se sabe su verdadero nombre. Santa Claus viene del danés Sinterklaas, mientras que su nombre en latín debería ser San Nicolás. Sin darle muchas vueltas a esta explicación, al final de cuentas el 24 de diciembre, o el 25 en algunas culturas, un hombre barbudo y panzón, vestido de rojo visita casualmente todas las casas donde residen niños y les deja un costal lleno de juguetes (o piedras, dependiendo del comportamiento del niño durante el año). Todos los niños del mundo ven con ansias este día, al cual semanas antes ellos anticipan sus obsequios con una carta respectiva al señor. Mi pregunta es: ¿Por qué le echan pestes a una tradición anglosajona (relativamente) moderna, y al mismo tiempo celebran una tradición antigua que ni siquiera está definida concretamente de sus orígenes? Si la decisión de muchos latinoamericanos es reunir a las tremendas familias que lo conforman para verse la cara, saludarse, conversar un poco sobre el año, darse cariño entre ellos y pegarse una hartada, tienen total y justo permiso de hacerlo. Lo llamen Thanksgiving, Dia de Acción de Gracias, San Guivin, Día del Chompipe o como quieran, el propósito no es demostrar una carencia de identidad solo porque están en un país donde vagamente la gente se reune en familia, o en otros casos se reunen todos los días del año. La idea de una tradición, es especificamente un conjunto de bienes culturales que que se heredan por generaciones, con el propósito de recordar alguna costumbre, creencia, evento o persona. Y yo creo que el mundo moderno lo único que ha hecho es apartarnos de la esencia y el propósito primordial, y nos ha encaminado a un mundo donde el mercadeo y la publicidad ya definen nuestras tendencias. Celebrarle a Santa Claus su 24-25 de diciembre opaca vulgarmente al verdadero propósito de la tradición original, que es sin duda alguna el nacimiento de Jesús. De la misma forma, el Conejito de Pascua y sus respectivos huevos (sin albur, por favor), también opaca vulgarmente otro evento trascendental en la religión cristiana que fue la resurrección a la vida eterna de Jesucristo. Y sin embargo, igual lo celebramos.Yo creo que para realmente recuperar la identidad y la cultura, es necesario que la redefinamos dentro de nuestro mismo círculo de personas, grupos y países. Porque al final de cuentas no es el pavo, ni los regalos, ni el arbolito adornado, ni siquiera los huevos de colores, ni el trébol de tres hojas, ni los corazoncitos y el bendito Cupido disparando flechas de corazones a los enamorados. La cultura y la identidad está detrás de estos objetos con la amistad, el amor, el compañerismo, la convivencia, el recuerdo, la devoción y el afecto que debemos conservar como seres humanos. Una vez olvidamos estos verdaderos significados, le perdemos el sentido a la tradición. Yo por mi parte me voy a dar una gran comida de pavo, en compañía de unos excelentes amigos a los cuales les tengo mucho aprecio y cariño y daré gracias, como debería darlo todos los días de que sigo aquí, vivo y compartiendo con gente la cual, sin duda alguna es la que me identifica como lo que soy realmente y no me justifica con idealismos estúpidos del mundo moderno. Si quieren cultura, deben primero aprender a recibirla, y no a juzgarla.
A plus. Perdón, quise decir 100 puntos.
ResponderEliminar@Dreego me gusta tu estilo :)
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