viernes, 2 de septiembre de 2011

Piratería Anónima Parte 1: ¿Real o Hechizo?

Me imagino sentado en un cuarto con gente diversa, en un silencio casi mortal, donde levemente se puede divisar por la ventana vendedores ambulantes y mercaderes de mal aspecto promocionando sus 5 películas por Q100 en estrenos taquilleros. Me hacen levantarme para mi confesión. Me ajusto la chaqueta, pongo la frente en alto y digo: "Soy Rodrigo Martinez y soy un ex-consumidor pirata en recuperación. Hace seis meses consumí mi última película pirata". Todos me aplauden y me reconfortan con palmadas en la espalda. Pero al final de cuentas el orgullo es propio, y es cierto. De hace un tiempo para acá, he intentado (y afortunadamente logrado) evitar comprar productos piratas. Eso incluye hasta incluso, descargar software para mi PC, o aplicaciones para mi móvil. Todo pagado, todo de mi sueldo, y todo sin arrepentimiento.

 

Muchos comparan la piratería con la moral, y se ven constantemente en anuncios en los cines y en los DVDs. La famosa frase infantil "tengo un papá pidata" ya se ha convertido en un cliché de la sociedad latinoamericana moderna. Pero detrás de los anuncios hay algo muy claro, que tal vez no lo expresan tan bien como los anuncios de prevención de consumo de tabaco o drogas, y es que la piratería es también un mal latente en nuestras sociedades. Es un mal a nivel económico de grandes proporciones y desafortunadamente, tanto el productor como el consumidor no se han puesto de acuerdo al momento para evitarla. 

El problema es sencillo, pongamos el ejemplo: una productora de cine lanza un "éxito taquillero" al cine, habiendo gastado una millonada para una hora y tantos minutos de entretenimiento audiovisual. Para poder obtener un retorno de inversión, calculan que la película debe producir el 100% de ingresos en un lapso de tiempo, y un 20% adicional en meses/años posteriores. Para esto se hace una distribución masiva a todas las salas de cine del mundo, con estrategias de mercado muy fuertes. La hora de la verdad llega, y en muchos países podrán tener sobreventa de taquilla por algunos días, y luego esto merma mucho más pronto de lo esperado. Sin embargo, en otro lugar desconocido por ellos, comienza una distribución masiva de su "éxito taquillero" sin la calidad de imagen y sonido con que se lanzó originalmente, y con un retorno de inversión de 0% a la productora. Pero si se realiza una encuesta, el 100% del público esperado a visualizar la película la ha visto y emite sus críticas. Ante la productora, este "éxito taquillero" fue un fiasco, y probablemente los fanáticos de esta película ya no tengan una secuela esperada. Lo más insólito, gente que no pagó por ver la película en el cine hace comentarios en medios de comunicación como "está malísima: mal sonido, malos efectos, mala calidad de imagen" o "devuélvanme mi dinero. ¡Ladrones!". ¿Cual dinero? ¿Qué ladrones? Es obvio suponer que todo esto es la consecuencia de la piratería.

Pongamos ahora el ejemplo aplicando la "piratería" en un caso fuera del contexto pirata común: Vamos al supermercado, y vemos que la bolsa de frijoles tiene un precio alto, mucho más allá de nuestro presupuesto. Así que nos vamos al "mercadito" de al lado, donde conseguimos la "misma marca" de frijoles a un precio imposible de creer. Vamos a casa y preparamos los frijoles en la cacerola, con cebolla y ajo, listos para servir. Ya en la mesa, le damos el primer bocado a nuestros frijoles solo para sentir una textura porosa, chiclosa y plástica. Cual es nuestra sorpresa que nuestros frijoles resultaron ser bolitas de poliestireno expandido (o coloquialmente conocido como duroport) pintados de café. Nos sentimos insultados, molestos, estafados. Pero, ¿Saben qué? Aunque lloremos, hagamos un berrinche y regresemos al "mercadito" a reclamar nuestro dinero de regreso, vamos a ir a gastar hígado y tiempo por gusto. Y luego entre todo ese desborde de pensamientos y molestias nos llega la pequeña espina inevitable en el subconsciente que cuesta mucho aceptar y que preferimos evadir con hipocresía, que nos dice: "La culpa es nuestra".

Un ejemplo más, para continuar con el impulso: Eres un artista que ha dedicado años a su arte, con mucho sudor, y has sacrificado mucho por lograr tu primera obra: Un cuadro de 5 metros hecho con matices hermosos, con una técnica única y primera en el mundo, y sabes que es tu obra maestra, probablemente valorada en miles de dólares. Haces una exposición y colocas tu obra maestra en el centro, a la vista de todos, mientras comienzas a hacer relaciones públicas con los asistentes. Termina la exposición y te sientes algo decepcionado que, a pesar de recibir muchos halagos, tu obra maestra sigue allí, intacta, sin un comprador potencial. Días después sales a la calle, y cerca del parque divisas un hombre vendiendo imágenes impresas. Te asomas a observar y sientes un dolor fuerte en el estómago, casi nauseabundo cuando ves a tu "obra maestra" mal impresa en papel corrugado, en un tamaño mucho menor, vendiéndose a míseros centavos, que incluso por ironía de la vida, nunca van a llegar a tu bolsillo. ¿Cómo se sentirían si esto les pasara a ustedes?

¿Saben qué? Yo no escribo esto para cambiar formas de pensar, más que presentarles mi punto de vista. Hay muchos allá afuera que son felices comprando producto pirata, y lo hacen porque sencillamente la vida es tan difícil hoy en día que una ida al cine definitivamente es un lujo de pocos. No los juzgo, tienen razón de hacerlo. El problema es que hay que definitivamente llegar a un punto intermedio, donde nos pongamos de acuerdo el productor con el consumidor. Porque en el contexto menor es solo un disco compacto con una película de mala calidad, pero en el macro contexto, practicar un estilo de vida pirata es plantarse el guante y aceptar que uno recibe lo que uno da: a menor, menor y a mayor, mayor ¿No creen? En la vida es imposible plantar una piedra para que crezca un roble. Quien encuentre la fórmula definitivamente será un mago y el producto es nada mas que un hechizo. ¿Por qué creen que se llama hechizo? Por la sencilla razón que no es real. 

Personalmente soy feliz de mi decisión de evitar la tendencia pirata, porque siento que como consumidor al hacer las cosas por la vía legítima me permite obtener un buen producto o servicio, y de no ser así me da todo el derecho de poder reclamar al respecto. A mi me gusta vivir una vida real, que me mide exactamente dentro de mis capacidades para obtener lo que quiero. Una vida hechiza eventualmente se desploma, porque no tiene los fundamentos apropiados para crecer encima de ella. 

¿Que prefieren ustedes: real o hechizo?