En la antigua Roma, luego de finalizado el gobierno de un emperador, el sucesor al trono ejecutaba la práctica de "damnatio memoriae", que consistía básicamente en eliminar todo registro y memoria concreta de esa persona, para hacerla parecer como que nunca existió. Todo esto se realizaba con el fin de preservar el honor y prestigio de la república romana. Esta práctica se extendió a lo largo de los siglos en diferentes culturas, con el propósito principal de eliminar a los traidores y difamadores de un gobierno o país. Y fue así como la historia "obvió" de contar muchas cosas que realmente ocurrieron. Partiendo de esto, la práctica del damnatio memoriae es algo que eventualmente fue calando en el instinto humano por su naturaleza a olvidar lo obvio y evitar así comprometerse a más problemas. Lo que nunca se percataron es que, al obviar los problemas simplemente se hicieron más grandes a sus espaldas; eventualmente les revienta en la cara. En Guatemala, sufrimos de tanto agobio, tanta pena y tanto trauma que el olvidar es de nuestros mejores talentos. Por ejemplo, ¿quién recuerda con exactitud las controversias de gobiernos anteriores? Segurisimamente nadie, aunque todos asumen lo mismo: "Ladrones, corruptos, matones...", la lista es demasiado extensa. Todo este agobio ha causado que nuestro diario vivir esté intrínsecamente enfocado en el hoy. Todo lo de ayer es pasado, vuelta de hoja y a seguir caminando. El problema es que mientras eliminamos los agobios de nuestra memoria, nadie los resuelve. Los asesinatos diarios a familiares y amigos son procesos que, si no es porque nos gobiernan los sentimientos encontrados, seríamos unas máquinas de enterrar gente. Los asaltos a plena luz del día ocurren con normalidad que ya servimos exclusivamente para tener dos propiedades: la nuestra, y la del ladrón. Nos consume el malestar de vivir en un Estado de gobierno colapsado. Pero tristemente, aceptamos la resignación, volteamos la cabeza y asumimos que nada de lo que se mencionó ocurrió del todo. Personalmente, acepto que muchas veces he hecho esto que menciono. Mea culpa. No obstante, cuando lo recuerdo todo, me encoleriza que sigo yo aquí sin hacer nada y como una droga adictiva, vuelve a anestesiarme con una dosis embriagante de olvido. Creo que por eso decidí alguna vez dejar todo escrito por estos rumbos, para releer y esperar que para entonces lo que yo haya escrito ya ha cambiado. De las primeras cosas que escribí en este blog fue justamente como me impactó el contraste de noticias que ocurren diariamente en los periódicos locales. El día de ayer no fue la excepción, leyendo por un lado el asesinato de la joven Jennifer Prentice, que junto a otras dos personas fallecieron por "Estar en el lugar incorrecto, en el momento incorrecto" de acuerdo a las declaraciones del ministro de Gobernación del país. Del otro lado del diurno, la señora del Presidente de Guatemala aparece intentando hacer una jugada futbolística en la inauguración de nuevos campos deportivos al cual invirtieron 23 millones de quetzales. Quienes nunca van a olvidar la lamentable pérdida humana serán todos los familiares y amigos de Jennifer, ni de los otros dos fallecidos, y con justa razón. Esta chica era un modelo ejemplar de un futuro ciudadano, dígno y fiel de querer hacer de nuestro país una mejor nación. Ahora bien, lo que si les aseguro es que esos 23 millones invertidos en esos campos de futbol, son simplemente un capricho a consentir de una nación que sufre de amnesia colectiva. Y que en 5 años los únicos que se van a recordar de esa "bondad presidencial" son los futbolistas que irán a echarse su chamusca correspondiente el fin de semana. Los demás en 5 años vamos a estar preguntándonos: ¿Cuales 23 millones? Nuestra Guatemala se muere más cada día; los buenos se están yendo a otros países o los están deportando de forma violenta a otros mundos. Y nos vamos quedando pocos, desorganizados y desorientados que no encontramos como ponerle colectivamente un rumbo a esta nación. El crimen organizado se organiza más, crece y nos subyuga a su discreción. El gobierno vive como sanguijuelas de nuestros ingresos, y nos silencia con sus amenazas. Pagamos impuestos porque tememos a que nos vaya peor, pero honestamente yo les pregunto: ¿Que tan peor nos puede ir a como estamos ya? Si estamos en la miseria, estamos en guerra, estamos a un paso de nuestro sepulcro, estamos en la antesala del infierno. La autoridad existe sobre nosotros, pero desafortunadamente es inexistente con los criminales y corruptos. Yo simplemente no quiero seguir olvidando. Ya olvidé demasiado, y se me volvió costumbre. Ya mi costumbre es obviar lo aparente, y aparentemente estamos mal. Este país necesita cambios drásticos, y solo pueden hacerse cuando la gente comience a recordar lo bueno para continuar viviéndolo y lo malo para evitar que ocurra de nuevo.
"Aquellos que no recuerdan su pasado, están condenados a repetirlo"
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