lunes, 26 de enero de 2015

Un Olvido lleno de Memorias

Nuevamente pasan cuatro años y "celebramos" de nuevo las famosas campañas políticas: Mismos protagonistas, diferentes bandos, algunas nuevas caras, pero todo formando un círculo vicioso que todavía no muestra donde inicia, y menos aún, dónde podría terminar.

Lo que si es cierto es que tenemos una terrible memoria. Tan terrible que de repente reaparecen ilustres figuras de nuestro turbio pasado político, intentando dar una cara fresca a todo este circo. Como el caso de una ex primera dama, hoy con nombre propio, modernizándose y haciendo amistades nuevas a diestra y siniestra, buscando nuevos adeptos en las redes sociales, los cuales hace ocho años eran apenas jóvenes estrenándose en la pubertad y les valía un carajo la política del país. O aquel ex presidente prófugo de la justicia, que limpió las arcas del Estado en su tiempo de gobierno, a tal punto que el último día antes de entregar su puesto, se llevó hasta el el despacho presidencial y dejó solo un teléfono en un banquillo; ese ex presidente hoy reaparece habiendo "pagado su condena" de haber robado a millones de guatemaltecos, listo para eventualmente militar mas de alguno de los tantos burdeles partidos políticos que ostentan con muchas ansias su retorno.

Sin ir tan lejos, se nos olvida cómo hace un par de años un supuesto doctor en derecho es condenado por su propio ego y soberbia al lanzar un libro a manera de disertación, solo para descubrirse que había plagiado párrafos ad verbatim otros autores sin proporcionar la cita correspondiente, lo que lo obligó a retirar inmediatamente dicho libro. Y peor aún, dicho fraude invita a continuar la investigación a su persona, encontrando sin sorpresa alguna, que su tesis de doctorado es una copia textual de diferentes elementos sacados del Internet. Irónicamente, su alma mater, en lugar de condenar el acto y retirar el título, se inclina impunemente al cinismo y defiende sin fundamentos la tesis, dejando claro que su interés como entidad universitaria es demostrar que el título no lo gana quien es más estudiado, sino el quien tiene dinero para comprarlo.

Nuestro país sufre de una condena eterna de olvidar por conveniencia. Sufrimos de una estúpida resignación a vivir "lo que es" por temor a represalias. Yo no sé qué bruja o qué hechicero vino y puso una maldición en este país para que tengamos que vivir ciegos de la impunidad, dándole ilustres títulos a villanos que de una forma u otra tienen como misión de vida hacernos ver como un colectivo de idiotas conformistas que luego no tenemos cómo quejarnos porque nosotros mismos los pusimos como líderes de nuestro país.

Yo ya me harté de lo mismo de siempre: demagogia, cinismo, impunidad, arrogancia. Gente que se olvida que el pueblo fue quien los ha elegido, y que el pueblo tiene el mismo poder de quitarlos de allí. Este país se hunde en las inmensas trivialidades del día a día: violencia, hambre, desempleo, discriminación, segregación social y corrupción. Poco a poco nos ahorcamos entre nosotros mismos en lugar de estar buscando como progresamos juntos. Cada día, una ilusión más se pierde, y se crece más en aceptar las cosas "como son".

Pero nunca es tarde, siempre existe una pequeña semilla que sobrevive a medio desierto. Todavía no hay nuevo presidente electo, todavía no están echadas las cartas. Aún queda tiempo para tener mejor juicio crítico de lo que tenemos, y de lo que nos puede cambiar para bien. Es nuestro deber como hijos de este país velar porque nuestra República sea administrada por personas que tengan un mejor juicio por darle un gran futuro a esta nación. Imaginemos nuestro país como empresa: necesitamos un CEO que tenga el perfil apropiado para administrarla. Es importante que nos metamos de cabeza al asunto: escudriñemos el pasado de cada uno de éstos, juzguemos con propiedad sus trayectorias, decidamos si son o no lo mejor para nuestro futuro y el de nuestros hijos, porque al final nuestra vida es limitada y lo único que queda es velar que lo que les dejemos a ellos sea lo mejor de nosotros mismos.

Mientras nos domine este olvido, anestesiando el miedo de tener algo mejor, seguiremos viviendo un país forjado de leyes a la inversa, donde se castiga al honesto y se apremia al corrupto.

Cierro con un poema de Mario Benedetti, apropiado para esta ocasión:

"Ah las primicias / cómo envejecieron
cómo el azar se convirtió en castigo
cómo el futuro se vació de humildes
cómo los premios cosecharon premios
cómo desamoraron los amores
cómo la hazaña terminó en sospecha
y los oráculos enmudecieron

todo se hunde en la niebla del olvido
 pero cuando la niebla se despeja
el olvido está lleno de memoria."