viernes, 24 de septiembre de 2010

Érase una vez, en Chapinlandia...

Recientemente me mandaron un correo donde contaban la historia de la hormiga y la cigarra en versión chapina, y además de darme la vergüenza correspondiente, me pareció interesante como la reacomodaron de acuerdo a la actualidad chapina.

Por esa razón he decidido también compartir un par de cuentos más para niños en la versión chapina:

Cuento 1:

Érase una vez, en Chapinlandia una señorita que solía vestir una capa roja por las constantes lluvias que azotan el país, y todo la gente que la conocía le decían "Caperucita Roja". Esta señorita solía ir a visitar a su abuela todos los domingos a una casa ubicada en una colonia en el borde de las afueras de la ciudad, y le llevaba el supermercado correspondiente, además de una que otra cosilla adicional como algún dinero recibido de la remesa que solía enviar la madre de Caperucita desde Estados Unidos.

Un domingo como cualquiera, saliendo Caperucita de su casa, un carro sedán con vidrios polarizados se estacionó enfrente de ella y se bajaron dos hombres, apodados "El Lobo" y "El Coyote", armados hasta los dientes y la obligaron a meterse con todos sus cachivaches en el automóvil. Al pasar de unas horas, la abuelita preocupada de la tardanza de su nieta, reportó a las autoridades de que algo podría haberle pasado a Caperucita. El señor policía le dijo a la abuelita que no se preocupara, que igual todos estaban ocupados en la estación repartiéndose las tranzas del día. Al llegar el atardecer, tocaron la puerta de la casa y al abrir la abuelita vió un costal manchado en sangre y cuando la abrió vió horrorizada que le habían entregado a Caperucita Roja descuartizada con una nota que decía "Esto le paso a la caperuz por no aber respetado el paso ni pagado la mordida, exijimos que nos pague sino va a correr zangre".

La abuela inmediatamente llamó a su comadre triste y preocupada y su comadre le recomendó que llamara al que le decían Jonter (por Hunter de "cazador" en inglés), para que le arreglara el asunto. el Jonter le cobró mil varas, y le dijo que el lunes en la tarde le tenía el recadito hecho. Fue el Jonter entonces a la colonia donde vivía El Lobo y después de espiarlo por horas, cuando salieron en el carro con El Coyote, a la vuelta de la esquina les atravesó el carro y les vació dos tolvas con su AK47 hasta quitarles el último respiro.

Y todos (los demás corruptos) vivieron felices el resto de sus vidas. Fin.


Cuento 2:

Érase una vez en Chapinlandia, un carpintero que se llamaba Antonio que tenía un tremendo talento para trabajar la madera. Un día, la pata de su mesa se rompió así que decidió hacerle una nueva, por lo que tomó una pieza de pino y justo antes de hacerla trizas, esta gritó "¡¡No me cortes!!". Antonio, que odiaba a los niños decidió regalarle su pedazo de madera a su hermano Manuel, quién luego de percatarse que la madera hablaba decidió darle forma de niño. Lo ensambló, le puso color y barniz y le llamó Alvarocho. Lo curioso de Alvarocho fue que cuando Manuel decidió darle forma a la cara, vió que su nariz le crecía. Y cuando Manuel le dió forma a las piernas, Alvarocho le pateó y comenzó a portarse como un niño travieso.

Un día, Alvarocho deseoso de conocer el mundo y cuando pudo salió corriendo de su casa. En el camino conoció a un militar que se dió cuenta de que a Alvarocho lo habían tratado mal en su casa, a lo cual manda a asesinar a Manuel. Alvarocho entra en pánico y regresa a la casa de Manuel a buscar algo de comer, y en la casa conoce a un grillo mágico que había vivido durante siglos en la casa y le dijo que "los niños malos que no hacen caso, crecen como burros". Alvarocho le enojó esto y mató al grillo.

Alvarocho entonces no le queda otra que aventurarse al mundo, y en el camino se topa con un grupo de personas que habían formado un circo. Alvarocho decide que esa sería su vida, ¡dedicarse al circo!. Se une al circo y se da cuenta que, a diferencia de las demás personas, el era un niño de madera, por lo que se pone a pedir al cielo que un día fuera un niño de verdad. Al cabo del tiempo, Alvarocho se mete en problemas con un desvío de dinero que había ingresado en la taquilla y que lo utilizó para su uso personal y cuando le cuestionan si él había sido el que lo había tomado, el lo niega a lo cual su nariz comienza a deformarse. Le piden que por favor diga la verdad, a lo cual el se enoja y dice "¡Todo lo que digo es cierto!". Ni terminando de decir la última palabra, nota que su nariz se congestiona y le impide poder hablar correctamente.

Todos se burlan de Alvarocho y él decide crear otro circo. Lo llegaría a llamar el Circo de la Nueva Esperanza. Lo que no se percata Alvarocho es que cada vez que se metía en más problemas, su cuerpo se iba deformando más y más por continuar mintiendo. En un pueblo donde visita con el circo, conoce a una bruja, y esta lo convence que si se juntan, podrán ser dueños del país entero, y que ella le daría el beso real que lo haría hombre. Alvarocho acepta y luego de perseguir una carrera política, le gana en la contienda al militar que mató a su padrastro Manuel, y se vuelve presidente del país.

Siendo presidente del país, se mete en más problemas y su cuerpo se deforma completamente hasta volverse un burro, y al pedirle a la bruja que le diera el beso real que lo haría hombre, la bruja lo rechaza y le dice "Solo te utilicé para hacerme yo más poderosa".

Y (el burro de) Alvarocho y (la bruja de) su mujer vivieron felices (destruyendo el país) por siempre. Fin.


Espero que les haya gustado, y más aún espero que NUNCA tenga que contárselos a mis hijos, porque como guatemalteco me es extremadamente vergonzoso seguir viviendo en un país en el que no se viven "Cuentos de hadas" sino "Pesadillas de Mil Demonios".

viernes, 10 de septiembre de 2010

Lunes, 10 de septiembre de 2001

Supongamos que no estamos en el 2010. Supongamos que hoy es un lunes, 10 de Septiembre del 2001.

Uno podía vestir una elegante barba al estílo ZZ-Top combinado con una sotana beige y sandalias, y a lo más que le llegaban a decir a uno era que se parecía a Jesucristo en sus años mozos. Mohamed era el nombre más común en el mundo. Una persona, fuera latino, europeo, africano u oriental, pero de tez morena era visto como "el colocho" ante la gente. Los devotos del Hare Krishna se miraban en cada aeropuerto del mundo, repartiendo libritos, trifoliares y sonando platitos con las puntas de los dedos. Pedir un falafel o un shish kebab era visto con tal normalidad, como que uno se estuviera comiendo una pizza al estilo de Nueva York. Los vacacionistas podían decir en el aeropuerto "¡Qué bomba la vamos a pasar en Cancún!", que el guardia de seguridad simplemente se reía con picardía deseando ser uno de esos vacacionistas. Llegar a EEUU se sentía como que estuviera ingresando a un parque de atracciones; hasta los altoparlantes decían en una tremenda variedad de idiomas "BIENVENIDO A LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA". El agente de migración solía ser un policía a punto de retirarse, que con tremenda amabilidad preguntaba a dónde iba uno, lo felicitaba de su excelente inglés fluído, y le deseaba una feliz estadía en su país. Este agente pertenecía al Departamento de Migración de los Estados Unidos de Norteamerica. Rara vez portaba un arma, rara vez mandaba a un sospechoso al cuartito, y si llegaba alli era sencillamente porque por confusión y casualidad tenía el mismo nombre y apellido que un narcotraficante buscado por la ley. Si uno era culpado, se le entregaban sus documentos de regreso y se daba una muy cordial disculpa. Los nacionalizados estadounidenses de padres extranjeros eran recibidos como cualquier otra persona, fuera latino, asiático, europeo o del oriente medio. Entraban al país con equipajes repletos de objetos, mercancías, souvenirs, como quieran verlo. Y los turistas salían de la misma forma: rebalsados de chocolates y obsequios para sus familiares, y hasta con el típico sombrero orejón de Mickey Mouse.

¿Que bonito, no? No es por nada pero a mi me encantaba viajar a Estados Unidos. Era el caché del mundo moderno americano.

Digamos que lo que sucedió más tarde pues ya es cosa de lo que hemos vivido hasta hoy. Hay una más que otra discrepancia de los eventos, así como las decisiones ejecutivas que pusieron al mundo de cabeza. Algunos le dicen conspiración, otros patriotismo, otros fanatismo. Lo que sean opiniones intelectuales no cambian los hechos, y los hechos son simplemente que pasó lo que pasó. La historia sigue siendo trillada, y a la fecha ya hay hasta algunos que se aborrecen y se sienten fastidiados con querer recordar este día. Yo solo sé que se dividió el mundo, y todo por unos fanáticos religiosos con fundamentos pobres e ideologías absurdas.

Triste que por un grupo no mayor de 100 fanáticos líderes, el mundo entró en caos. Triste que la paranoia caló hasta los huesos. Triste que ahora sos o no sos. Si sos, hablás perfecto inglés, te tatuas la bandera norteamericana en el brazo y te entonas el himno en todas las escalas musicales. Si no sos, perdón pero te jodiste. Te ven como leproso, te reciben como que estuvieras entrando a Guantanamo, te espulgan hasta la médula, y si no entendiste lo que te dijeron a la primera cuando te murmuran cualquier tontera, te vas al cuarto de detención. Alli te intimidan, te insultan, te aplican técnicas de psicología reversiva para que aceptés que eres culpable, y luego te montan en un avioncito blanco de regreso a tu casa. Y lo único que querías hacer era tomarte una foto con el Pato Donald. Esta gente ahora trabaja en lo que se llama el Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos.

¿Notan la diferencia? Antes inmigrabas y emigrabas. Ahora puedes ser potencialmente un riesgo a la seguridad nacional. Lo más importante de todo esto es que no es culpa de ellos. De hecho, están haciendo lo más humanamente correcto para que ya no ingrese ese fanático número 101 al país. Y tienen todo el derecho de hacerlo.

Pero también no hay derecho que justos paguen por pecadores. Y he alli la criminalidad del mundo; a pesar que siempre ha existido la discriminación y el odio por diferencias culturales, nunca había sido tan peligroso venir a este mundo con un color de tez, nombre y preferencia religiosa distinta a las "aceptadas" por la sociedad moderna. Ahora, porque un grupito que ni conforma el 1% de la población mundial fue el causante de este caos, se sienten con el lujo de tomar un libro sagrado y ofrecer quemarlo por "patriotismo". Y pueden desnudarte, lincharte, y quemarte solo por tener una idea levemente distinta sin la necesidad de estar ofendiendo a nadie. Porque ahora todos se ofenden, y ya no te la pasas tan "bomba" como antes. Ahora es un mundo de cero tolerancia, y justicia ciega.

Yo honestamente quisiera vivir más en el pasado, y menos en el futuro. Porque vivir en el futuro no solo se ve incierto, sino siniestro. Y yo quiero llevar algún dia a mis hijos a que vean su Mickey Mouse y Pato Donald con tal tranquilidad que pensaría "Hoy es lunes, 10 de septiembre del 2001."

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Lie To Me

Conversando con un amigo extranjero, nos estabamos haciendo burla mutuamente de nuestros modismos (él es costarricense) y por lo visto se conoce demasiado bien a los guatemaltecos porque me compartió la experiencia que ha tenido cuando el chapín se excusa. "Todo comienza con "fijese que...", ya yo sé que luego de eso viene una tremenda excusa o incluso mentirilla".

Y fijense que, tiene razón.

Pueda ser que no solo seamos nosotros los que usamos este modismo, pero sin duda alguna somos los que más frecuente lo utilizamos. Llegar a una tienda a pedir una Coca-Cola y que lo reciban a uno con un "Fijese que el camión de las gaseosas se le pinchó la llanta allá por la Aguilar Batres y entonces llegaron unos extraños a ayudar al camionero y resulta que eran asaltantes y se cargaron todititito el camión en un pickup y se fueron, entonces no hay Coca-Cola". Yo pienso que hubiera sido más breve con simplemente responderme con una pequeña oración, algo como "No hay" y me siento con la suficiencia de juzgar si compro otro tipo de gaseosa o simplemente voy a la siguiente tienda a ver si encuentro Coca-Cola. El tema está en que pareciera que nos ENCANTA contar cuentos.

Yo supongo que gracias a lo cuenteros que somos, de alli nacieron todas las leyendas urbanas. ¿Qué tenía la culpa el pobre chucho con sarna de andar buscando un poco de comida en la madrugada, que se topara con un borracho que malinterpretó sus acciones y al gruñirle en defensa, el cuate sale disparado a su casa? Ya con la mujer esperándolo con el sartén listo para reventárselo en la cara, el marido dice "Fijate que venía caminando a la casa y resulta que a la vuelta de la esquina se me aparece ni nada mas ni nada menos que el meritito CADEJO y ¡me persiguió hasta la puerta! ¡Casi me quedo tirado del espanto!

"Y fijate que el mariachi chaparro que venía de darle serenata a su noviecita era nada más y nada menos que ¡EL SOMBRERON!"

"Y fijate que el Lencho venía pa' su casa y no vés que se le atraviesa aquella mujer bien "guapona" y que se lo llevó a la cumbre y allí ya a punto de dejarse amar, no ves que le resulta ¡LA SIGUANABA! Y ¡SAZ! Que lo avienta hasta el fondo. ¡Casi ni la cuenta!"

Y fijate que... Somos unos cuenteros.

Pero qué bonita, qué linda nuestra creatividad e imaginación. El problema está en que entre tanto cuento, nos paramos creyendo la mentira y luego resulta siendo nuestra excusa del día a día. Y luego entre tanto "Fijese que..." ya quitarse el plante de mentiroso cuesta mucho.

Hay ocasiones en que resulta muchísimo mejor decir la verdad concisa y directa, que redundar en modismos y tratar de esquivar la culpabilidad. Porque luego todos vamos con el "Fijese que..." en la punta de la lengua, y ya ven que hasta los funcionarios públicos de cargos mayores se columpian en la frasesita y allí vamos nosotros más pendejos aún a creerles lo que dicen.

Así que la próxima vez que quiera "ensalsar" su mentirilla a quien sea que se la vaya a decir con un "Fijese que.." recuerde que ese modismo solo está permitido para cuenteros. Y a veces la vida no es tan llena de cuentos como para arriesgarse.

Fijense que por la boca muere el pez, a lo macho, en serio, sin pajas.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Contrastes de un domingo cualquiera

Hoy me levanté con un humor despreciable y eso que me lo advirtieron. "No vayás a leer el periódico hoy, está muy feo". Don Baboso Lleno de Morbo, como nos dicen a algunos por nombre propio, fue y tomó el periódico en sus manos y comenzó a alimentar el sistema inmunológico de purititito virus social. Invierno Fatal: 22 muertos, 150 desaparecidos, 4,000 evacuados y 29,000 damnificados. La infraestructura vial completamente colapsada, puentes caídos, deslaves. Se declara estado de emergencia a nivel nacional. 

Más aún me sorprende que luego de leer tanta noticia impactante, en otro lado del país, se dieron cita artistas y personalidades de la farándula para entretener a gente que desbordó sus corazones y billeteras para recaudar Q11 millones en solamente dos días. ¡Dos días! Este dinero ya esta destinado para gente con discapacidades, a lo que yo digo: ¡Enhorabuena por ellos! Pero desafortunamente, el problema anterior del invierno (o infierno) fatal, persiste. Y yo hasta el momento no he visto muchas personas interesadas en desbordar sus corazones, billeteras y músculos en ayudar a los que ahora están sufriendo en este mismo instante. Y dudo aún que esto vaya a suceder en los siguientes días. Dudo más incluso que se pueda o que quieran hacerlo.

Por otra parte, el Presidente de este país declara estado de emergencia a nivel nacional y advierte que si el Congreso no aprueba la readecuación presupuestaria (y con eso, modificaciones fiscales y tributarias), el país se paralizará. Mientras tanto, capturan a un asesor presidencial de un gobierno anterior que desvió Q120 millones para cuentas propias. Esto se suma a otra millonada de plata que miembros del gobierno han utilizado para gastos y fondos personales. Y el pueblo sigue pagando los platos rotos, desembolsando más dinero para "presupuestos" de rehabilitación y reconstrucción, sin ni siquiera tomar en cuenta o incluso proceder a mejor perseguir, capturar y recuperar todo el dinero que se han robado a descaro. Es un círculo vicioso de nunca acabar.

Me da pena pensar que como chapines, nos dividen tres factores: la hipocresía, la individualidad y la indiferencia. Yo no tengo que decir ejemplos para que puedan verlo, porque si se ponen una mano en la conciencia y la otra en el corazón, sabrán que lo que digo es cierto. Crudo y cierto. Si el mismo Presidente ya se columpió en estar hurgando nuestras billeteras para uso personal (e intransferible), y por otra parte existen organizaciones privadas que realizan recolectas millonarias por una causa específica, ¿Por qué el país sigue estando tan desahuciado? ¡Porque nos dejamos! 

¡Dejemos de estar dejándonos! Si las ideas existen, si los movimientos están ya creados, y si las organizaciones ya están organizadas, demos el paso adelante. ¡HAGAMOS! Porque si a mi me preguntan, para ser verdaderamente patriótico hay que carecer de los tres factores mencionados anteriormente. y más aún, ¡Hay que declararlos crímenes a la moral! Si no hacemos nada, la hipocresía, individualidad e indiferencia son los pecados que harán que este Infierno fatal continúe, y ojalá no llegue el día que nos lamentemos tarde, porque allí ya no habrá remedio. 

Todo temprano eventualmente se vuelve tarde, y para ciertas cosas no hay "más vale tarde que nunca".