miércoles, 17 de octubre de 2012

Guatemediocre

Hace aproximadamente un mes decidí separarme de las redes sociales por 30 días para experimentar un poco de sanidad mental sin tecnología. Siendo yo un casi adicto al Twitter y Facebook, me resultó difícil los primeros días, e incluso me percaté que de no estar en comunicación con el mundo, estaba tan desactualizado que me enteraba de cosas que sucedían durante el día con horas de diferencia. Así que mejor decidí que esporádicamente entraría a las redes sociales solamente para darle "un vistazo" sin necesidad de interactuar en ellas.

Fue con esta decisión que me di cuenta de algo aterrador: los guatemaltecos que tienen acceso a las redes sociales son personas pesimistas, negativas, controversiales, quejumbrosas, alharacas, inconformes, y sobre todo mediocres. No hay noticia ni artículo de opinión que se publique en las redes sociales que no sea comentada de una forma despectiva, o que genere conflicto, pero sobre todo que acumula una negatividad enorme y se esparce a las demás personas como virus letal. 

Muere una persona con dinero en Guatemala por un accidente en su helicóptero y no faltó aquellas personas negativas y resentidas que, en lugar de darle respeto póstumo a esa persona, simplemente comentaron groserías fuera de lugar. Luego ocurre una manifestación que concluye con un encontronazo entre campesinos y militares, y desgraciadamente fallecen unos campesinos. Inmediatamente pude ver la polarización, la segregación de mis chapines: Unos se volvieron racistas, otros revolucionarios, y otros se ahogaron en la paranoia del conflicto armado de los años ochenta. Pero a la fecha ninguno le rindió respeto a los fallecidos, Y más reciente, una amiga comenta una situación que tuvo con un restaurante de comida rápida, y no faltó la comitiva de guatemaltecos insolentes que se montaron encima tanto en los comentarios de mi amiga como los del restaurante. Y para más joder, ella se disculpa públicamente por haber sido un error, y la comitiva la acusa de traidora de la Patria.

Todos los días es la misma cosa: Quejas del gobierno, quejas de la autoridad, quejas de las manifestaciones, quejas de los productos y servicios del país, quejas de la gente mediocre hechas por gente más mediocre aún. Es un ciclo que nunca acaba, una espiral de opiniones y comentarios que asemeja al agua de un inodoro. 

El problema es que el guatemalteco ordinario ya se acostumbró a la mediocridad; es parte de su diario vivir. Eligen a un gobierno, pero se desentienden de él durante 4 años. Se enteran de una noticia y antes de indagar la verdad, se encolerizan y vomitan pestes por las redes sociales, apuntan el dedo sin darse cuenta que tres de la misma mano le apuntan de regreso, son irrespetuosos, maleducados y les encanta hundirse en un rumor sin fundamentos antes de afrontar la realidad. Le hace falta coraje, se siente oprimido, amedrentado, violado. Tiene una empatía invertida: en lugar de comprender la situación de sus allegados, la castiga con insultos. 

Creo que la única solución que tiene el guatemalteco para resolver este mal es tomando conciencia y abrazando el cambio. Una cosa es ser hipócrita y hacerse de la vista gorda a los problemas, otra es ser realista e intentar afrontar los problemas con una mejor cara, aprender a callar cuando es necesario, reconocer que el arma letal contra la insolencia es el respeto, y realmente creer que en uno mismo está el cambio. Pero si el guatemalteco sigue siendo ajeno a estos valores, continuará hundiéndose hasta colapsar.

La única esperanza que tengo hoy es en mi propia persona, porque esperar que mis paisanos cambien es esperar a que caiga nieve en el desierto. Lo mejor que puedo hacer hoy está en mis manos y en mis acciones, y definitivamente si algo aprendí de esta experiencia es que la sociedad siempre estará enferma, pero no queda más que uno mismo para darle la cura. 

Si yo no cambio, nadie lo hará por mi, pero si yo pongo el ejemplo, alguien podría emularlo algún día.