viernes, 10 de septiembre de 2010
Lunes, 10 de septiembre de 2001
Supongamos que no estamos en el 2010. Supongamos que hoy es un lunes, 10 de Septiembre del 2001.Uno podía vestir una elegante barba al estílo ZZ-Top combinado con una sotana beige y sandalias, y a lo más que le llegaban a decir a uno era que se parecía a Jesucristo en sus años mozos. Mohamed era el nombre más común en el mundo. Una persona, fuera latino, europeo, africano u oriental, pero de tez morena era visto como "el colocho" ante la gente. Los devotos del Hare Krishna se miraban en cada aeropuerto del mundo, repartiendo libritos, trifoliares y sonando platitos con las puntas de los dedos. Pedir un falafel o un shish kebab era visto con tal normalidad, como que uno se estuviera comiendo una pizza al estilo de Nueva York. Los vacacionistas podían decir en el aeropuerto "¡Qué bomba la vamos a pasar en Cancún!", que el guardia de seguridad simplemente se reía con picardía deseando ser uno de esos vacacionistas. Llegar a EEUU se sentía como que estuviera ingresando a un parque de atracciones; hasta los altoparlantes decían en una tremenda variedad de idiomas "BIENVENIDO A LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA". El agente de migración solía ser un policía a punto de retirarse, que con tremenda amabilidad preguntaba a dónde iba uno, lo felicitaba de su excelente inglés fluído, y le deseaba una feliz estadía en su país. Este agente pertenecía al Departamento de Migración de los Estados Unidos de Norteamerica. Rara vez portaba un arma, rara vez mandaba a un sospechoso al cuartito, y si llegaba alli era sencillamente porque por confusión y casualidad tenía el mismo nombre y apellido que un narcotraficante buscado por la ley. Si uno era culpado, se le entregaban sus documentos de regreso y se daba una muy cordial disculpa. Los nacionalizados estadounidenses de padres extranjeros eran recibidos como cualquier otra persona, fuera latino, asiático, europeo o del oriente medio. Entraban al país con equipajes repletos de objetos, mercancías, souvenirs, como quieran verlo. Y los turistas salían de la misma forma: rebalsados de chocolates y obsequios para sus familiares, y hasta con el típico sombrero orejón de Mickey Mouse. ¿Que bonito, no? No es por nada pero a mi me encantaba viajar a Estados Unidos. Era el caché del mundo moderno americano. Digamos que lo que sucedió más tarde pues ya es cosa de lo que hemos vivido hasta hoy. Hay una más que otra discrepancia de los eventos, así como las decisiones ejecutivas que pusieron al mundo de cabeza. Algunos le dicen conspiración, otros patriotismo, otros fanatismo. Lo que sean opiniones intelectuales no cambian los hechos, y los hechos son simplemente que pasó lo que pasó. La historia sigue siendo trillada, y a la fecha ya hay hasta algunos que se aborrecen y se sienten fastidiados con querer recordar este día. Yo solo sé que se dividió el mundo, y todo por unos fanáticos religiosos con fundamentos pobres e ideologías absurdas.Triste que por un grupo no mayor de 100 fanáticos líderes, el mundo entró en caos. Triste que la paranoia caló hasta los huesos. Triste que ahora sos o no sos. Si sos, hablás perfecto inglés, te tatuas la bandera norteamericana en el brazo y te entonas el himno en todas las escalas musicales. Si no sos, perdón pero te jodiste. Te ven como leproso, te reciben como que estuvieras entrando a Guantanamo, te espulgan hasta la médula, y si no entendiste lo que te dijeron a la primera cuando te murmuran cualquier tontera, te vas al cuarto de detención. Alli te intimidan, te insultan, te aplican técnicas de psicología reversiva para que aceptés que eres culpable, y luego te montan en un avioncito blanco de regreso a tu casa. Y lo único que querías hacer era tomarte una foto con el Pato Donald. Esta gente ahora trabaja en lo que se llama el Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos. ¿Notan la diferencia? Antes inmigrabas y emigrabas. Ahora puedes ser potencialmente un riesgo a la seguridad nacional. Lo más importante de todo esto es que no es culpa de ellos. De hecho, están haciendo lo más humanamente correcto para que ya no ingrese ese fanático número 101 al país. Y tienen todo el derecho de hacerlo. Pero también no hay derecho que justos paguen por pecadores. Y he alli la criminalidad del mundo; a pesar que siempre ha existido la discriminación y el odio por diferencias culturales, nunca había sido tan peligroso venir a este mundo con un color de tez, nombre y preferencia religiosa distinta a las "aceptadas" por la sociedad moderna. Ahora, porque un grupito que ni conforma el 1% de la población mundial fue el causante de este caos, se sienten con el lujo de tomar un libro sagrado y ofrecer quemarlo por "patriotismo". Y pueden desnudarte, lincharte, y quemarte solo por tener una idea levemente distinta sin la necesidad de estar ofendiendo a nadie. Porque ahora todos se ofenden, y ya no te la pasas tan "bomba" como antes. Ahora es un mundo de cero tolerancia, y justicia ciega. Yo honestamente quisiera vivir más en el pasado, y menos en el futuro. Porque vivir en el futuro no solo se ve incierto, sino siniestro. Y yo quiero llevar algún dia a mis hijos a que vean su Mickey Mouse y Pato Donald con tal tranquilidad que pensaría "Hoy es lunes, 10 de septiembre del 2001."
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario