viernes, 4 de septiembre de 2015

Dicotomía de Aquí y Allá


Que difícil es despedirse. Difícil es verse a los ojos y no saber si un "Hasta pronto" o un "Adiós" es más conveniente. Difícil es elegir entre quedarse y hacerle huevos, o irse y jugársela en territorio desconocido. Hoy más que nunca entiendo a aquellos que toman sus maletas para irse al norte, y déjenme decirles que vivirlo del lado del que se va, no es para nada fácil.

Al principio comienza como una idea, un concepto. Comienza con rehusarse a aceptar esas frases conocidas de "es lo que hay" y "no queda de otra". Se vive diariamente desde que pones pie en la calle, donde tu incertidumbre de saber si regresarás a tu casa es lo primero que se viene a la mente. Luego está el camino complicado, donde las oportunidades laborales son tan escasas y mientras tu interior dice "yo soy mejor que esto", tu exterior te dicta normas laborales completamente distintas. Cambias el sueño de una vida próspera por una realidad de salario que paga poco y exige mucho. Luego escuchas de alguien que su primo / tío / hermano le está yendo bien "en el Norte". Te convences que estás desperdiciado, que tu talento es de pocos, que la vida se te va entre la hipoteca, la extorsión académica que cobran por la educación de tus hijos, las cuentas exageradas de los hospitales, y, y, y... ¡Basta! Cambias tu pensamiento, indagas, te involucras, te avientas. Y te sale.

Aquí entra el conflicto interior, porque no estás solo. Tal vez muy independiente, pero de tus frutos se alimentan tus hijos y tu pareja. "Es temporal", te dices a ti mismo. Mientras pasan los días te cruzas con gente que te admira, otros que te envidian, y otros que desconfían. Y luego llega la fecha, en que te detienes en frío y sabes que la decisión que has tomado no tiene retorno.

El último día, te levantas muy temprano y te das cuenta que desde tu ventana nace un sol bellísimo, que ilumina las nubes de un color naranja tornasol. Vas a la habitación de tus hijos, que duermen como un par de angelitos. Cuando se despiertan, te enamoran con la mirada y te derriten con la sonrisa, y escuchas como cada vez que te hablan, lo hacen con el corazón lleno de orgullo. Tu pareja luce radiante, como si fuera la primera vez que la vieras. Transcurre el día y comienzan las tristes despedidas. Comienza a desfilar gente que llega a darte un abrazo y a decirte cuánto te quieren y te admiran, y te das cuenta que no estás listo para dejarlos. Pero ya es tarde para ello, tu futuro está en otro lado, lo ha estado siempre desde el momento que decides partir.

Tratar de explicarle a tus hijos pequeños que te irás a un largo viaje es confuso. Inventas alguna fantasía para alivianar el pesar. Pero sabes que dentro de ti, te van a hacer falta esos bracitos rodeando tu cuello en un abrazo inocente. También te van a hacer falta los besos de tu pareja, la forma como discuten sin sentido y se ríen sin sentido también. Te hará falta la comida casera que solo tu abuela sabe hacer, las horas de sala con tus padres. Te harán falta tus familiares y amigos, que aunque muy frecuentes o esporádicos que se reunieran, siempre estaban allí para darte hermandad. Te hará falta tanto, que luego te preguntarás si realmente pensaste que tan poco de lo que había aquí y tanto de lo que había allá, ahora es al revés.

Yo estoy en esos zapatos, esa es mi vida ahora. Decidí irme porque el Norte me promete algo mejor, y debo dar lo mejor de mi para lograr el éxito, pero no me quita ni me disminuye el hecho, que cuando realmente te vas de tu país, es como soltarte de la rama de la que cuelgas, a ver de que lado caes, esperando que sea el mejor.

No hay que juzgar al que se va, porque su destino es ese. Tampoco hay que juzgar al que se queda, porque las oportunidades son subjetivas. Solo sé que entre aquí y allá hay un intermedio, donde uno define la razón entre ser y estar.

Los dejo con una frase que fue tan casual encontrármela en un elevador, como tan precisa para definir el sentido de la vida:

La eternidad está en tus manos. Vive de tal manera que cuando te vayas, mucho de ti quede aun en aquellos que tuvieron la dicha de conocerte.

Hasta pronto, hermanos paisanos.

lunes, 26 de enero de 2015

Un Olvido lleno de Memorias

Nuevamente pasan cuatro años y "celebramos" de nuevo las famosas campañas políticas: Mismos protagonistas, diferentes bandos, algunas nuevas caras, pero todo formando un círculo vicioso que todavía no muestra donde inicia, y menos aún, dónde podría terminar.

Lo que si es cierto es que tenemos una terrible memoria. Tan terrible que de repente reaparecen ilustres figuras de nuestro turbio pasado político, intentando dar una cara fresca a todo este circo. Como el caso de una ex primera dama, hoy con nombre propio, modernizándose y haciendo amistades nuevas a diestra y siniestra, buscando nuevos adeptos en las redes sociales, los cuales hace ocho años eran apenas jóvenes estrenándose en la pubertad y les valía un carajo la política del país. O aquel ex presidente prófugo de la justicia, que limpió las arcas del Estado en su tiempo de gobierno, a tal punto que el último día antes de entregar su puesto, se llevó hasta el el despacho presidencial y dejó solo un teléfono en un banquillo; ese ex presidente hoy reaparece habiendo "pagado su condena" de haber robado a millones de guatemaltecos, listo para eventualmente militar mas de alguno de los tantos burdeles partidos políticos que ostentan con muchas ansias su retorno.

Sin ir tan lejos, se nos olvida cómo hace un par de años un supuesto doctor en derecho es condenado por su propio ego y soberbia al lanzar un libro a manera de disertación, solo para descubrirse que había plagiado párrafos ad verbatim otros autores sin proporcionar la cita correspondiente, lo que lo obligó a retirar inmediatamente dicho libro. Y peor aún, dicho fraude invita a continuar la investigación a su persona, encontrando sin sorpresa alguna, que su tesis de doctorado es una copia textual de diferentes elementos sacados del Internet. Irónicamente, su alma mater, en lugar de condenar el acto y retirar el título, se inclina impunemente al cinismo y defiende sin fundamentos la tesis, dejando claro que su interés como entidad universitaria es demostrar que el título no lo gana quien es más estudiado, sino el quien tiene dinero para comprarlo.

Nuestro país sufre de una condena eterna de olvidar por conveniencia. Sufrimos de una estúpida resignación a vivir "lo que es" por temor a represalias. Yo no sé qué bruja o qué hechicero vino y puso una maldición en este país para que tengamos que vivir ciegos de la impunidad, dándole ilustres títulos a villanos que de una forma u otra tienen como misión de vida hacernos ver como un colectivo de idiotas conformistas que luego no tenemos cómo quejarnos porque nosotros mismos los pusimos como líderes de nuestro país.

Yo ya me harté de lo mismo de siempre: demagogia, cinismo, impunidad, arrogancia. Gente que se olvida que el pueblo fue quien los ha elegido, y que el pueblo tiene el mismo poder de quitarlos de allí. Este país se hunde en las inmensas trivialidades del día a día: violencia, hambre, desempleo, discriminación, segregación social y corrupción. Poco a poco nos ahorcamos entre nosotros mismos en lugar de estar buscando como progresamos juntos. Cada día, una ilusión más se pierde, y se crece más en aceptar las cosas "como son".

Pero nunca es tarde, siempre existe una pequeña semilla que sobrevive a medio desierto. Todavía no hay nuevo presidente electo, todavía no están echadas las cartas. Aún queda tiempo para tener mejor juicio crítico de lo que tenemos, y de lo que nos puede cambiar para bien. Es nuestro deber como hijos de este país velar porque nuestra República sea administrada por personas que tengan un mejor juicio por darle un gran futuro a esta nación. Imaginemos nuestro país como empresa: necesitamos un CEO que tenga el perfil apropiado para administrarla. Es importante que nos metamos de cabeza al asunto: escudriñemos el pasado de cada uno de éstos, juzguemos con propiedad sus trayectorias, decidamos si son o no lo mejor para nuestro futuro y el de nuestros hijos, porque al final nuestra vida es limitada y lo único que queda es velar que lo que les dejemos a ellos sea lo mejor de nosotros mismos.

Mientras nos domine este olvido, anestesiando el miedo de tener algo mejor, seguiremos viviendo un país forjado de leyes a la inversa, donde se castiga al honesto y se apremia al corrupto.

Cierro con un poema de Mario Benedetti, apropiado para esta ocasión:

"Ah las primicias / cómo envejecieron
cómo el azar se convirtió en castigo
cómo el futuro se vació de humildes
cómo los premios cosecharon premios
cómo desamoraron los amores
cómo la hazaña terminó en sospecha
y los oráculos enmudecieron

todo se hunde en la niebla del olvido
 pero cuando la niebla se despeja
el olvido está lleno de memoria."


sábado, 23 de agosto de 2014

Un Monedero Prismático

Hace seis meses, inspirado a raíz de una película fenomenal la cual recomiendo vean cuando puedan, decidí dejar un trabajo con un sueldo estable y una vida cómoda, para aventurarme a lo desconocido: Descubrirme a mi mismo, mi potencial, y mi deseo de vida. Fue una decisión relativamente fácil en su momento, pues mi esposa en aquel momento tenía las mismas condiciones laborales que yo, y fue (y ha sido hasta la fecha) apoyo vital para mi camino, y estoy eternamente agradecido con ella. Con una cuenta de ahorros muy bien cargada, y con la vista puesta en una ilusión, empaqué todas mis cosas y me fui.

Era primero de marzo. Me levanté por la mañana y luego de hacer mi usual rutina, me senté enfrente de la computadora en casa, a punto de tener mi primera experiencia por Skype con unos inversionistas. En aquel momento pensé: "A partir de hoy, soy freelancer. NO, mejor aún, ¡SOY EMPRESARIO!". Mi primer trabajo fue con unas personas en un start-up, con una idea fenomenal, un modelo de negocio que parecía ser blindado. Durante ese mes, mi esposa me compartía la noticia de que estaba esperando nuestro segundo hijo. Todo apuntaba a que iba a ser un éxito novedoso; ya me veía yo en entrevistas en diferentes programas de televisión preguntándome acerca de mis ideas innovadoras, de cómo había venido a cambiar el mundo, de mi éxito rotundo. Me decía a mi mismo: "¡Lo mejor está por venir, pronto!".

No obstante, tuve mi primer tropiezo.

Entre malas "primeras impresiones" y movidas desleales de nuestros supuestos clientes, llegué un mes después a recibir un cheque por indemnización, y por mutuo acuerdo, terminar nuestra relación en el bendito start-up hoy fracasado. Para ese entonces, todavía rondaba por mi mente esa sensación de libertad, y la ilusión de continuar tratando de hacer este mundo mejor. Los ahorros estaban bien, habían ideas sin ejecutar aún en el tintero. Todavía había tiempo, y tenía un ímpetu enorme por lograr mis sueños.

Logré asociarme con una persona genial, pariente cercano, que es un gurú de los lenguajes de computación, además de tener el mismo impulso que yo por querer mostrarle al mundo algo novedoso, nunca antes visto. Con él creamos un programa para un nicho de mercado que habíamos investigado previamente y prometía darnos geniales resultados. Conseguí citas, visitamos gente, hicimos presentaciones, nos ilusionábamos cada vez que le entregábamos nuestro concepto a un cliente, quienes nos respondían con tremenda impresión, en un caso incluso hasta asustado de lo innovador que sería esta herramienta en el mercado. Pasaban los días, le dábamos seguimiento a nuestros contactos, quienes nos retroalimentaban positivamente que pronto tendrían respuesta del cliente para proceder con los proyectos. En el intermedio de este gran proyecto, tuvimos otro pequeño tropiezo económico en familia, pero nada que nos desilusionara inmediatamente, aunque si ponía un peso y una responsabilidad enorme en nuestro futuro. 

A tres meses de mi decisión de vida, me encontraba yo con más tiempo del usual diario, por lo que algunas veces aprovechaba a compartir tiempo para jugar con mi hijo, o conversar con mi esposa, y reconocer mucha gente alrededor mío que por tanto tiempo había dejado abandonada; era una sensación gratificante. A nivel profesional, tenía una pinta de empresario y me sentía como un inventor, un Elon Musk guatemalteco. Cada persona con la que conversaba le vendía mi idea con un poder de convicción tan fuerte, que sentía pronto tendría hordas de seguidores detrás mío. El problema era que esa cuenta de ahorros cada vez tenía más goteras, y nada estaba llenándola, o reemplazando los agujeros por parches. La preocupación de tener cada vez menos dinero con que contar para el día a día definitivamente afecta el humor, y genera tensiones para todos aquellos involucrados. Había leído en un artículo de una revista de negocios local que teniendo un monedero con billetes a la vista, puede mejorar la perspectiva del éxito del empresario. 

Al cuarto mes los clientes todavía no respondían, así que decidí tomar alternativas para reposicionar el negocio. Al final de cuentas, no había nada que perder. Con mi socio buscábamos otros proyectos paralelos que podrían darnos un respiro a todos los gastos que ya habíamos incurrido con la empresa. 

Finalizando el quinto mes e iniciando el sexto, mi foco de vida era errático, cada vez perdiendo fe en mi visión y mi impulso de vida. Mi estado de ánimo definitivamente había cambiado a lo peor, y me encontraba enfadado con el mundo y todos sus habitantes. La cuenta de ahorros ya solo tenía unos cuantos charcos abajo de las goteras que vaciaron el bolso. Cinco meses atrás era "empresario", hoy era "desempleado". Levantarme por las mañanas ya resultaba en agonía y dificultad para enfrentar a la gente, ni siquiera deseaba hablar con mi socio, pues sufría de la vergüenza de haberle fallado como compañero de negocio. Los clientes nunca respondieron, incluso ante mi insistencia por correos y llamadas, hasta que uno de ellos me respondió: "Lo siento, realmente no va a suceder, no eres lo que el mercado necesita ahorita". 

Viendo hacia atrás, pensaba que había perdido mucho y ganado poco. Aquella cantidad de sueños, ahora apenas eran un par de ideas que tal vez podrían hacer un cambio, aunque no tan radical como alguna vez pensé. De mi solo quedaba el día a día, el ver si llegaba a mañana. Todos los conceptos de mercadeo y negocios se vuelven inexistentes ante un supuesto fracaso. Tenía que tocar fondo dentro de mi para comenzar a ver de nuevo, y de repente comencé a ver todo distinto.

"Éxito", es una palabra que tiene tantos significados dependiendo del ojo con el que uno lo mire, pero que al final de cuentas, el resultado es el mismo. Nunca me puse a pensar qué realmente era eso para mí hasta que en una discusión al cuarto mes me lo preguntaron, y mi ego mezquino respondió: "Tener dinero para vivir bien". Hoy me compruebo que tan equivocado estaba. 

Renuncié a mi orgullo y en mi vergüenza pedí ayuda a quienes no había pedido ayuda antes. Y humildemente me la cedieron, y con emoción la recibí. Ahora veo que así ha sido todo este tiempo, simplemente no supe darle el valor que le correspondía. 

¿Recuerdan el monedero con billetes? Hoy es solo un clip de metal vacío con unas iniciales y una dedicatoria de mi esposa. Una dedicatoria que siempre estuvo escondida en mi nube de supuesto éxito. Una pequeña frase que decía "Te amo siempre, tu MJ".

Tuve la bendición de compartir una mañana entera con mi hijo. Pude ver su inocente sonrisa, su amor hacia mí, su admiración ante el gigante que es su papá, pero que al mismo tiempo siente que es diez veces más gigante que él en espíritu. Eso lo vi en sus ojos y sonrisa y lo sentí con sus manitas. Es impresionante como se aclara la mirada cuando sabes exactamente hacia dónde ver.

Cuando analizamos cuales son los medios a un fin, el dinero es tal vez uno de ellos. Sin embargo, no es totalmente necesario para encontrarse con fines más preciados y más valiosos que ni el dinero mismo puede comprar. Todo este tiempo pensé que el éxito era hacer dinero, cuando realmente el éxito es que tu tiempo valga oro. El éxito es buscar de mil y una formas como sacarle una sonrisa a tus seres queridos; el éxito es dedicarle desde unos minutos a unas cuantas horas a aquellas personas que algún día no tendrás cerca nunca más. El éxito es valorar lo que ya tienes, optimizar lo que ya usas, y aceptar que no necesitas nada más aceptarte a ti mismo como eres, con tus errores y cualidades. El éxito es ver el monedero como un prisma, donde un haz de luz monocromo blanco se estrella en una superficie para luego reflejar del otro lado, un arco iris de colores. Y no es necesario que ese monedero tenga dinero, solo necesita que le tengas aprecio, pues la luz blanca es todo tu esfuerzo, dedicación y empeño en la vida física, que se trasluce a una gama infinita de colores en la vida emocional y espiritual. 

Probablemente hoy ya me he tragado todo mi orgullo y mi soberbia a nivel profesional, y ahora veo que lo que la vida me traiga será nada más que bendiciones, no importando de lo malo y lo bueno, siempre y cuando le tome provecho a todo lo que se me sea concedido. Pero si me preguntaran que soy hoy, les diría: Soy el gerente de una gran empresa a la cual le he dado mucha dedicación y empeño, y tengo una cuenta bancaria con fondos infinitos para invertir en ella. 

La empresa se llama FAMILIA, y la cuenta bancaria se llama VIDA. Valorando estas cosas, mi éxito será inminente.

¿Listos para hacer negocios?