lunes, 25 de abril de 2011

Después... de aquí... nos vamos a...

Hoy por la mañana, poniéndome al día con las noticias de las semanas anteriores, logré ver un artículo interesante de Marcela Gereda que se titula "Como el unicornio azul", y me fue más curioso aún ver un comentario en Facebook de un amigo que tuvo problemas de "prepotencia autoritaria" con un policía en el aeropuerto, que hizo nombre a este mismo artículo. Este amigo es nativo guatemalteco que emigró (por dicha) a otro país a explotar su talento como profesional. Pero en su visita de turista a su pueblo natal, no pudo evitar encontrarse con la enfermedad del crimen y la corrupción que cunde este país. Y que bien que ya se montó en el avión y llegó sano y salvo a casa, que lastimosamente no es su tierra, y que seguramente él quisiera tanto que fuera. Pero así como él lo sentiría en su tierra natal, seguro miles de personas viven un malestar diario, una paranoia de salir de casa a esa jungla allá afuera, sin tener la certeza de que esta misma noche regresarán sanos y salvos a descansar a su morada.

Tengo familiares en el extranjero, que viven siempre viendo las noticias de Guatemala con una mezcla de nostalgia y terror. Tengo amistades que se han resignado a no seguir luchando por progresar en este país, y se han trasladado a otros países que los han recibido con los brazos abiertos y les han dado todo lo que alguna vez quisieran haber recibido de su propia patria.  Es inminente pensar que la moda en Guatemala se titula "emigración", y poco a poco se va contagiando en las nuevas generaciones. No es nada nuevo, considero, pero ahora se produce con mayor cantidad. Creo que todos tenemos esa espinita latente, de ser infiel a la patria con otro país, simplemente por el hecho que ese otro país tiene promesas que cumple, y no se mantiene en promesas falsas y abusos excesivos a la integridad física y moral de la persona. Tal vez no es infidelidad del todo, es simplemente tener un poco de sentido común: ¿Para qué estar en un lugar donde no se le aprecia a uno, ni se le brinda seguridad ni bienestar como uno se lo merece? Y entonces, aceptamos esa resignación también nosotros y en grupos vamos abandonando este país hacia otras tierras más prometedoras.

Sigo recordando el caso de Jennifer Prentice, que hasta la fecha no ha terminado de calarme esa injusticia de su muerte, así como la de muchos más en este país donde se esfuerzan para ser alguien día a día, y el país les ha pagado su esfuerzo con pólvora y plomo. Una chica con potencial, que emigró al extranjero a obtener conocimiento y experiencias para regresar un día a aplicarlas a este país. Y el país simplemente no recibió ni "una probadita" del talento de esta mujer, porque antes vino un grupo de malandros con armas de alto calibre a saldar la cuenta de un cliente con daños colaterales. Y entre esos daños colaterales dos niñas también que dejaron en este mundo a un padre cundido en dolor y pena. Hablar de crimen en Guatemala es ahora como hablar del producto de mayor exportación del país. Es un producto interno, que se cosecha diariamente y que crece como parásito exponencialmente. Y no hay quien lo detenga. Ya de hecho es hablar de más.

No hay día que en las noticias no aparezca ese avión blanco proveniente de Estados Unidos repleto de gente que se le negó el acceso al país de la oportunidad. Y estoy seguro que la mitad de esos repatriados tan pronto pueden, toman todas sus pertenencias y se conducen nuevamente a cruzar el Rio Grande. Y ¿quién los va a culpar de abandonar de abandonarnos, si lo mismo quisiéramos nosotros, no? Y es que personalmente me entristece porque nuestras alternativas cada vez se van disminuyendo y la que más nos invita es la de salir corriendo de aquí. Ya ni siquiera comparte uno la felicidad con amistades que resultan próximas a tener un hijo, sino que en lugar de compartir sonrisas, cambia el semblante a uno de extrema consternación pensando "¡Qué valientes en traer a una criatura a esta jungla!".

Buscar donde vivir ahora ya no es cuestión de tener una casita con acabados preciosos, y con un jardín donde puedan jugar los niños con sus mascotas. ¡No! Ahora buscar una vivienda implica primeramente que esté bordeada al perímetro de paredes enormes con púas, razor-ribbon, cámaras de vídeo vigilancia y sensores de movimiento, así como uno o más guardias activos en turnos alternos durante un lapso de 24 horas diarias. La vivienda actual se asemeja a una prisión invertida, donde los buenos están adentro, y los malos afuera.

Con todas estas premisas, ¿Quién quiere vivir aquí?

Ricardo Arjona emigró de su país natal hace mucho tiempo, simplemente porque la promesa de su talento no era bien aprovechada aquí, pero en nuestro vecino México supieron como potencializarlo y así pues se volvió una figura famosa en los medios artísticos alrededor del mundo. Inconscientemente, su forma de agradecimiento fue: A México una preciosa canción completa, y a Guatemala solo una frase de una estrofa de una canción que habla satíricamente y con un toque de ironía la migración entre Latinoamérica y Estados Unidos. No lo culpo, hizo bien. Y es que hasta que no limpiemos a Guatemala de la escoria de criminales y corruptos, y no logremos poder ofrecer bienestar, seguridad y desarrollo, que sigan entonces retirándose del país los más talentosos para que sean aprovechados en otras tierras.

Este país tiene potencial, pero se cunde en violencia diariamente, y se pudre en corrupción. Y hasta que no limpiemos esto, muchos amigos, compañeros, familiares e incluso eventualmente nosotros mismos, prepararemos nuestras maletas y pasaportes y diremos "¡Hasta pronto, patria mía!".

Y los que nos quedamos: Después de aquí, nos vamos a...

(Porque si no hay otra forma de decirlo más que la que coloquialmente conocemos, pues entonces: ¡Nos llevarán las prostitutas!)

miércoles, 20 de abril de 2011

Esta vida robada...

Yo confieso que soy un tipo que se despreocupa mucho del dinero. Podría ser por el hecho que no soy tan bueno para manejarlo, pero si para gastarlo. Pero afortunadamente el tener mis bolsillos vacíos o llenos de plata me es un poco indiferente, a diferencia de lo que es tener vida, y una vida bien vivida. Claro, a veces el mismo dinero es el medio que propicia una buena vida, pero no totalmente satisfecha porque hay cosas que simplemente no se pueden comprar con billetes ni con una tarjeta de platino con un límite de crédito tan enorme que antes te mueres a que lo termines de cubrir completo en la vida.

Sin embargo, acepto el dinero como un tema de propiedad. No es avaricia, es simplemente que también uno debe valorar lo que uno se suda y que recibe como intercambio de trabajo. A nadie en esta vida le molesta que le obsequien unos cuantos billetes más a su estilo de vida, pero seguramente muchos se pondrían furiosos si les quitaran una misma cantidad. Discutir de dinero es un tema algo complicado pero al menos trato de explicarme que a mi opinión personal es simplemente un medio, pero no una necesidad.

Hace unos días tuve la oportunidad de utilizar mis instrumentos monetarios para hacer algunas compras y satisfacer mis caprichos personales. Vi, analicé, calculé, decidí y compré, así de simple. Y recibí lo que pagué, cerrando así el círculo de consumo. Solo para asegurarme que mis compras habían sido calculadas correctamente, utilicé mi servicio de banca en línea por Internet para hacer las revisiones pertinentes. Cual fue mi sorpresa que al ver mi saldo pendiente, mi cuenta bancaria me mostraba un monto que sustancialmente era muchísimo menor al que yo esperaba. Ante tal sentimiento extraño, revisé el historial de consumos y sin duda alguna a diferencia de mi consumo conservador, el historial mostraba un comportamiento de un adicto a las compras. Reaccioné inmediatamente y me comuniqué con mi banco para reportar que, sin duda alguna, mi tarjeta había sido clonada. De ese punto en adelante ha sido una odisea, que realmente si yo le pusiera una importancia alta, ya estaría sufriendo un aneurisma y parálisis facial del estrés.

Mi caso es seguramente uno de miles que sucede diariamente alrededor del mundo. Y lo más incómodo es que en el contexto mayor, al final de cuentas vivimos una vida robada. Los procedimientos bancarios, el tiempo del proceso, los gastos a incurrir, las solvencias, investigaciones y demás correspondientes es algo que realmente se siente como un insulto a la propia moral. No digamos de lo ofensivo que es que alguien inescrupuloso utilice la tecnología de una forma inapropiada para saquear completamente a alguien que ha sudado ese dinero con mucho esfuerzo y dedicación. Se acusa a un ladrón "x" que fue visto por el sistema de vigilancia pero NADIE se dignó a hacer nada, ni hubo una reacción de defensa al respecto. Habrán cómplices tan obvios y que trabajan para la misma empresa de seguridad, pero que no los puedes ni tocar porque sales peor que como llegaste en un principio. Y luego ante tu reclamo al banco, en lugar de tomar una actitud comprensible y de colaboración, lo primero que hacen es hacerte firmar una carta donde tu firmas con sangre que te ultrajaron del dinero, y que realmente no te comportaste como un "shopaholic", debido a que habrá una investigación competente y si por alguna razón se levantara la duda, el banco tendría el derecho legítimo de negarte tu dinero definitivamente. Y si en caso te lo devuelven, lo harían en un límite de tiempo de 210 días hábiles (el equivalente a 42 semanas en un año, o sea 10 meses y medio de trámite). Ante todo eso, mejor te resignas a pensar que lo perdiste. No desgastemos más el hígado ni sulfuremos el alma, simplemente pensemos que nos portamos muy magnates millonarios y le regalamos un día de compras en un centro comercial a una persona con mucha astucia.

Lo triste es que al final, podemos desconectarnos de nuestra vida material pero el ciclo es interminable en esta vida robada: Si no es un robo a nuestras cuentas personales, es un robo de nuestro celular, o un robo de nuestra billetera, incluso en el extremo un robo a nuestra integridad. Ladrones y violadores en las calles, cómplices de policías, robando y saqueando al ciudadano común, de pensarlo es un asco. ¿Quién quiere vivir en un lugar así? Lógicamente nadie. Este es un mundo donde la seguridad existe únicamente de la piel para adentro, porque de la piel para afuera es una masacre verbal, física y moral.

Y luego el sentirnos tan alienados e inseguros repercute con nuestras decisiones personales: ¿Será que me arriesgo a tener hijos a este mundo, sabiendo que vendrán a vivir en un mundo en vías de destrucción, en una generación de escoria humana donde los buenos somos tan pocos? ¿Decido entonces tener una vida ermitaña y separarme de la sociedad, en vista que mi paranoia ha crecido exponencialmente a tal punto que ya no confío ni a mi mismo vecino? ¿Dónde puedo depositar mi confianza, si ya ni siquiera donde yo pienso que mis bienes van a estar bien resguardados, lo estarán del todo? ¿Que hago con mi vida si ni los que juraron a la patria protegerla pueden hacerlo? En realidad, es muy feo pensar así, pero este país, este modo de vida, está situación en la cual el corrupto gana y el honesto pierde, es algo que realmente nos obliga a pensar a la defensiva a todo momento. La autoridad está de cabeza.

Yo no seré un superhombre, pero no pienso vivir una vida robada mucho tiempo. Algo tendré que hacer, pero mientras tanto sigo pensando que lo mejor que me pudo haber pasado en la vida es vivirla. Lo demás es valor agregado, sea positivo o negativo. Y viviré hasta que este mundo me diga ¡No más, flaco!  Porque pueden clonar mi estilo de vida completo, pero mi esencia es personal, única e intransferible, y eso será lo único que ni a punta de pistola van a poder robarme. Y por eso mismo, soy feliz en reconocer que hay una cosa en este mundo que no pueden robar de mi vida: mi espíritu. Es mío, y ya.

Se entiende como se lee: En esta vida no quiero dinero, quiero cambio.