En un hospital de Guatemala, al final del pasillo, en la unidad de cuidado intensivo, se puede observar una mujer conectada a un electrocardiograma, que pulsa continuamente un tono constante y en tempo. Esta mujer lleva ya algunos años conectada a un respirador artificial, ya que no han logrado que responda por sus propios medios. Los rescatistas la fueron a encontrar tirada enfrente de la Corte de Constitucionalidad, al lado de una espada rota y una balanza, con su vestimenta blanca rasgada y manchada de sangre. Cuentan las enfermeras que esta mujer entró en coma el día que se perdió la esperanza de tener un país con justicia plena; tan pronto escuchó un ciudadano común decir enfrente de ella "Me vale un carajo el país", rompió en llanto, cayó de rodillas, hizo una plegaria al cielo y quedó tendida en el suelo, ante la indiferencia de muchos que presenciaron la escena y la dejaron abandonada, al cruel filo de la muerte.
jueves, 3 de noviembre de 2011
Dura Lex, Sed Lex
De cerca se puede ver su semblante sereno, pero preocupante. En su mano, a puño cerrado una nota. Constantemente resbalan lágrimas amargas por su pómulo, como si tuviese empatía por cada uno de los que fallecen diariamente en la calles de su país. De vez en cuando se asoma uno que otro héroe de la patria a rendirle respeto, no sin antes bajar la cabeza de la vergüenza de ver a madre Ley soberana, postrada en un lecho de muerte, balanceando su vida por un pequeño y frágil hilo entre aquí y el más allá. Afuera del hospital, miles le rinden tributo con altares hechizos, en esquinas escondidas, por temor a represalias.
Este hospital no es ajeno a la tragedia humana: diariamente desfilan víctimas por sus pasillos, cuales fueran modelos de una pasarela grotesca y macabra. Y seguramente la madre Ley escucha, mas no reacciona, los sollozos de tantos civiles caídos en manos de la delincuencia y la impunidad. Si los diarios fueran revistas de moda, lo "in" sería un balazo en cualquier parte del cuerpo a cambio de un celular inteligente. La supuesta Autoridad del país ya ni siquiera se recuerda que por culpa de él y de muchos previos a su reino, la madre Ley es la que yace ahora en una cama a punto de morir. No, lo único que le importa a la Autoridad es poner la ley en subasta, para venderse al mejor postor. Mientras tanto, los candidatos al siguiente período de reino, ponen a sus esclavos en sus guaridas a preparar brebajes, joyas y objetos inútiles para luego poder regalar estos a un pueblo confuso pero fácil de convencer.
El rumor en la calle es que el día de la Fiesta Electoral, alguien conocido se colará como supuesto Doctor en el hospital donde duerme en una comatosa profunda la madre Ley, y le colocará en su solución intravenosa, un veneno tan mortal que ni mil santos haciendo mil milagros podrán recobrarle la vida jamás. Lo más irónico es que todos saben quien es este despiadado espía, pero nadie está dispuesto a detener su hazaña. El supuesto héroe que podría salvar el día actualmente se encuentra haciendo una sesión de fotos, probándose cientos de corbatas de distintos colores, esperando encontrar la que más luce con su "look" patriótico.
Los únicos que quedan, capaces de detener este asesinato premeditado, es el pueblo mismo. El problema está que ni el mismo pueblo tiene conocimiento que la madre Ley se encuentra en su lecho de muerte. Para muchos, la madre Ley continúa erguida con orgullo en los estandartes de justicia del país, cuando lo que realmente esta en su lugar es un maniquí de tienda pintado en "grafitti" blanco, con una espada de juguete y un mantel de fiesta pagana como vestimenta. Y los que conocen donde se encuentra actualmente la futura difunta madre Ley, solamente les queda resignarse a la decisión del pueblo.
En un periódico local, una periodista escribe su última nota: el obituario de la madre Ley. El obituario comienza así:
"Aquí yace el último respiro de un país soberano, donde el justo se apremia y el culpable se juzga. Crueles aquellos que la dejaron morir sin piedad alguna, y se entregaron con brazos abiertos a la indiferencia y la resignación. En sus corazones, la culpa de que lo que alguna vez fue un sueño de pocos, hoy es pesadilla de muchos. Dura Lex, sed Lex, acta est fabula. Requiescat in pace."
Imprime dicho obituario y lo dobla sutilmente en tres, insertándolo en un sobre blanco, el cual contiene también su carta de renuncia. Se la entrega en la mano a su editor, con un gesto de despedida, se ajusta su bolso con todos sus recuerdos y sin más que hablar, cruza por última vez las puertas de la oficina y sale al mundo, con el corazón en la mano y cruzando los dedos para que nunca se llegue a publicar dicho obituario.
En un hospital de Guatemala, al final del pasillo, yace nuestra Justicia. En su puño una nota, que nadie ha querido arrebatarle, porque al verla caen rendidos en lágrimas. Solamente una palabra es suficiente para entender que todo esto, vale para que nuestra madre Ley ofrezca su vida entera. Una palabra escrita en una nota, a puño cerrado de una mujer moribunda, la cual deletrea:
Esperanza
Dura Lex, sed Lex, semper.
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