miércoles, 20 de abril de 2011

Esta vida robada...

Yo confieso que soy un tipo que se despreocupa mucho del dinero. Podría ser por el hecho que no soy tan bueno para manejarlo, pero si para gastarlo. Pero afortunadamente el tener mis bolsillos vacíos o llenos de plata me es un poco indiferente, a diferencia de lo que es tener vida, y una vida bien vivida. Claro, a veces el mismo dinero es el medio que propicia una buena vida, pero no totalmente satisfecha porque hay cosas que simplemente no se pueden comprar con billetes ni con una tarjeta de platino con un límite de crédito tan enorme que antes te mueres a que lo termines de cubrir completo en la vida.

Sin embargo, acepto el dinero como un tema de propiedad. No es avaricia, es simplemente que también uno debe valorar lo que uno se suda y que recibe como intercambio de trabajo. A nadie en esta vida le molesta que le obsequien unos cuantos billetes más a su estilo de vida, pero seguramente muchos se pondrían furiosos si les quitaran una misma cantidad. Discutir de dinero es un tema algo complicado pero al menos trato de explicarme que a mi opinión personal es simplemente un medio, pero no una necesidad.

Hace unos días tuve la oportunidad de utilizar mis instrumentos monetarios para hacer algunas compras y satisfacer mis caprichos personales. Vi, analicé, calculé, decidí y compré, así de simple. Y recibí lo que pagué, cerrando así el círculo de consumo. Solo para asegurarme que mis compras habían sido calculadas correctamente, utilicé mi servicio de banca en línea por Internet para hacer las revisiones pertinentes. Cual fue mi sorpresa que al ver mi saldo pendiente, mi cuenta bancaria me mostraba un monto que sustancialmente era muchísimo menor al que yo esperaba. Ante tal sentimiento extraño, revisé el historial de consumos y sin duda alguna a diferencia de mi consumo conservador, el historial mostraba un comportamiento de un adicto a las compras. Reaccioné inmediatamente y me comuniqué con mi banco para reportar que, sin duda alguna, mi tarjeta había sido clonada. De ese punto en adelante ha sido una odisea, que realmente si yo le pusiera una importancia alta, ya estaría sufriendo un aneurisma y parálisis facial del estrés.

Mi caso es seguramente uno de miles que sucede diariamente alrededor del mundo. Y lo más incómodo es que en el contexto mayor, al final de cuentas vivimos una vida robada. Los procedimientos bancarios, el tiempo del proceso, los gastos a incurrir, las solvencias, investigaciones y demás correspondientes es algo que realmente se siente como un insulto a la propia moral. No digamos de lo ofensivo que es que alguien inescrupuloso utilice la tecnología de una forma inapropiada para saquear completamente a alguien que ha sudado ese dinero con mucho esfuerzo y dedicación. Se acusa a un ladrón "x" que fue visto por el sistema de vigilancia pero NADIE se dignó a hacer nada, ni hubo una reacción de defensa al respecto. Habrán cómplices tan obvios y que trabajan para la misma empresa de seguridad, pero que no los puedes ni tocar porque sales peor que como llegaste en un principio. Y luego ante tu reclamo al banco, en lugar de tomar una actitud comprensible y de colaboración, lo primero que hacen es hacerte firmar una carta donde tu firmas con sangre que te ultrajaron del dinero, y que realmente no te comportaste como un "shopaholic", debido a que habrá una investigación competente y si por alguna razón se levantara la duda, el banco tendría el derecho legítimo de negarte tu dinero definitivamente. Y si en caso te lo devuelven, lo harían en un límite de tiempo de 210 días hábiles (el equivalente a 42 semanas en un año, o sea 10 meses y medio de trámite). Ante todo eso, mejor te resignas a pensar que lo perdiste. No desgastemos más el hígado ni sulfuremos el alma, simplemente pensemos que nos portamos muy magnates millonarios y le regalamos un día de compras en un centro comercial a una persona con mucha astucia.

Lo triste es que al final, podemos desconectarnos de nuestra vida material pero el ciclo es interminable en esta vida robada: Si no es un robo a nuestras cuentas personales, es un robo de nuestro celular, o un robo de nuestra billetera, incluso en el extremo un robo a nuestra integridad. Ladrones y violadores en las calles, cómplices de policías, robando y saqueando al ciudadano común, de pensarlo es un asco. ¿Quién quiere vivir en un lugar así? Lógicamente nadie. Este es un mundo donde la seguridad existe únicamente de la piel para adentro, porque de la piel para afuera es una masacre verbal, física y moral.

Y luego el sentirnos tan alienados e inseguros repercute con nuestras decisiones personales: ¿Será que me arriesgo a tener hijos a este mundo, sabiendo que vendrán a vivir en un mundo en vías de destrucción, en una generación de escoria humana donde los buenos somos tan pocos? ¿Decido entonces tener una vida ermitaña y separarme de la sociedad, en vista que mi paranoia ha crecido exponencialmente a tal punto que ya no confío ni a mi mismo vecino? ¿Dónde puedo depositar mi confianza, si ya ni siquiera donde yo pienso que mis bienes van a estar bien resguardados, lo estarán del todo? ¿Que hago con mi vida si ni los que juraron a la patria protegerla pueden hacerlo? En realidad, es muy feo pensar así, pero este país, este modo de vida, está situación en la cual el corrupto gana y el honesto pierde, es algo que realmente nos obliga a pensar a la defensiva a todo momento. La autoridad está de cabeza.

Yo no seré un superhombre, pero no pienso vivir una vida robada mucho tiempo. Algo tendré que hacer, pero mientras tanto sigo pensando que lo mejor que me pudo haber pasado en la vida es vivirla. Lo demás es valor agregado, sea positivo o negativo. Y viviré hasta que este mundo me diga ¡No más, flaco!  Porque pueden clonar mi estilo de vida completo, pero mi esencia es personal, única e intransferible, y eso será lo único que ni a punta de pistola van a poder robarme. Y por eso mismo, soy feliz en reconocer que hay una cosa en este mundo que no pueden robar de mi vida: mi espíritu. Es mío, y ya.

Se entiende como se lee: En esta vida no quiero dinero, quiero cambio.

1 comentario:

  1. Impresionante y ciertamente estás en lo correcto. Imagino que no solo a vos ni a mi nos han sucedido estas desagradables situaciones. Mientra leía la parte donde te clonan tu tarjeta y el banco se va tardar "x" tiempo en darte una respuesta, dije: 'pobre amigo, no sabe que le van a dar 4 meses mínimo'. Cual fue mi sorpresa, ¡¿240 DIAS!? Eso sí ya no es de Dios.A mí, en su momento, hasta me mostraron el reglamento donde indicaba los procedimientos y los porqués de tanto tiempo para reclamar ¡9 pinches voucher!En fin, he de confesar que también pensé, Rodrigo menciona que lo puede tomar de una forma tan a la ligera, pero ¿que pasaría, si ese dinero que fue vilmente robado, lo tenías para manutención de tu familia (hablese, hogar, esposa, hijo/as)? Es decir, ¿¡Como les explicas que el dinero que tanto te costó ganar, ahora no se los podes dar porque se fue a manos de "alguien" mas!? "Mijo/a, "esperabe 240 días para que te pueda seguir manteniendo igual"... Eso pensePero, al final del día da lo mismo, da lo mismo porque se supone que para formar una familia debes al menos haber tenido "algo" con que poder mantenerlos a modo de no vivir "al día". Aunque claro, no en todos los caso suele pasar así.No dejamos de vivir en manos de la delincuencia y lo único que queda es dar la vuelta a la hoja y empezar a escribir de nuevo. Muy buen artículo insisto y Felicitaciones que tenes por la madera de periodista.

    ResponderEliminar