Una canción romántica muy famosa del maestro Roberto Cantoral comienza así, y por supuesto que todos la reconocen porque el talentoso Luis Miguel la incluyó en su set de boleros, mundialmente conocida como "La Barca". Pero hoy no escribo por el romance de esta bella melodía, sino por un análisis sobre qué tan cierta es esta pequeña y célebre frase. Tuve la oportunidad de ver un documental del director finlandés Mikael Wahlforss sobre el conflicto armado de Guatemala, y me pareció curioso ver a ciertas celebridades de la política actual participando en tal documental. Esto fue realizado en 1982-1983 cuando yo tenía nada más y nada menos que 5 años, y era un chiquillo muy llorón y travieso, pero eso es otra historia para otro día. Guatemala es un pueblo con mucha historia que contar, y mucha de esa historia simplemente hasta la fecha no ha podido contarse, sencillamente porque para optar cambiar la historia, había que silenciarla. Nuestro conflicto armado interno fue intenso, muy violento y ciertamente es algo que muchas familias guatemaltecas han querido olvidar en el transcurso de los años. Y por esta razón es que muchas historias simplemente ya no fueron contadas a nuevas generaciones, por el mismo temor a ser asesinado con la total impunidad que vivimos incluso hoy en día. Hasta la fecha todavía hay mas de algún fantasma que se levanta de su tumba, o fosa común, a perseguir a sus asesinos, pero ya no lo hace con tanta fuerza como lo hiciera en otros tiempos. Y todo esto es porque la fuerza que lo mantenía vivo era su historia, que poco a poco fue dejada en el olvido. Cada día que pasa nos distanciamos más de aquel período de violencia sangre y muerte que sucumbió al país, y nos adentramos más a futuros inciertos donde existen otros tipos de preocupaciones en la población. Pero el problema está en que ese olvido aparente que nos domina, es la causa que hoy en día nos sigue repitiendo la historia, una y otra vez. Un gobierno malo, uno bueno, otro malo, otro bueno. O tal vez ni siquiera ha habido uno bueno hasta la fecha. Los mismos personajes se repiten, con los mismos jingles, las mismas pancartas, la misma imagen pero hay un elemento que ha cambiado: el público. Hoy en día domina más en la población de votantes los jóvenes, gente que tiene una visión futura, pero carece por contraste de un pasado histórico. Son jóvenes que tenían a lo mínimo 5 años de edad cuando sucedió el conflicto armado, y 15-20 años cuando se firmaron los Acuerdos de Paz. Aunque si realmente hacemos la matemática, esos jóvenes hoy tienen treinta y piquito de años, ya no tan jóvenes ¿O si? Yo puedo decir que personalmente el conflicto armado tuvo pocas repercusiones en mi niñez y juventud: me la pasé mas tiempo jugando con mis hermanas y primos que cualquier otra cosa, o viendo caricaturas por la TV. Solo más de algún recuerdo tendré de un familiar fallecido por conflicto pero que no tuvo relevancia en el desarrollo de mi vida. Imaginen ustedes, si ese es mi caso, ¿Cuántos más como yo habrán allá afuera en una situación similar? No digamos los más jovencitos que nacieron después de 1993, y que apenas vivieron muchos eventos trascendentales para el país con total noción de ello. Estos jóvenes hoy llegan a su mayoría de edad, con la capacidad de voto, y viendo candidatos políticos que los convencen con su elección, sin tener ni la más remota idea del pasado del país y el papel que jugaron dentro de su historia. Su presente es similarmente violento: muerto por asalto, conflicto de narcos, etc. Sin embargo ¿Es olvido o simplemente los padres no se encargaron de transmitir esa historia como tenía que ser? Muchas veces me decepciono, por más positivismo que tengo dentro de mí, de ver a mi bello país en el estado actual. Me entristece ver compañeros y amigos huir con el dolor en el corazón de dejar a su patria atrás, simplemente porque aquí ya no se les permite vivir en paz. Y esto se repite una y otra vez en mis círculos sociales, a no acabar. Muchos alegan de que el chapín sufre de amnesia selectiva, porque olvidan lo que ha ocurrido en el pasado, pero yo agrego que no solo sufrimos de amnesia sino también de ausencia de historiadores, de gente que vivió un pasado difícil y que ahora ya no tiene como contar la historia. Y como dijo George Santayana "Quien olvida su historia, está condenado a repetirla", el problema es los que no olvidan son los adultos que cuentan como la minoría de voto electoral, mientras que los jóvenes simplemente ¡desconocen completamente la historia porque no la vivieron! Es entonces decir que si la distancia es el olvido, yo quisiera tanto no concebir esa razón. Porque esa distancia es la que hoy nos condena a cometer el mismo crimen que cometemos cada 4 años y es olvidar la historia por cambiarla. Cambiar de bando no es cambiar la historia, así como muchos ideales modernos se crean en base a mentiras. Solo la historia es la verdadera enseñanza para realmente destinar este país por mejores caminos. Y sin tener quién cuente la historia, ni tener juventud interesada en ella ¿Qué podemos esperar de nuestro destino? Tal vez si cuentan la historia en forma de bolero, se nos quedará plasmada como se nos quedan pegados los benditos jingles de los partidos políticos que hoy se interesan únicamente en lo más valioso que tenemos como miembros de este país: NUESTRO VOTO. Así que saquen sus guitarritas y a entonar canciones que realmente ameriten ser cantadas por el bien de nuestra patria. Y a todos aquellos que se fueron del país yo les canto: "Piensa que yo por ti estaré esperando, hasta que tu decidas regresar...".
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