Conversando con un compañero de trabajo, me comentaba que recientemente ha sido víctima de un constante maltrato por parte de otro compañero, que tiene la particularidad de representar lo que todos nosotros los chapines definimos como una "joyita". Esta "joyita" o Don Joyita, aplicable al caso, es una persona que se distingue abiertamente por perturbar la paz de los demás habitantes de un ambiente de trabajo: es insolente, ruidoso, mal cayente, metido, y otro sinfín de adjetivos que realmente no le hacen pintar nada bien, ni porque lo retratara Monet.
Mi compañero me indicaba que esta persona tiene un constante abuso de poder y autoridad, por su nivel jerárquico dentro de la empresa, a lo cual resulta muy difícil poder llegar con Recursos Humanos a poner una denuncia confidencial con respecto a la situación. Lo triste del caso es que hay varios factores que dificultan más aún el poder realizar tan simple gestión, por querer mantener un ambiente más agradable en el trabajo. Uno de los factores principales son las represalias que puede recibir mi compañero si hace tal denuncia. Y luego por evitar esas represalias, prefiere no reportarlo porque puede también costarle su trabajo, y perder un trabajo hoy en día es algo que no puede darse uno "el lujo" de que pase. Y todo esto sucediendo dentro de un círculo donde existe un departamento de Recursos Humanos competente, pero que desafortunadamente no se encuentra en el país. Algo así como denunciar crímenes contra la humanidad a Amnistía Internacional, en la sede local presidida por un chato que no tiene ni la más mínima idea de sus propios derechos. Yo comprendo a mi compañero; tiene total y justa razón de no proceder a denunciarlo. Pero es triste pensar que mi compañero, de contar con un poco de carácter y olvidar todo lo que repercuten sus acciones, fuera y lo denunciara esperando que un departamento de Recursos Humanos competente tome las medidas necesarias, maneje la información con total hermetismo y sancione con el peso apropiado de la ley Don Joyita, es algo que probablemente NUNCA pase. Y lo que si pasaría sería que Don Joyita iría a "culebrear" a Recursos Humanos para extraer la información de su denunciante, armarse de hígado, coraje y cualquier otro armamento, y realizar las represalias más severas contra mi otro compañero que simplemente quería un ambiente agradable para laborar.¿Saben que es lo más perverso de todo? Yo aquí les estoy describiendo un ambiente de trabajo como cualquier otro ordinario en nuestro país. Pero las similitudes con nuestro sistema de gobierno son TAN idénticas que parecería que estoy escribiendo un manifiesto político de oposición. En Guatemala, y supongo que en cualquier otro país que aplique, tenemos esa mala costumbre de no reclamar nuestros derechos. ¿Por qué no? Por temor a represalias, claro está. Y entonces bajo esa premisa, se viene uno a dar cuenta que uno es, y seguirá siendo un simple monigote de un prostíbulo corporativo y/o gubernamental. Y el problema mayor es que, entre más cedemos ese derecho ajeno, más perdemos el nuestro, y luego cuando sentimos, somos la alfombra de bienvenida de una legión de corruptos. Y lo que sucede aquí en este trabajo, sucede en casa, como sucede en el gobierno, como sucede en las relaciones. Sucede en todo. Pedir el diálogo, en un país donde dominan los sordos, es tan contraproducente e inútil que prefiere uno fingir ser mudo. Y el ciclo continua, eternamente, por los siglos de los siglos. (Amén). Considero que este mundo ya no está para seguir aguantando que nos pisoteen los corruptos, ni que abusen los "joyitas", ni que sigan callando a los que realmente solo quieren tener una vida tranquila sin meterse en la paz ajena. ¿Por qué si existen las entidades correspondientes, no hacen nada al respecto?. La palabra autoridad en muchos casos como este, aplica para quien es el más astuto, más corrupto y más amenazante de todos. Ya no debería existir ese temor de "no denuncio porque no quiero perder mi trabajo", y es por eso que cuando se hacen llamados a manifestaciones pacíficas para reclamar los derechos del pueblo, el típico trabajador medio (que somos la mayoría) tiene y tendrá esa voz desconfiada dentro de su subconsciente susurrándole: "¡No seas tonto! Si tu lo haces: te despedirán, te quedarás sin tu dinero, no tendrás como mantener a tu familia, mancharás tu currículum, tus padres se enojarán contigo, el banco te quitarán la casa, te quitarán el auto, te divorciará tu mujer, tus hijos pensarán que eres un fracasado, te dará una depresión insolente y te suicidarás..." y que se yo otro montón de ideas estúpidas e inútiles. Y entonces, nos quedamos sentados en nuestro escritorio, escuchando las insolencias de un Don Joyita, viendo como otros cambian el rumbo de su vida. ¿Y uno? Bien... ¡Gracias! Esta vida necesita tener más Recursos Humanos, y menos Recursos Infrahumanos, donde se quiera luchar y proteger al buen trabajador, al buen empresario, al buen ciudadano, al buen contribuyente. A veces es bueno dar el ejemplo, conscientemente que los resultados, cuales quieran que sean, van a ser positivos a nuestros ojos. Cueste el trabajo, cueste la vida, cueste lo que cueste. No sé en que parará el tema de Don Joyita, pero si estoy seguro que el día que a mi me pase, Don Joyita tendrá que atenerse a una consecuencia que espero yo pese a favor mio y en contra de él. Y yo, seguiré intentando ser un buen ejemplo, y soñando que tengo un Recurso Humano que me levanta y no me oprime. Porque al final de cuentas, la escuela de la vida está en la calle, y el trabajo de nuestra vida, en nuestro espíritu. Lo que aprendemos de la vida, lo reflejamos en nuestros alrededores, y lo que trabajamos por la vida engrandece nuestra esencia. Si seguimos aceptando que la intimidación es más fuerte que la verdad, la mentira continuará corrompiendo nuestro entorno. Y así nunca llegaremos a ser felices. ... Y sino, pues está el Ministerio de Trabajo. ¿No creen?
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