Hoy por la mañana, poniéndome al día con las noticias de las semanas anteriores, logré ver un artículo interesante de Marcela Gereda que se titula "Como el unicornio azul", y me fue más curioso aún ver un comentario en Facebook de un amigo que tuvo problemas de "prepotencia autoritaria" con un policía en el aeropuerto, que hizo nombre a este mismo artículo. Este amigo es nativo guatemalteco que emigró (por dicha) a otro país a explotar su talento como profesional. Pero en su visita de turista a su pueblo natal, no pudo evitar encontrarse con la enfermedad del crimen y la corrupción que cunde este país. Y que bien que ya se montó en el avión y llegó sano y salvo a casa, que lastimosamente no es su tierra, y que seguramente él quisiera tanto que fuera. Pero así como él lo sentiría en su tierra natal, seguro miles de personas viven un malestar diario, una paranoia de salir de casa a esa jungla allá afuera, sin tener la certeza de que esta misma noche regresarán sanos y salvos a descansar a su morada.
Tengo familiares en el extranjero, que viven siempre viendo las noticias de Guatemala con una mezcla de nostalgia y terror. Tengo amistades que se han resignado a no seguir luchando por progresar en este país, y se han trasladado a otros países que los han recibido con los brazos abiertos y les han dado todo lo que alguna vez quisieran haber recibido de su propia patria. Es inminente pensar que la moda en Guatemala se titula "emigración", y poco a poco se va contagiando en las nuevas generaciones. No es nada nuevo, considero, pero ahora se produce con mayor cantidad. Creo que todos tenemos esa espinita latente, de ser infiel a la patria con otro país, simplemente por el hecho que ese otro país tiene promesas que cumple, y no se mantiene en promesas falsas y abusos excesivos a la integridad física y moral de la persona. Tal vez no es infidelidad del todo, es simplemente tener un poco de sentido común: ¿Para qué estar en un lugar donde no se le aprecia a uno, ni se le brinda seguridad ni bienestar como uno se lo merece? Y entonces, aceptamos esa resignación también nosotros y en grupos vamos abandonando este país hacia otras tierras más prometedoras.
Sigo recordando el caso de Jennifer Prentice, que hasta la fecha no ha terminado de calarme esa injusticia de su muerte, así como la de muchos más en este país donde se esfuerzan para ser alguien día a día, y el país les ha pagado su esfuerzo con pólvora y plomo. Una chica con potencial, que emigró al extranjero a obtener conocimiento y experiencias para regresar un día a aplicarlas a este país. Y el país simplemente no recibió ni "una probadita" del talento de esta mujer, porque antes vino un grupo de malandros con armas de alto calibre a saldar la cuenta de un cliente con daños colaterales. Y entre esos daños colaterales dos niñas también que dejaron en este mundo a un padre cundido en dolor y pena. Hablar de crimen en Guatemala es ahora como hablar del producto de mayor exportación del país. Es un producto interno, que se cosecha diariamente y que crece como parásito exponencialmente. Y no hay quien lo detenga. Ya de hecho es hablar de más. No hay día que en las noticias no aparezca ese avión blanco proveniente de Estados Unidos repleto de gente que se le negó el acceso al país de la oportunidad. Y estoy seguro que la mitad de esos repatriados tan pronto pueden, toman todas sus pertenencias y se conducen nuevamente a cruzar el Rio Grande. Y ¿quién los va a culpar de abandonar de abandonarnos, si lo mismo quisiéramos nosotros, no? Y es que personalmente me entristece porque nuestras alternativas cada vez se van disminuyendo y la que más nos invita es la de salir corriendo de aquí. Ya ni siquiera comparte uno la felicidad con amistades que resultan próximas a tener un hijo, sino que en lugar de compartir sonrisas, cambia el semblante a uno de extrema consternación pensando "¡Qué valientes en traer a una criatura a esta jungla!". Buscar donde vivir ahora ya no es cuestión de tener una casita con acabados preciosos, y con un jardín donde puedan jugar los niños con sus mascotas. ¡No! Ahora buscar una vivienda implica primeramente que esté bordeada al perímetro de paredes enormes con púas, razor-ribbon, cámaras de vídeo vigilancia y sensores de movimiento, así como uno o más guardias activos en turnos alternos durante un lapso de 24 horas diarias. La vivienda actual se asemeja a una prisión invertida, donde los buenos están adentro, y los malos afuera. Con todas estas premisas, ¿Quién quiere vivir aquí? Ricardo Arjona emigró de su país natal hace mucho tiempo, simplemente porque la promesa de su talento no era bien aprovechada aquí, pero en nuestro vecino México supieron como potencializarlo y así pues se volvió una figura famosa en los medios artísticos alrededor del mundo. Inconscientemente, su forma de agradecimiento fue: A México una preciosa canción completa, y a Guatemala solo una frase de una estrofa de una canción que habla satíricamente y con un toque de ironía la migración entre Latinoamérica y Estados Unidos. No lo culpo, hizo bien. Y es que hasta que no limpiemos a Guatemala de la escoria de criminales y corruptos, y no logremos poder ofrecer bienestar, seguridad y desarrollo, que sigan entonces retirándose del país los más talentosos para que sean aprovechados en otras tierras. Este país tiene potencial, pero se cunde en violencia diariamente, y se pudre en corrupción. Y hasta que no limpiemos esto, muchos amigos, compañeros, familiares e incluso eventualmente nosotros mismos, prepararemos nuestras maletas y pasaportes y diremos "¡Hasta pronto, patria mía!". Y los que nos quedamos: Después de aquí, nos vamos a... (Porque si no hay otra forma de decirlo más que la que coloquialmente conocemos, pues entonces: ¡Nos llevarán las prostitutas!)
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