jueves, 18 de agosto de 2011
Tiempo
Recientemente estuve presente en un funeral de una señora ya ancianita, pero que tuvo muchos años de buena vida compartidos con mucha gente que la siguió hasta su lecho de muerte. Yo personalmente no la conocí del todo, pero me hablaron constantemente de ella, e incluso por lo que me comentaron, me tenía un aprecio especial pese a tan breve tiempo de conocerla. Doña Tonita era todo un personaje, carismática y humilde en su forma, y en todas y cada una de las personas que compartieron tiempo con ella, quedaron impregnadas de su buena vibra y de buenos recuerdos. El servicio fúnebre fue sencillo, y se le hizo una misa en inglés, a la cual algunos personajes de la sociedad asistieron para rendirle homenaje y compartir sus memorias con y de ella. Muchos compartieron anécdotas de su perspicacia, y su humor tan honesto pero al mismo tiempo tan positivo. Toda una buena experiencia para reconocer a una gran persona en sus vidas. Uno de los asistentes además de compartir memorias, compartió su opinión personal de doña Tonita y dijo algo que me dejó pensando por mucho tiempo y me caló muy profundo. Doña Tonita fue una persona que dio mucho de si misma, con un gran corazón filantrópico hacia el prójimo. Hizo donaciones, regalaba cosas desinteresadamente, pero más allá de eso, regaló a muchos algo que vale más que el oro o cualquier piedra preciosa en este universo; ella regaló su tiempo a otros. A todas y cada una de las personas que ella logró llegar, les dedicó el tiempo suficiente, y a veces en exceso para compartir, escuchar, comprender y vivir con ellos. ¿Quién podría negar que regaló lo más preciado en este mundo? Nadie, definitivamente. El tiempo es una variable muy curiosa: algunos jóvenes les sobra, y a muchos adultos les falta. El tiempo define con precisión pero sin exactitud la experiencia, y la calidad de vida. El tiempo es esa pequeña variable que puede ser eterna para el ocioso, y minúscula para el productivo. Todos vivimos de acuerdo a lo que el tiempo nos permite, si no es por uno que otro factor que nos limita a cuánto tiempo tenemos permitido vivir. Y por eso va el dicho que "el tiempo perdido, hasta los santos lo lloran". Que bonito pensar que uno realmente tuvo una vida provechosa de tiempo suficiente para haberse dado enteramente y sin egoismo al prójimo. Hoy en día el tiempo es algo que muchos desperdician con malas intenciones: Todos estamos preocupados en cuándo va a salir el siguiente negocio, o bien cuando viene el siguiente pago de quincena. En clase, a los alumnos les pican los pies para salir corriendo a perder el tiempo, sin saber que estan perdiendo el tiempo mismo en no aprovechar la oportunidad de lo que es recibir una educación académica. En el tráfico, la espera del semáforo nos impacienta, nos hace perder la cordura, y comenzamos a utilizar toda la violencia interior para manejar completamente a la defensiva, sin medir las consecuencias. En el trabajo, esa falta de organización tiene a muchos quedándose a horas muy fuera de oficina, terminando un proyecto que probablemente pueda no salir del todo, mientras en casa sus hijos esperan con ansias a que llegue su padre o madre para jugar un juego o compartir con ellos un instante antes de irse a dormir. Y ese momento nunca llega. Conforme vamos viviendo la vida, no nos percatamos que el tiempo es nuestro mayor valor, es lo que más deberíamos tenerle aprecio. Nos ciegan las trivialidades del día a dia, que muchas veces nos excluímos de grandes memorias con gente querida, velando por intereses propios y egoistas sin sentido. ¿Te perdiste el cumpleaños de tu mejor amigo? ¿No estuviste para la reunión de clase? ¿Te arrepientes de no haber ido a casa con tu familia, haber abrazado a esa persona que hoy ya no está contigo? Estas y miles de preguntas más son hechas para que realmente haya reflexión y ver sin duda que, al final del todo, lo que siempre nos hará falta es tiempo, si no lo hemos aprovechado bien. Habrá un día en que ya el tiempo no exista, y ese será el día que dejemos este mundo. Mientras tanto, aún hay tiempo. ¡Aprovechalo!
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Totalmente de acuerdo con tu post, por algunas diferencias familiares perdi la posibilidad de darle un último abrazo a mi abuelo, perder el tiempo es perderlo todo.
ResponderEliminarBien dicho maestro, perder el tiempo es sin duda perderlo todo. Lo que te queda de ahora en adelante es aprovechar el tiempo con los que te rodean, ¿No crees? Gracias por tu comentario.
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